Le entramos al slam, se nos cayó la cerveza y cantamos en el Festival Aquí No Hubo Escena V


Por Samuel Nava | @stupidtobegin
Fotos: Enrique López
[Revisa la galería completa al final]

Pasados unos minutos de las cinco de la tarde llegamos a la Colonia Obrera. No fue difícil dar con el número 283 de la calle Bolívar. Afuera ya había gente. Algunos aún compraban sus accesos (la pulserita morada) y otros más nos mostrábamos como prensa. Mientras tanto, algún comentario entre los organizadores aseguraba que había gente del Festival Marvin. Después de dejar un par de botellas de agua en la entrada, subimos las escaleras y entramos al salón principal dónde ya había gente y la primera banda había comenzado a tocar.

Los encargados de abrir hostilidades fueron Lowboy, un dueto que con sintetizadores, atmósferas y secuencias, lograron captar la atención de un púbico todavía disperso que seguía acoplándose al lugar. Reverbs en la voz y el inicio perfecto para una tarde cargada de ruidos y buenas propuestas. El dúo termina su participación y se hace el silencio. Los recién llegados recorren el lugar buscando rostros conocidos, los más populares saludan a medio mundo, y los fotógrafos y todos los que rodeaban el escenario comienzan a replegarse (la barra estaba al fondo del salón).

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Lowboy
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Ver Llover

La noche comenzaba a caer afuera y con ella cada vez más gente llegaba al Salón Bolívar. Dentro, muchos iban y venían, otros tantos casi se encimaban en torno a la barra y las filas para entrar a los baños eran más largas. Y entre todo el movimiento, San Louis, cuarteto del DF, apareció en escena y entre música sencilla, sin pretensiones, que bien podría encasillarse dentro del mal llamado género indie, (como si ser indie fuera un estilo musical; sí, se notaban las influencias de The Strokes y The Killers) aparecieron canciones como “Sexto Sentido” y “Las Horas”, temas que los fans de la banda se encargaron de corear.

El show terminó y de nuevo staff, organizadores y algún músico sobre el escenario. Es turno de Budaya, dúo originario de Guanajuato que mezcla sintetizadores con armonías y sonidos etéreos. Personalmente, era uno de los actos que más ganas teníamos de ver y nuestras expectativas se cumplieron, pues la actitud y energía que despliegan sobre el escenario contrasta con la aparente pasividad de su música, casi siempre sonando a dreampop. Quizás, un par de fallas en el sonido -que no alcanzaron para arruinar la presentación de los leoneses- terminaron por ser anecdóticos.

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Run Golden Boys

El show debía continuar y Yo Maté a tu Perro, proyecto regio que esperábamos desde hace algún tiempo en el DF, apareció casi de inmediato. Shoegaze disfrazado de rock que sin embargo no alcanzó a atrapar a todos los asistentes, y su música cargada de fuzz y ruido quedó como el fondo más cool para muchas pláticas entre amigos. Su presentación fue más bien breve y los siguientes en aparecer fueron los tapatíos de Felina, y con ellos la fiesta por fin explotó. Canciones de dos minutos, una chica en las vocales, otra en el bajo, una batería martillante y guitarrazos por doquier fueron el detonante indicado. El slam no tardó en aparecer mientras se escuchaba “este mundo es una basura…” (Coro de “DIY”). Garage punk para terminar de romper con el hielo que todavía pudiera quedar entre el público.

El siguiente show sería el de Belafonte Sensacional y mientras nos acercábamos al escenario para tener una mejor vista, pudimos conversar con un par de chicos que preguntaban si éramos periodistas y contaban cómo se había puesto el slam anterior, además de lo emocionados que estaban por ver a Joe Volume de nuevo en México; todo en menos de dos minutos. Sí, el alcohol ayuda a que las palabras fluyan más rápido.

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Budaya
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Belafonte Sensacional
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Felina

Ya sobre el escenario se encontraban los músicos afinando, salió Belafonte y así, sin más, comenzó el show. Los primeros acordes de “Fuera del amor” atrajeron a aquellos que aún se encontraban comprando cerveza y a quienes había salido a tomar aire. Los coros de la gente no se hicieron esperar y las palmadas siguiendo el ritmo de la canción fueron la constante. Un show agradable, divertido, cargado de energía (incluso una guitarra terminó rota y todos bañados en sudor y con menos ropa de la que traían al comienzo) que dejó a los fans satisfechos y a todos listos para presenciar el regreso a escenarios mexicanos de Joe Volume.

Y sí, el show de Joe no decepcionó en ningún aspecto: canciones del ‘Lonesome Water Lonely Sea’, algunas de las clásicas y hasta hubo cover de “Atlantic City” de Bruce Springsteen, músicos invitados (Chubby de Belafonte Sensacional, el mismo Belafonte y hasta Yiru de Acidandali), slam y al final, una fiesta en la que el límite entre escenario y pista desapareció, sin olvidar que todos fuimos participes de la vuelta de Joe Volume a México luego de casi 3 años de ausencia. ¿Tino el Pingüino? Me suena un buen plan/ Si yo te enseño, tú me enseñas/ No hay mucho que decir cuando hacemos esas señas”.

La quinta edición de uno de nuestros festivales independientes favoritos terminó, que año tras año nos deja a una banda nueva a la que queremos seguir escuchando. De eso se trata el ANHE: de hacer más grande la escena.

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