Cohabitantes del Ritmo. Una Biblioteca Pop – “Pregunta: ¿Sabes por qué Kurt Cobain no se pegó dos tiros?”


Por José Luis Justes Amador |

¿De qué va ‘Pégate un tiro para sobrevivir’? Chuck Klosterman lo cuenta desde la primera línea de la primera página del libro. “Esta es una historia sobre el amor, la muerte, la conducción, el narcisismo, Estados Unidos, la errónea exhibición del hecho de consumir drogas, la no práctica del sexo, los palitos de pan en un restaurante de la cadena Olive Garden, las conversaciones con desconocidos, la nostalgia por el pasado más reciente, la películas que no has visto, KISS, Radiohead, Rod Stewart y –en menor medida– los mastodontes de la llanuras del Medio Oeste”. Y concluye. “Si estos asuntos no te interesan, no leas este libro”.

‘Pégate un tiro para sobrevivir’ es todo eso y, sobre todo, la divertidísima crónica del viaje de costa a costa que emprende Klosterman, periodista de Spin (de la facción hierba / Creedence frente a la de cocaína / Interpol), buscando lugares, y las experiencias en esos lugares, donde hubieran muerto músicos. No todos, claro; no todos, claro, famosos. Klosterman escribe desde la época post-Kobain cuyo suicidio, según él, “aportó profundidad a las chicas de las hermandades universitarias, un alma a los chavales punks y nihilistas, y cerebro a los amantes del heavy metal reformados”.

El libro es, antes que nada, la historia de una aventura. “Me gustaría que mi vida fuese diferente, me cuenta, y su voz transmite la misma soledad que la de Morrisey en el álbum Bona Drag. Me gustaría vivir aventuras. Me gustaría ilusionarme por algo”.

El viaje de Klosterman va de la habitación número 100 del Hotel Chelsea (ahora convertido en vivienda particular) donde Vicious apuñalo a Nancy Spungen al girasol que se supone que marca el punto exacto del disparo (¡¡¡buen tiro, hijo!!!) de Kurt Cobain, del solar lleno de cruces donde más de 100 fanáticos de Great White murieron durante un incendio en un concierto de la banda a la diminuta placa de metal que, en medio de un campo de judías, que conmemora el avionazo de Big Bopper, Ritchie Valens y Buddy Holly, del cruce de carreteras donde murió Duane Allman (y también a aquel en el que Robert Johnson vendió su alma al diablo) al punto exacto del río Mississippi en el que, diciendo que iba a nadar, se ahogó Jeff Buckley.

Es un libro especialmente indicado para todos esos lectores que son capaces de enzarzarse en discusiones de mil horas sobre las ventajas de un grupo sobre otro, de conocer no sólo la música sino todas las anécdotas detrás, junto y por encima de ella.

Otra de las cosas asombrosas de ‘Pégate un tiro para sobrevivir’ es la capacidad del autor para decir las cosas directamente, esas cosas que todo el mundo piensa pero nadie se atreve a decir. “El hecho de que Lindsey Buckingham compusiese una canción como esa [se refiere a “Go Your Own Way” del disco ‘Rumours’ de Fleetwood Mac], demuestra que era un gilipollas, decía Q. ¿Qué clase de capullo obliga a su ex novia a hacer los coros en una canción en la que la acusa de ser una puta?”

El viaje de Klosterman va, sin embargo y sobre todo, hacia adentro y hacia la música. Un poco de droga, ninguna compañía (o casi ninguna) durante el trayecto y 560 cedés (CD’s) que van de Radiohead a KISS, de Led Zeppelin a Wilco, de Foghat a los Replacements, dan para mucho. Y en ese mucho entran las reflexiones más acertadas y divertidas del libro.

Cuando Klosterman viaja (en todos los sentidos de la palabra) piensa, y cuando piensa llega a las conclusiones más disparatadas y, al mismo tiempo, más acertadas. Todas sus experiencias amorosas pueden ser reducidas a una comparación con los miembros (¡todos!) de KISS (hasta el baterista que sólo tocó en un disco y ni siquiera aparece en los créditos que es igual al ligue de una noche de la que uno no se acuerda ni del nombre). La banda sonora perfecta para las imágenes del 11-S es el Kid A’, teoría que le ocupa tres páginas del libro. Y también cómo todo hombre blanco occidental tiene una etapa (que puede durar “seis días, seis meses o seis años”) en la que piensa que Led Zeppelin son “ese” grupo, “el” grupo. O la desternillante teoría de cómo, dependiendo del CD que uses para la droga, es tu relación con las sustancias. O el genial, y acertadísimo y muy obvio después de leerlo, comentario sobre “Downtown” de Petula Clark: “la canción triste más alegre jamás grabada o bien la canción alegre más jamás grabada”.

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Klosterman sufre alucinaciones cuando está drogado y también cuando no. Y una de ellas se encuentra platicando (imaginariamente) con tres de sus exnovias sobre “Layla” de Derek and the Dominos (o sea, de Eric Clapton) razonando sobre lo jodido que debe ser convertirse en uno de los músicos más famosos del mundo y estar enamorado de una mujer que no te hace caso porque hay alguien más maravilloso que tú y que tendrá algo que nadie más podía tener en esa época, ser un beatle. Es decir, siempre hay alguien mejor que tú.

Entonces, ¿de qué va ‘Pégate un tiro para sobrevivir’? De música, del amor a la música, de esos tipos, algunos, y tipas, pocas, que no pueden evitar pensar que su vida sólo puede ser explicada a través de la música.

“–Lo único que intento mostrarte es la voz de la razón –dice Lucy–. No entiendo por qué quieres escribir un libro de no ficción que saldrá muy mal parado tras compararlo con Alta Fidelidad de Nick Horby. – Bueno, quizá si menciono esa posibilidad no llegue a producirse”.

‘Pégate un tiro para sobrevivir’ es un libro especialmente indicado para todos esos lectores que son capaces de enzarzarse en discusiones de mil horas sobre las ventajas de un grupo sobre otro, de conocer no sólo la música sino todas las anécdotas detrás, junto y por encima de ella. Aunque, y si tuviera que regalárselo a alguien, elegiría a todos aquellos que no entienden a aquellos para los que la música lo es todo.

Pregunta: ¿Sabes por qué Kurt Cobain no se pegó dos tiros? Respuesta: Porque acertó a la primera.

Ficha
Chuck Klosterman
‘Pégate un tiro para sobrevivir. Un viaje personal por la América de los mitos’
Mondadori, 2006.

“Cohabitamos el ruido, el filo de los altoparlantes” (Daniel Bencomo)
‘Cohabitantes del Ritmo. Una Biblioteca Pop’ es una columna de José Luis Amador Justes