No fuimos al after, pero vimos buenas bandas y mucha hipster guapa en el Festival Marvin


Por Samuel Nava | @stupidtobegin

Tal vez todos te digan que el festival inició con Little Jesus, aunque para ser honestos, después de correr algunas calles desde el Parque España (ahí se presentaban), para mí el Marvin empezó en el Cinespacio, lugar en el que Joe Volume ya estaba sobre el escenario con su nueva banda. Y entre canciones conocidas por muchos (sonó “All The Kids”, “This Fire” e “Indecision”) mientras las alternaba con las del ‘Scars to Prove’, el nuevo disco, el invitado del día fue Belafonte, (de Belafonte Sensacional) quien sumó una guitarra más al ya de por sí escandaloso show.

Si bien el patio del lugar no estaba para nada lleno, la presentación de Joe fue épica, fue un show que cualquier fan habría querido ver. La gente no paraba de mover la cabeza y marcar con el pie el acelerado ritmo de la música; sí, creemos que no pudimos empezar el Festival Marvin de una mejor manera.

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Cementerio de Mascotas
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Cementerio de Mascotas

Después hubo una pausa, y mientras algunos de los asistentes se movían de escenario, en el patio del Cinespacio aún se veía a los fotógrafos moviéndole a sus cámaras, a los amigos saludándose y a algunos otros que no se despegaban del lugar donde vendían las chelas. Los minutos pasaron y Cementerio de Mascotas comenzó a hacer ruido… una lástima que este venue se encimara con los de Las Robertas y Algodón Egipcio, pues mucha gente decidió ir al Covadonga dejando a muy pocos para ver al Cementerio, quienes traen un setlist poderoso, con canciones llenas de fuzz para cualquier ocasión.

Después de algunas canciones, decidí que era momento de salir. Afuera la vida transcurría más o menos de manera normal: tráfico sobre Álvaro Obregón y hipsters por aquí y por allá; tal vez la diferencia es que muchos de ellos llevaban la tan codiciada pulsera y andaban en grupos más grandes de lo normal. Tenemos que aceptar que al momento de realizar distintos traslados entre escenarios o foros, una de las grandes ideas de los organizadores del festival fue poner camionetas de Uber que llevaban y traían gente entre los recintos que lo conformaban; hay que reconocer que tiene su encanto subirte a una camioneta con varios desconocidos y terminar charlando de lo bueno que se puso el venue del que van saliendo.

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Camionetitas chulas
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Algodón Egipcio

Así, llegué al Covadonga para escuchar las últimas canciones de Algodón Egipcio; beats y secuencias que pusieron a bailar a todos, menos a aquellos que estaban recargados en las orillas de la cantina, o sentados y mirando sus teléfonos mientras esperaban la aparición de Quiero Club. Para cuando por fin los regios se aparecieron en el escenario, el lugar estaba a reventar. Dos –o tal vez tres- canciones después y haciendo espacio entre la multitud, pudimos salir. ¿La razón? Los Headaches tocaban en el Cinespacio y no nos odien, pero queríamos regresar.

Llovía, y después de andar algunas calles y sin querer bañarme de nuevo, regresé justo cuando Los Headaches estaban conectando sus instrumentos. En el patio ya había más gente, tal vez muchos no se movían porque la lluvia no se los permitía, pero no pudieron quejarse, pues los guitarrazos y el desmadre de la banda provocaron que los primeros esbozos de slam aparecieran.

Entre canciones del ‘Boredom City’, otras del ‘Neverending Hunger’ y hasta algunas del nuevo disco, el show terminó dejando a todos listos para lo siguiente: Cardiel. Y fue el momento en que el slam apareció; además de los piropos para la baterista, se podía escuchar un punk rock con mucho, mucho ritmo. La cerveza circulaba en mayor medida, el sujeto que vendía los Doritos tenía fila y los de Ave Negra aparecían para poner a bailar un patio lleno de gente.

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Los Headaches
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Los Headaches

Después de esa exhibición de punk rock, el Cinespacio debía cerrar sus puertas. Todos dejamos atrás el patio, las cervezas y el muy práctico stand en el que podías poner a cargar tu celular (otra brillante idea de los organizadores) y nos dirigimos a diferentes lugares. Yo decidí ir hasta el Parque España, los Plastics Revolution tocaban en un rato. El camino era largo pero esperaba encontrar algún lugar para comer; una de las ventajas de un festival abierto como el Marvin, es que puedes comer en donde quieras y lo que quieras: nada de piquetes de ojos por una pizza horrible o un hot dog aún peor por un precio infladísimo. Los tacos al pastor siempre son una mejor opción. Siempre. Es ley.

Después de caminar, caminar, caminar, y bajar un poco la muy bien servida orden de tacos, por fin llegué al show de los Plastics. Ahí la fiesta era diferente y se sentía más natural; familias con niños, gente que no sabía qué estaba pasando –pero que igual se quedaba–, chicas paseando a sus perros, morros y morras con cerveza en mano… sin duda fue uno de los mejores escenarios. Y es que además de las bandas, había un oso mecánico (una versión más cool del clásico toro mecánico de las ferias) que se encargaba de poner en su lugar a los valientes –o borrachos– que se atrevían a montarlo.

El anochecer nos cayó mientras la banda hacía el show más bonito que vimos en todo el día; lindas melodías, gente bailando debajo y hasta chicas disfrazadas de fantasmas sobre el escenario, eso fue el show de las revoluciones plásticas… o algo así. Casi todos se fueron (algunos se quedaron a la proyección de los documentales de Remezcla y Noisey) y otros más encaminamos hasta el Caradura con la intención de ver a Presidente. Sobre la avenida Nuevo León se veía la fila de gente esperando por entrar, no era de sorprender, pues se trataba de un lugar muy chiquito presentando a una banda muy popular.

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De tan ebrio, ese güey hasta salió borroso
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Cardiel
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Cementerio de Mascotas

Después de varios minutos en la fila y de aguantar la prepotencia de las personas que resguardan la entrada (pendejos), subimos para ver la parte final del show de Priscila y Quique Rangel. En efecto, el lugar estaba atascado de gente y resultaba muy difícil ver algo en el escenario, así que había que conformarse con escuchar. La gente bailando a ritmo de folk, mientras unos cuantos preferían la barra que la pista. Presidente terminó y ya con menos gente alrededor, era el momento preciso para acercarse a la barra y ordenar algo de beber.

De nuevo, mucho movimiento: muchos salían, otros entraban, las guapas se despedían de sus amistades y prometían encontrarse pronto (ojalá yo me las encuentre aún más pronto), y otros armaban el plan para el after. Después de un rato de espera, El Viaje apareció sobre la tarima para poner a bailar a todos y los últimos en tocar serían los genios de Vaya Futuro, entonces y luego de un agitado día, sería el momento de volver al Covadonga para ver a Marbeya Sound o elegir el lugar más correcto para seguir con el after… o en todo caso, para volver a casa bastante cansado y deseando que el festival del próximo año sea igual o mejor que este.