Cohabitantes del Ritmo. Una Biblioteca Pop – (I’d Wish It Could Be) 1965 Again

Por José Luis Justes Amador |

Un crítico musical, ya hace tiempo, proponía contestar “los Who” a la manida (y estúpida) pregunta de “Y tú de quién eres, de los Beatles o de los Rolling?”. Y, si eso no funcionaba o el interlocutor no entendía, invitaba a continuar con la respuesta. “De la Velvet”. Y, a continuación, en un divertidísimo artículo, enlistaba las preguntas absurdas que salen en cualquier conversación de borrachos ignorantes cuando hablan de música. “¿Fender o Gibson? ¿Pop o rock? ¿Los sesenta o los noventa?”. Hasta acabar con la peor de todas. “¿Cuál ha sido el mejor año de la música popular?”. A esa pregunta es a la que contesta Andrew Grant Jackson en su The most revolutionary year in music: 1965.

El libro, -y en eso coinciden todas las reseñas- no aporta absolutamente nada nuevo; no tiene ni un solo dato que no conociéramos ni una sola revelación sorprendente. Pero, a cambio, sirve como un recordatorio de lo que es, lo que fue, lo que debe ser, la música popular: diversión e instantaneidad, espíritu juvenil (signifique lo que signifique) y un indefinible espíritu que se hace presente siempre en todas las grandes canciones sean del género que sean. Andrew Grant Jackson no quiso escribir una enciclopedia sino una carta de amor en grupos y canciones que ya no son parte de la cultura popular.

El rock, el pop, el folk, el soul, las drogas, la (contra) cultura y la política son parte fundamental del libro. A Jackson le interesa más el ambiente y cómo este contribuyó a una apertura social y musical nunca antes vista y, además, lo hace remarcando datos que por tan obvios y tan distantes ahora, corren el riesgo de pasar por alto. Cuando el “Like a Rolling Stone” de Dylan llegó al número dos de las listas, a pesar de durar seis minutos y tener una voz que no tenía nada que ver con la tradicional del pop, se demostró que cualquier cosa era posible. Lo que después harían Bjork, Radiohead o Goodspeed You Black Emperor! ya estaba ahí.

Uno de los grandes méritos de ese año es para Jackson, el hecho de que los músicos estaban atentos a lo que otros músicos estaban haciendo: Bob Dylan, ya abandonando el folk, escuchaba a los Beatles (aunque también nos recuerda la frase de Lennon antes de su amistad: “esa encantadora basura folkie y americana”), Lennon mismo tomaba ideas de la forma de tocar la guitarra de Dave Davies y el grupo de éste, los Kinks le robaban a los Yardbirds… a toda esa mezcla, en la que incluye también a los Grateful Dead escuchando lo más avanzado del jazz, le dedica un par de jugosos capítulos.

Una lástima que a Andrew Grant Jackson se le olvidara que, aunque sacara su primer disco en 1966, en 1965 uno de los grupos fundamentales de toda la historia del rock’n’roll ya estaba formado…The Velvet Underground

Y, tratándose de aquellos años, las drogas no podían estar lejos. Para Jackson la marihuana y el LSD contribuyeron y lo apoya con suficientes ejemplos; en 1965, el eterno Keith Richards fuma por primera vez. También por primera vez los Beatles, los Stones y los Beach Boys toman ácido. Pero, inteligentemente, Jackson propone otros factores como, por ejemplo, el movimiento de los derechos civiles para la música negra o la guerra de Viertnam para una serie de canciones de rebelión en grupos populares.

Cuando empieza con las listas, Jackson es exhaustivo pero ¿cómo no serlo?: Bringing It All Back Home’ y Highway 61’ de Dylan, el Rubber Soul’ de los Beatles y A Love Supreme’ de Coltrane son su sagrada trilogía a la que añade The Beach Boys Today!’, ‘Out of Our Heads’ de los Rolling, The Who Sing My Generation’Otis Blue’, Mr. Tambourine Man’A Charlie Brown Christmas’. Y después de los discos se lanza a las canciones , “(I Can’t Get No) Satisfaction”, “Like a Rolling Stone”, “Papa’s Got a Brand New Bag”, “Respect”, “A Change is Gonna Come”, “My Generation”, “Mr. Tambourine Man”, o “In the Midnight Hour”. O, como él mismo dice, “no podías prender la radio sin escuchar un nuevo clásico cada día”.

Sin embargo, el libro tiene en su forma su mayor error. Como Jackson da por supuesto que todas las canciones, y los grupos, y los discos, y los acontecimientos, son de cultura general, no entra en mayores profundidades, lo que lo convierte en una lista… a veces, de nombres y nombres, y cosas y cosas, haciendo que la lectura pierda interés de vez en cuando. No hay una generalización que enlace un evento con otro, algo que también ocurre de tema a tema con transiciones tan abruptas que lo hacen parecer un diccionario cronológico.

¿Por qué se lanzó, entonces, Andrew Grant Jackson a escribir un libro sobre música? Porque antes, en su adolescencia fue un músico de garage en un grupo que, literalmente no salió del garage porque nunca dieron un solo concierto. Porque después en la universidad se especializó en historia, lo que aporta profundidad (aunque no estilo) a este libro. Porque después lo intentó con el cine (llego a rodar en 2004 una película indie llamada The Discontents que pasó por los festivales sin pena ni gloria). Todo hasta que descubrió que lo suyo (o, al menos, lo que mejor) y lo que le pagaba era el periodismo musical.

[PD: Una lástima que a Andrew Grant Jackson se le olvidara que, aunque sacara su primer disco en 1966, en 1965 uno de los grupos fundamentales de toda la historia del rock’n’roll ya estaba formado y ofreciendo conciertos que cambiaron la forma de la música popular. Por supuesto, The Velvet Underground).]

[PD: ‘The most revolutionary year in music: 1965’ ya estaba escrito en forma de una canción perfecta de tres minutos de The Barracudas (“I’d wish it could be) 1965 again”.]

Ficha
Andrew Grant Jackson
‘The Most Revolutionary Year In Music: 1965’
St. Martin’s, 2015

“Cohabitamos el ruido, el filo de los altoparlantes” (Daniel Bencomo)
‘Cohabitantes del Ritmo. Una Biblioteca Pop’ es una columna de José Luis Amador Justes