Cetáceos – Del desmedido y absurdo fervor a un sobrevalorado Dave Grohl


Por Uziel Palomino | @uzielpalomino

La verdad es que siempre he sido muy antipático a este grandísimo amor que la gente le tiene a Dave Grohl; no me malinterpreten, no es para nada algo en contra de él… ya saben, respeto a la persona, al humano de cabellera larga que toca en quizás, la agrupación de rock más famosa y sobrevalorada de la actualidad. Jamás he cuestionado su calidad como ser humano –la neta, hasta se ve muy amigable–, mucho menos su trayectoria o la música que compone, es más bien, este acto de idolatría excesiva que la audiencia le hace el que me fastidia y empalaga.

Su materialización popular es la de un “dios del rock”… no hay una mejor forma de describir el cómo las personas lo ven. Y lamentablemente, es esta configuración la que provoca que todo, absolutamente todo lo que haga sea noticia, sea de alabarse y de decir: “¡No mames, Dave Grohl es una puta leyenda porque Inserte Cualquier Cosa que Haya Hecho en la Última Semana!”.

Repito, esto no se trata de devaluar al ex Nirvana ni mucho menos de cuestionar su trabajo; mucha de su discografía con los Foo Fighters es recomendable, y materiales como el ‘In Your Honor’ (que venía en edición de CD doble) de hace ya diez años, son prueba de su tremenda capacidad como músico –hasta lo tengo en original– y claro, Grohl ha sabido hacer de su carrera musical una de las más fructíferas que hasta programa de televisión le dieron.

Claro, sabemos que sus shows se venden en cuestión de horas y no habrá alguno que no sea sold out ni aparentemente, estadio que le sea suficiente para su nombre, pero fue aquí, en uno de sus conciertos en donde recién se destrozó la pierna, en el que descubrí que, si Dave Grohl vendiera su basura o el spaguetti que comió el día anterior, habría alguien que lo comprara para luego subastarlo en ebay, porque claro, hay siempre otro que también quisiera adquirir unas de sus cuantas migajas.

El tipo, con la pierna inmóvil, se levantó, lo enyesaron temporalmente y finalizó su concierto. Luego canceló su presentación de Glastonbury y se disculpó públicamente por el percance. No digo que no sea admirable responder a los fans (a excepción del tiempo que tuvieron que esperarlo); otro se va al hospital a media canción y no vuelve (dependiendo de la gravedad, claro)… y seguro que los asistentes se llevaron la mejor parte. Pero es esta acción, otra más que es vanagloriada, casi sagrada y para después edificarle un templo. ¿Es de aplaudir? Sí, mucho tal vez ¿es para glorificar? No realmente ¿es para asombrarse? Claro ¿deberías quedar fascinado? Quizás, pero sólo si estuviste en ese show y nada más… ¿es él un dios del rock? La mayoría dice que sí. Y en nuestro país, no se diga. El fervor es inmenso.

Aún disfruto escuchar los clásicos de los oriundos de Seattle, sus versiones acústicas de algunos temas y ver uno que otro video, pero todo esto sin el estigma de ser “la banda”, sin ser ese “Dave Grohl” por el que siento aversión; ese en el que menos podría importarme si el blog de moda lo cataloga como el épico – guitarrista/intérprete – casi – dios de nuestros tiempos, a aquellos comentarios de gente conocida en los que, sin titubear, es Grohl la única fuerza que sigue salvando su amado género y por el que se aventarían de un puente. Le voy más a aquel cuarentón que de repente,  sólo hace buena música en una banda llamada Foo Fighters, y que alguna vez como a todos, también me cautivó un tanto por su composición musical y no por su supuesto estilo de vida ejemplar para plantarte, hacer reverencia y seguir rezándole.

Sí, es él un emblema en la industria musical. Sin dudas. Pero, ¿qué hubiera pasado si Kurt jamás hubiera alojado un tiro de bala en sus sesos? ¿Sería Grohl un músico pueril y desabrido? Nunca lo sabremos, aunque es posible que esa desmedida devoción sería muchísimo menor que ahora. Una que seguiré sin compartir.