Cohabitantes del Ritmo. Una Biblioteca Pop – El Futuro ya no es lo que era


Por José Luis Justes Amador |

“Vivimos en una era del pop que se ha vuelto loca por lo retro y fanática de la conmemoración”. La primera en la frente. Desde esa primera y directa afirmación, Simon Reynolds empieza a repartir culpas. O, al menos, confirmar lo que todos ya sabíamos pero no habíamos escrito como él. Diplo, el iPod, los garageros, los freakfolkeros, los que hacen mash up, el pop más comercial, los coleccionistas de discos. Y los críticos musicales. Nadie se libra.

Y, ¿cómo no viniendo de alguien que en una entrevista promocional de su libro lo resume en una sola y directa frase? “Hay una pregunta que la gente ya no se hace: ¿es esto innovador?”. La respuesta a la razón de que esa pregunta ya no se formule tanto, como en tiempos anteriores, son 439 páginas de apretada caligrafía y referencias a sociólogos, filósofos y estudiosos de la cultura, además de a grupos que van de lo mundialmente conocido a lo desconocido absoluto.

“¿La nostalgia obstaculiza la capacidad de avanzar de nuestra cultura? ¿O somos nostálgicos precisamente porque nuestra cultura ha dejado de avanzar y por lo tanto debemos mirar inevitablemente hacia atrás en busca de momentos más potentes y dinámicos? ¿Pero qué ocurrirá cuando nos quedemos sin pasado? ¿Nos estaremos dirigiendo a una suerte de catástrofe cultural-ecológica, en la que los recursos de la historia pop se habrán agotado? Y de todas las cosas que ocurrieron durante la década pasada, ¿cuáles podrían alimentar la locura nostálgica y las tendencias retro del mañana?”. Muchas preguntas a las que Reynolds acierta a contestar con una descripción más que con una solución. Porque la solución, si la hubiera, no estaría en el crítico sino en los propios músicos a los que, en lo que se refiere a innovar, el libro no les concede demasiada fe.

Pero mientras responde o no a las preguntas, Reynolds afirma sin pudor, de mil modos diferentes a lo largo del libro, que lo más característico de lo que llevamos del siglo XXI en la música popular es que no ha nacido ni un solo estilo nuevo. Lo que no es homenaje es revival, lo que no es revival es apropiación, lo que no es apropiación es una corta y pega. Lo que no es… parece concluir el crítico, es original, ni imaginativo. Lo que ha perdido el oyente dice es la capacidad de decir “wow” al escuchar un disco nuevo, un disco REALMENTE diferente a todo lo anterior.

Te das cuenta de que eres mayor cuando en tu armario y en tu colección de discos se encuentran las obras originales que inspiran un revival actual”

Pitchfork (esos expertos en descubrir una nueva tendencia, un nuevo sonido, un nuevo grupo que va a cambiar la música para siempre cada día) le pega duro al Reynolds que golpeó primero. “¿No será este libro una elegía por la música que Simon Reynolds escuchaba de joven y que ahora echa de menos?”. Y, honestos, se lo preguntan de frente. Y Reynolds más que defenderse argumenta, en la entrevista y con todo el libro, “no es que me guste más o menos lo que se hace ahora sino la pregunta ‘¿y todo esto a dónde conduce?’”. Porque Reynolds tiene ya cincuenta años e ironiza sobre su propia edad. Te das cuenta de que eres mayor cuando en tu armario y en tu colección de discos se encuentran las obras originales que inspiran un revival actual”.

Y es que Reynolds, estudiante de Oxford y crítico musical desde su juventud, vivió al mismo tiempo los últimos estallidos de lo que él considera (habrá lectores de acuerdo y lectores que no) movimientos realmente innovadores. Movimientos que querían el futuro ya y se esforzaban en intentar conseguirlo. De la universidad le vienen los encuentros, narrados de tal modo que el lector no puede evitar reírse una vez y otra ante lo cómico de las situaciones, con una comuna de hippies (¿¡hippies estudiando en Oxford!? ¿¡En plena época afterpunk!?) y con un mod solitario que vivía su pasión como si los setenta y los ochenta no hubieran existido nunca. De la crítica musical le viene la pasión con la que se entregó a movimientos nuevos (eso dice él) como toda la explosión arty del afterpunk y las primeras raves. (Y de ambos movimientos ha escrito los libros definitivos: Rip It up!’ sobre el post-77 y Generation Ectasy’ sobre las raves).

El libro va y viene, guiándose más por las ideas que por movimientos cronológicos (al capítulo sobre el jazz tradicional de los sesenta le sigue el psychobilly de los Cramps y después el Wigan Casino del northern soul), guiándose más por las razones de los revivals que por los géneros que reivindican (“Siempre han existido artistas estilísticamente anacrónicos o redundantes. La diferencia es que antes eran marginales”), guiándose más por la promesa de un grupo que por sus influencias (“No importa si Public Image Ltd. escuchaban a Can. Lo importante es cómo sonaban”).Retromania B

Y hay tres palabras que van y vienen por ‘Retromanía’. <Nostalgia> es una que para Reynolds significa dos cosas: un sentimiento humano bueno en sí mismo y un mal consejero cuando escribe música. <Cita>, otro de los términos repetidos, es a la vez un homenaje y una falta de imaginación, aunque sólo deja la frontera clara con ejemplos (o sea, que no queda muy claro). Y <Pastiche>, un término que más que estético parece ser la manera en que Reynolds nos dice que un grupo o un estilo no le gusta.

“No obstante, Retromanía no es una denuncia lisa y llana de lo retro en tanto manifestación de regresión o decadencia cultural. ¿Cómo podría serlo, cuando yo mismo soy cómplice?”, dice Reynolds, fanático coleccionista de discos en una época, escritor de los larguísimos y revivalistas booklets de Rhino, y defensor de causas ya pasadas de moda. Y lo dice para constatar que las cosas son como son y que todos, y nadie, son el problema y parte del problema, el problema y, también, parte de la solución.

Y, ¿hay alguien a quién salve Reynolds? La verdad, sí. Pero a poquitos. Animal Collective, Gang Gang Dance, Vampire Weekend (“si no innovadores, al menos frescos”), Micachu and the Shapes y a tUnE-YarDs. Y, aunque dice que siempre le cuesta mucho adelgazar sus listas de lo mejor del año, no da muchos más nombres, dejando la puerta abierta a la esperanza. Por eso el último párrafo del libro es una única frase: “Yo todavía creo que el futuro está allá afuera”. Y nosotros lo creemos contigo, Simon.

Ficha
Simon Reynolds
‘Retromanía. La adicción del pop a su propio pasado’
Caja Negra Editora, 2013

“Cohabitamos el ruido, el filo de los altoparlantes” (Daniel Bencomo)
‘Cohabitantes del Ritmo. Una Biblioteca Pop’ es una columna de José Luis Amador Justes