Cohabitantes del Ritmo. Una Biblioteca Pop – La culpa no la tiene el hipster


Por José Luis Justes Amador |

Víctor Lenore, español, si conociera el refrán lo terminaría. “sino el que lo hace compadre”. O sea, otro hípster. Lenore, uno de los periodistas más activos durante un tiempo en la prensa más “moderna” de su país, es un converso. Y con la fuerza del converso, –como el fumador que se vuelve acérrimamente antitabaco– ataca a todo lo que huela, suene o se mueva; moderno, indie, gafapasta o hípster. (También ataca a Diplo, moda que merece un estudio). Pero a sus ataques lo rodea de barniz cultural y profundo. Y, como si fuera hipótesis de tesis, comienza Lenore: “Tres preguntas me ayudaron a arrancar este texto: ¿Todo el mundo aspira a ser «moderno»? ¿Es una actitud en contra o a favor de la corriente? ¿Implica algún tipo de posición política o estamos ante una especie de consumismo con barniz cultural?”.

¿Todo el mundo aspira a ser moderno? ¿En qué consiste lograrlo? Hace tiempo que expresiones como indie, hípster, cultureta, moderno y gafapasta son de uso corriente en nuestras conversaciones. Sus límites resultan borrosos, pero remiten a una realidad social que la industria cultural y las agencias de publicidad utilizan para designar un amplio segmento del mercado.

El magnate derechista Rupert Murdoch invierte cincuenta millones de euros en Vice, grupo mediático de referencia para los hípsters de todo el mundo”. Con ejemplos así, Lenore va construyendo su teoría: lo hípster es una “contracultura de derechas”

“La Reina Letizia se escapa de la Zarzuela para acudir a conciertos de grupos indie como Eels, Los Planetas y Supersubmarina. El magnate derechista Rupert Murdoch invierte cincuenta millones de euros en Vice, grupo mediático de referencia para los hípsters de todo el mundo”. Con ejemplos así, Lenore va construyendo su teoría: lo hípster es una “contracultura de derechas”, título de uno de sus capítulos. De un plumazo, en tres palabras, lo resume. Y después argumenta. Contracultura porque como todas las anteriores a ella (rockers/ teddy boys en los cincuenta, hippies o mods en los sesenta, punks a finales de los setenta, la new wave en los ochenta, o el dance en los noventa) lucha contra el sistema. Aunque, y eso la diferencia, de un modo un tanto diferente. El hípsterío (“lo que antes llamábamos los modernos”, anota con sorna Nacho Vegas en la introducción del libro) no lucha contra el sistema sino que lo utiliza. Vende, palabra que se repite a lo largo del libro con frecuencia junto a su pareja compra, luchar, pero lo hace contra el mainstream. Lo que no es exactamente luchar contra el sistema. “Se han perdido por completo las fronteras entre cultura y mercado. Peor aún: se han roto y no nos preocupa demasiado”, decía Lenore en una entrevista de presentación del libro. Y continúa “por supuesto el mercado va ganando por goleada”.

¿Y de derechas? El mercado es de derechas, argumenta Víctor Lenore. Esta es una generación (no una generación, sino una parte de ella, como todas las contraculturas) que se distingue de la sociedad no por sus ideales ni por sus propuestas, sino por lo consumido. O sea, concluye el autor, por si alguien no se ha dado cuenta aún, capitalismo en estado puro escondido bajo productos “diferentes” (en la música, en la comida, en la ropa), neoliberalismo de cadena productiva, estilo Apple: mercadotecnia, producto, consumo, obsolescencia, mercadotecnia de nuevo.

Lenore resume: “Los hípsters son la primera subcultura que, bajo la apariencia de rebeldía, defiende los valores impuestos por el capitalismo contemporáneo. Palabras como independencia, creatividad o innovación son la cara amable del espíritu individualista y competitivo que propone el sistema, y la presunta exquisitez de criterio de los hípsters ha creado un consumismo que no avergüenza, sino que genera orgullo.”.

Y sobre todo en la música.La música indie se ha convertido en la banda sonora del capitalismo global. Y van los ejemplos: “Deportes Cuatro resume los goles de la jornada a ritmo de artistas cool como The Black Keys, Four Tet y The National. Los legendarios Pixies animan los anuncios de Apple, mientras el cantautor depresivo Nick Drake suena en los de Volkswagen y Vampire Weekend hace triplete con campañas para Honda, Hewlett-Packard y Tommy Hilfiger”. La retahíla de grupos “en onda” y sus correspondientes anuncios continúa durante dos páginas.

lenore

“Hagamos que todo cambie para que no cambie nada”, el lema que inventa Lampedusa en ‘El Gatopardo’ parta explicar la inutilidad real de las revoluciones que acaban siendo conservadoras, podría ser perfectamente el lema hípster. O, al que sí cita Lenore, Thomas Frank explica que “las élites adoran las revoluciones que se limitan a cambios estéticos”.

Sobre esas tres ideas (el conservadurismo disfrazado de revolución, el constante interactuar de mercado y tendencias, y la falta de compromiso con todo aquello que no sea su propia cultura y su “diferencia”) Lenore acumula ejemplos y ejemplos de los que los títulos de sus capítulos dan un buen resumen: “Yonquis de la distinción”, “Soy indie, soy especial” o ese genial y acertado “Ni avanzado, ni experimental, ni sofisticado”.

Y como ejemplo de estupidez hípster (o de delirio gafapasta, o de elitismo moderniki, o de intolerancia indie) Lenore cita, entre los miles de ejemplos, uno significativo. Tan significativo que, literalmente, se pregunta si eso del hipsterío no será una condición patológica de retraso mental. “Yo jamás sería amigo”, termina un crítico la reseña de un disco, “de alguien a quien no le gustara un disco de Los Planetas”. O del grupo que quieras. Y es que hace falta ser imbécil o hípster para preferir el consumo cultural a la vida.

PD NECESARIA: A Lenore se le olvida la primera denuncia del fenómeno, la genial “Part Time Punks”: “Then they go to Rough Trade / To buy Siouxsie and the Banshees / They heard John Peel play it / Just the other night / They’d like to buy the O Level single / or Read about Seymour / But they’re not pressed in red / So they buy The Lurkers instead // Here they come / la la la la la la / la la la la la la / The part time punks!”

Ficha
Victor Lenore
‘Indies, hípsters y gafapastas. Crónica de una dominación cultural’
Capitán Swing, 2014

“Cohabitamos el ruido, el filo de los altoparlantes” (Daniel Bencomo)
‘Cohabitantes del Ritmo. Una Biblioteca Pop’ es una columna de José Luis Amador Justes