La última fotografía de Ian Curtis: a 35 años de su muerte y de “Love Will Tear Us Apart”


Por Uziel Palomino | @uzielpalomino

Se suponía que un día después, uno luego de la muerte e inicio de la conformación de un icono de la música británica, Joy Division estaría aterrizando en Nueva York el 19 de mayo de 1980 para ofrecer al público estadounidense su primera gira en dicho país. Horas antes de que la audiencia americana pudiera tan siquiera paladear las tristes melodías que habían hecho famosa la voz de Ian Curtis, éste tomó su vida y la colgó en la cocina de la casa de sus padres. Y tan sólo cinco días antes, su última fotografía fue tomada por su esposa Deborah.

Al lado de su hija Natalie –quien recién cumplía un año de edad– se aprecia a un Ian aparentemente optimista, quizás listo para salir de Manchester y dejar atrás aquellos pequeños clubes donde las presentaciones de su agrupación eran prácticamente obligatorias para cualquier joven de clase media aficionado a las tiendas de discos, una pinta helada y a la música emergente del Reino Unido… y tras dejarlos, pisar nuevos escenarios podría significar la venta de miles de copias en un nuevo continente y escuchar reseñas petulantes en un acento extraño sería cosa de todos los días, un acento inglés pero más agreste, más yankee.

No sucedió. O al menos Curtis jamás pudo presenciarlo.

Todo en Ian era envuelto por una crisis: sus frágiles episodios de salud, su matrimonio, su mencionado amorío con la periodista Annik Honoré, su composición musical y sus letras; un estilo lirico invadido por una imaginería lúgubre –y hasta fúnebre– que se imprimió durante dos años continuos en la grabación del ‘Unknown Pleasures’ en 1979, y del ‘Closer’ en 1980, pero que se replicaría hasta hoy por una camada de músicos alrededor del mundo en busca del siguiente hito del post punk.

Con el 35 aniversario de la partida de Curtis, (hoy, 18 de mayo) también se conmemora la salida de “Love Will Tear Us Apart” en una reedición de vinil lanzada por los otrora integrantes de la banda; un tributo a uno de los himnos de la historia de la música y de la cultura pop que se materializó hace más de tres décadas a través de una peculiar danza y un tono vocal de tesitura grave y desgastada, acompañada de dolor, tristeza y un desconsuelo innato del nacido en el pueblo de Stretford, en Manchester.

¿Y si esa no hubiese sido la última fotografía de Ian Curtis, el amor no lo hubiera destrozado?