[Reseña] Los Mundos – ‘No hay quien se salve’


Por Samuel Nava | @stupidtobegin

Se trata del disco más oscuro en la carrera de Los Mundos… por el tamaño de la obra, el ruido y lo perturbador que resulta, pareciera que la banda sufrió una metamorfosis total (considerando el disco debut de 2011). Sin embargo, el cambio fue gradual y se dejaba ver desde el ‘Retroterapia’, ya en 2013. Después vino el maravilloso ‘Dios es Fuzz’, que como una señal divina, era el anticipo del actual y querido ‘No hay quien se salve’.

Dado a conocer por el sello Abstrak Musak, ‘No hay quien se salve’ contiene doce canciones que se grabaron en diferentes estudios de Monterrey y masterizados análogamente por Guillermo Guerra. La misma portada del disco es una invitación a escucharlo y es el indicio más visible de que algo ha cambiado; lejos parecen haber quedado temas como “El sol no sabe” o “Punk Soccer”. Las nuevas canciones están cargadas de distorsión, mientras que el fuzz y el reverb se han apoderado de los amplificadores y el sonido a guitarras saturadas es delicioso. Los riffs son más marcados y densos, las intros, outros y los inters son más extensos y saturados aún.

Hablando sobre el álbum, éste abre con “Catatonia”, un tema instrumental de casi tres minutos en el que se juega igual con los ritmos y los tiempos que con los pedales de la guitarra. Después viene “Como si importara”, una de las más luminosas melódicamente hablando, –considerando que todo el concepto del álbum es la oscuridad– sí, luminosa pero no exenta de distorsión y un reverb que se hace más evidente al inter.

Otras como “Pánico al diablo” tienen momentos más calmados pero no menos perturbadores; termina con riffs psicodélicos que se convierten en puro fuzz. En el mismo tenor suena “Biosonar”, la más tranquila del LP: el low fi en que se grabó todo el disco es más evidente aquí y la melodía acompaña, por primera vez, a la perfección la voz que parece recitar un mantra repetitivo e hipnótico mientras los arreglos de sintetizador terminan por amarrar todo.

Así transcurre tema por tema, con mucho de lo mismo y la voz de Luis Ángel como un eco entre ruidos… pues es complicadísimo opacar el sonido del disco. Entre lo que alcanzamos a entender, las letras hablan de seres sombríos, decadencia y terror. El cierre del disco lo pone “Limbo”, la canción más aterradora y perturbadora del título: llena de interferencia y con unos coros fantasmales que erizan la piel mientras el tema se consume en su propio ruido. La mejor del disco.

¿El mejor álbum de Los Mundos? Depende de a quién se le pregunte, lo que sí es un hecho es que por fin parecen haber alcanzado el sonido más saturado, sucio y ruidoso que podrían lograr –o tal vez no–. La dulzura del primer disco es un recuerdo y lo único que podemos preguntar es ¿cuándo a alguien se le ocurrirá traerlos al DF?

 

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