Cohabitantes del Ritmo. Una Biblioteca Pop – ‘¿Un libro en bolsas de mareo? Sólo Cave’


Por José Luis Justes Amador |

SPOILER: Si usted es fanático de Cave hasta los huesos, no lea esta reseña. Vaya directamente a por el libro.

El noventa y nueve por ciento de las reseñas sobre “La canción de la bolsa para el mareo”, tarde o temprano, acaban señalando que Nick Cave es un artista polifacético. La ventaja o el problema es que el resto de sus facetas (exceptuando la del Cave músico, casi siempre excelso) es que todo le sale bien. Pero simplemente así, bien. O, al menos, decente. El Cave guionista o el director de cine, Cave el novelista o Cave el poeta, produce una obra que siempre entra bien, una obra que está (aunque no mucho más encima) por encima de la media.

Las preguntas son entonces sencillas: ¿veríamos o leeríamos algo, lo leeríamos o veríamos igual, si no estuviera el nombre del músico australiano junto al producto? ¿Es el independiente Cave un vendedor de sí mismo, o un artista que produce más rápido de lo que sus seguidores, los de siempre y los recién llegados, pueden consumir?

“Un niño trepa a un montículo a la orilla de un río. Se mete en un puente de ferrocarril. Tiene doce años”.

“La canción de la bolsa para el mareo” es, sobre todo y ante todo, un ajuste de cuentas de Nick Cave consigo mismo. Desde el principio, cuando recuerda al niño que el autor debió ser, aunque en ningún momento lo dice así, hasta el final, de regreso de la gira es casi un diario íntimo. Un diario en el que se repiten una y otra vez, deslavazadas, inconexas, – salvo por el personaje- las obsesiones que ya conocemos de Cave: la muerte, el sur, el blues, la misantropía, la inspiración, el amor, la infancia, el viaje.

“La elegante bolsa para el mareo de Air Canada. / La eficiente bolsa para el mareo de American Airlines. / La triste y gris bolsa para el mareo de British Airways. / (…) / La inútil bolsa para el mareo, resistente a la tinta y forrada de plástico, de United Airlines”.

Si Cave hubiera escrito el libro en cualquier otro formato (una moleskine, servilletas de restaurantes de comida rápida, libretas de esas de mesilla de hoteles caros), ¿habría cambiado en algo? Si Cave hubiera publicado su diario o hubiera hecho una novela con sus experiencias de gira, ¿habría cambiado algo?

“Mi problema con este libro es el mismo que anoté al principio: si no fuera de Nick Cave, lo hubiese arrojado a la pila de los empezados y nunca terminados. Si no fuera de Nick Cave, no estaría escribiendo esto.”

“La canción de la bolsa para el mareo es lo rechazado, vomitado”.

Y sí, ese parece ser la gran idea detrás del libro de Cave: Se me está ocurriendo algo; Deja lo escribo; Total, como todos dicen que soy un genio seguro que me sale bien. Y al hacerlo queda a años luz de sus dos novelas, especialmente de la primera y excelente “And the ass saw the Ángel”.

“¿Estás ahí, cariño? Levanta, levanta, levanta”.

Y entre viaje y viaje en los que llega a los hoteles donde a veces cena, a veces se pone a ver la televisión y, otras, las menos, se masturba. Y llamadas y llamadas intercontinentales a su esposa que no le contesta el teléfono.

“Enciendo un cigarrillo, y, descansando ahí en la orilla, miro por encima del oscuro río iluminado por la luna y me pregunto cuántos recuerdos se me han perdido por el camino y si alguna vez los recuperaré”.

Ese era precisamente el libro que queríamos, o al menos yo quería, leer; uno en el que la gira y los recuerdos se mezclaran perfectamente, en el que el Cave niño y el Cave adulto conversaran. Pero no siempre el lector tiene los libros que quiere.

“Veo a una diminuta Getrude Stein y a una pequeña Emily Dickinson. Veo a un Philip Larkin en miniatura pasando el cortacésped y a un pequeño W. H. Auden lleno de arrugas. Veo a un pigmeo vestido como John Berryman con un hueso en la nariz y a un montón de gente más. A un Elvis de la última etapa a pequeña escala, a un John Lee Hooker minúsculo con unos calcetines de barras y estrellas, a un James Brown pequeño y loco y a un Hank Williams encorvado con un sombrero Resistol Ranch”.

Mi problema con este libro es el mismo que anoté al principio: si no fuera de Nick Cave, lo hubiese arrojado a la pila de los empezados y nunca terminados. Si no fuera de Nick Cave, no estaría escribiendo esto.

“En Denver me compré un librito precioso de Patti Smith llamado “Tejiendo sueños”. Hay algo sobre una mochila que tuvo, llena de recuerdos: un rubí, una cuchara, la parte de dentro de un walkie-talkie. Es un libro precioso para leerlo bajo el cielo azul, sentado en un banco en Colfax Street, en Denver”.

Querido Nick, ¿tanto te costaba haber escrito un libro del que pudiéramos decir lo mismo?

Ficha
Nick Cave
‘La canción de la bolsa para el mareo’
Sexto Piso, 2015

“Cohabitamos el ruido, el filo de los altoparlantes” (Daniel Bencomo)
‘Cohabitantes del Ritmo. Una Biblioteca Pop’ es una columna de José Luis Amador Justes