Cohabitantes del Ritmo. Una Biblioteca Pop – “Todo está ahi, a vuestro alcance, a un solo crujido del vinilo”


Por José Luis Justes Amador |

Tuve la suerte de estudiar en colegio de niños ricos.A los niños ricos no les gusta música, pero a los pocos que les gusta, les gusta a morir. En los recesos, sin importar la diferencia de edades, en la zona de fumadores escondida tras un árbol desde donde burlar la vigilancia de los maestros, mientras los demás hablaban de sus fiestas y de sus coches, de chicas y de ropa, unos cuantos nos dedicábamos ininterrumpidamente a hablar de música.

A Enrique Ortiz de Landazuri nadie le hacía caso porque sus gustos eran muy normales y además compraba más discos que nadie. Catalinete, el punk, seguía sin entender porque no nos convertíamos todos a la verdadera música rebelde. Los hermanos Bernal vivían sólo para el garage, música que habían descubierto en la anticuada rockola del bar más barato de su pueblo. Jorge creía con fe y acierto, que tarde o temprano la new wave volvería. Pero, de todos ellos, Pablito el mod era el más apasionado, la auténtica enciclopedia andante de grupos que ni ellos mismos sabían que existían y también el que un día trajo el single de un grupo desconocido para todos nosotros, The Barracudas, que en su cara A tenía una canción que era toda una declaración de principios, “(I Wish It Could Be) 1965 Again”.

Aquel día descubrimos que había gente que quería vivir para siempre en el pasado. Como Pablito el mod, había muchos y todos adoraban a un extraño personaje que vivía en León, una de las capitales más pequeñas de toda España, Alejandro Díez Garín, líder de Ópera Prima -que sólo sacaría un single-, Los Flechazos, el grupo mod fundamental en la escena española, y, posteriormente Cooper, de donde saldría el seudónimo con el que firma este libro, Alex Cooper.

¿Por qué 45? Sencillo, porque aquellos viejos singles de vinilo (para los verdaderos mods, el único formato) giraban a esa velocidad, a 45 revoluciones por minuto. Los singles, que desde hace un tiempo están volviendo, nacieron como objeto de consumo desechable, como vehículo para una canción, y fueron perdiendo su sentido cuando a finales de los setenta ganó el LP como forma de transmitir mensajes por medio de la música. Y ¿por qué 90? Porque es el doble (como si fueran caras A y caras B de aquellos viejos –y ahora carísimos– instrumentos de cultura) exacto de cuarenta y cinco.

¿Cómo leer este libro? Si lo tuyo no es la ultrainformación, entonces mejor dedicarse sólo a ver las ilustraciones que lo acompañan: fotos de todos los grupos con esos trajes, los anuncios de la prensa musical de la época alabando a la revelación de esa semana, las portadas de las reediciones japonesas y miles de detalles más.

Aquellos singles de vinilo eran un objeto de semana, un algo efímero que a la semana siguiente se iba a perder por el nuevo hype (palabra que ya entonces se usaba). Eran baratos (y ahora caros). Eran pop y lo serán por siempre: no más de tres minutos que llegaban siempre a los tres sitios que tiene que llegar la buena música: a la cabeza, al corazón y a los pies (aunque hay algunos que dicen que son cuatro: y al sexo).

Alejandro Díez Garín es, sobre todo, un fanático en el buen sentido de la palabra y describe este libro en sus canciones cuando dice Quizás a nadie le importe ya / pero la antorcha en mi mano está y no morirá jamás”. Esa antorcha es la del sonido de los sesenta, pero no un sonido de emisora de oldies (aunque algunas de las canciones lo sean) sino el sonido que se desparramo por toda Europa (con grupos beat en cada ciudad de más de mil habitantes), Estados Unidos (con la British invasión y la multitud de grupos que surgieron debajo de las piedras y en cada garaje) y Asia (especialmente Japón con sus miles de sound groups, copias impecables de cualquier grupo de primera, segunda o tercera fila británico). Y todo en un formato y una portada que recuerda a las cajas de Rhino Records.

alex cooper e

“Buscando telas de op-art, / gafas de sol, zapatos blancos y corbatas de seda. / Coca-cola y ska, / los chicos saben lo que tienen dentro de su cabeza. / El estilo no se compra, sé que tú nunca podrás entenderlo (…) Cuando llegó la explosión, / me pellizcaba el brazo para ver si estaba soñando. / Sé que todo pasó / aunque en mi tocadiscos los Salvajes sigan sonando. / Del orgullo y del recuerdo todo lo que puede salir es bueno, créeme”.

De esa explosión, el llamado revival mod, surgió la pasión de Alex y de muchos otros por aquellos sonidos que cambian para siempre la vida de quien los escucha con el corazón y los oídos abiertos. De aquella explosión y del viaje en el tiempo aparecen grupos que todo el mundo conoce (o debería conocer) como The Who, los Troggs, los Kinks, Rod Stewart, David Bowie y Marc Bolan (que antes de sus carreras eran “faces”, los mods más mods de todo Londres) o los garagerísimos The Remains. Y grupos de segunda, tercera y, hasta, quinta división (por su fama, no por la bondad de su música. La lista de estos sería eterna, pero basta con preguntar quién se acuerda, además de Alex y otros cuantos (pocos) más de grupos como Bo Street Runners, The Shots, The Eyes, Ivan’s Meads, A Wild Uncertainty (hermoso nombre), etc, etc…

alex cooper b

¿Cómo leer este libro? Si lo tuyo no es la ultrainformación (¿quién tocaba el bajo en la cara B de un single de un grupo que sólo grabó ese disco?), entonces mejor dedicarse sólo a ver las ilustraciones que lo acompañan: fotos de todos los grupos con esos trajes (¡¡¡¡Qué trajes!!!!), los anuncios de la prensa musical de la época alabando a la revelación de esa semana, las portadas de las reediciones japonesas y miles de detalles más. Si lo tuyo es el detalle de cada grupo y de cada uno de los discos, entonces lo mejor es prepararte un buen trago de lo que sea (mejor un coktail con sabor a Swinging London), preparar una playlist con los discos (porque resulta realmente imposible, o casi, tener los singles originales) y disfrutar del viaje en el tiempo.

Un viaje en el tiempo que Alex Cooper define perfectamente en su “Viviendo en la Era Pop”: “Anoche desperté en un sueño / volando en el tiempo hacia atrás, / flotando sobre un arco iris de cristal. / Llegué al Mar de los Agujeros, / reconocí a Modesty Blaise / durmiendo en un campo de fresas a sus pies. / Recorrí los cafés del Soho, / compré discos de los Roulettes, / me adentré por Waterloo Sunset y lloré. / Callejeando por Chelsea, / me tropecé con Larry Lynch / y robé un loro en Portobello para ti”.

Porque como dice Alex Oró en la introducción: “todo está ahí, a vuestro alcance, a un solo crujido de vinilo”.

Ficha
Alex Cooper
‘Club 45. 90 canciones de la Era Pop para mods y jetsetters’
Chelsea Ediciones, 2010.

“Cohabitamos el ruido, el filo de los altoparlantes” (Daniel Bencomo)
‘Cohabitantes del Ritmo. Una Biblioteca Pop’ es una columna de José Luis Amador Justes