Klaxons: Con un dejo de electrónica industrial y un poco de nu rave


Por Uziel Palomino | @uzielpalomino

Desde la salida del galardonado Myths Of The Near Future’ en aquel lejano 2007, miles de jóvenes londinenses preparaban cualquier excusa para salir de fiesta, todo esto en compañía de unos desgastados pantalones y algunos pasos de baile que más bien, se expresaban en base a movimientos toscos y sin ritmo, incluso, con influencias severas de una posible sobredosis que haría del trip, un extendido y acelerado paraíso junkie entre sintetizadores industriales, guitarras distorsionadas y paredes manchadas del sonido Nu Rave que emanaba del trio conformado por Jamie Reynolds, Simon Taylor-Davis y James Righton.

Acreedores al Mercury Prize por su álbum debut y medianamente asechados por la maldición del mismo, Klaxons entregó una segunda placa discográfica que fue mayormente reconocida por el gato astronauta de su portada que por la calidad musical del material, sin embargo, y aún con un dejo de los primeros esfuerzos de la agrupación, los éxitos del Surfing The Void’ parecían verse opacados por su precuela, la cual aún subsiste entre fanáticos que han hecho de un culto peculiar al conjunto británico, llegando a ser quizás, el mejor trabajo de los nacidos en Londres y obteniendo la etiqueta de pioneros del género Nu Rave por una publicación especializada en crítica musical como NME.

Luego de que la subcultura abanderada por los Klaxons siguiera creciendo, ésta anunció su regreso en formato de larga duración, el tercero en su carrera y con miras a una esperada mezcla de sus dos primeros materiales, lamentablemente para los puristas del inventado género, -Y que surcaba entre el indie de la década y un perdido dance- la tercia no cumplió con las expectativas después de siete años de su inicial aparición, aunque finalmente, Love Frequency’ no se trata del decepcionante disco que la crítica señala, no obstante, marcaría una tremenda diferencia que los acerca a terrenos de una electrónica bailable y más convencional.

En los casi cincuenta minutos del LP aún sobreviven tonos que si bien no son enteramente propios a sus raíces, son semejantes a la naturaleza de la banda, llegando con nostalgia a una época en que Klaxons decidió bajar un nivel lo saturado de su viejo sonido y concentrarse en una producción redonda que incluiría a figuras colaborativas como Tom Rowlands de los Chemical Brothers, el Dj Erol Alkan y el frontman de la extinta LCD Soundsystem, James Murphy, quienes son visibles levemente en algunos trazos del álbum.

Compuesto por once temas en estrecha relación con la ciencia ficción por la que el grupo siempre ha manifestado interés (“Children of The Sun”, “Invisible Forces”, “Atom to Atom”), la “frecuencia del amor” es un disco con poca solidez, repetitivo en ocasiones, pero con una apertura mayor a corrientes electrónicas, inclusive, futuristas; las guitarras han perdido el contundente peso de sus trabajos anteriores dando paso a un sintetizador más pop con algunos toques de acidez y oscuridad, ejercido en secuencias y gritos manipulados mediante efectos que los hacen perderse entre los distintos loops de la grabación, misma que con una mejoría notable, no termina por complacer a los exigentes oídos que los escucharon por primera vez en aquel club o fiesta clandestina motivada por ondas punk viajadas en LSD.