[Reseña] Astro – ‘Chicos de la Luz’


Por Venancio Villalobos | @VenasVillalobos

Astro es una de esas tantas bandas chilenas que hemos amado desde 2009, año en el que se estrenaron con solo un EP bajo la manga, ‘Le Disc De Astrou’, material en el que nos hablaban de parafina, drogas mágicas y de monos tropicales… pero este ente de 4 canciones no bastó; su música con sintetizadores, voces agudas y psicodelia, se convirtió en una droga… y Andrés Nusser y compañía lo sabían; se encargaron de fabricar aún más droga auditiva, y tan sólo dos años después –en el 2011–, su álbum homónimo salió a la luz… ¡Y carajo que nos sorprendieron!

Nos pusieron a bailar como conejos y sentir la súper-felicidad comiendo cerezas y pepas; gracias a su video de Ciervoscomenzamos a llamarlos “los MGMT chilenos”; se presentaron en el Lollapalooza, en el Primavera Sound –y en un chingo de festivales más en el mundo–; tuvieron sesiones y entrevistas por doquier también. Y de repente. PUM. Nada. Se desvanecieron, y de nueva cuenta nos dejaron con ganas de más, sólo que esta vez tardarían 4 años en aparecer de nuevo.

¿Y todo para qué? para darnos una droga mediocre y que te da el bajón después de unos minutos de haberla consumido: una droga que viene en un envase más fresón, la metes a tu cuerpo, todo va bien, es algo nuevo y no se siente tan mal, pasan unos minutos, te pierdes, nada tiene sentido y te da el bajón… y ahí, en ese nivel inferior, vas comprendiendo que lo único que mejoró en estos años fue el envoltorio de la jodida droga… y que ésta ya no pega bien. Esto es ‘Chicos de la Luz’, el más reciente lanzamiento de los chilenos.

Y no tengo nada en contra del cambio, al contrario; soy de los que piensan que las bandas tienen que ir evolucionando y entregarnos algo nuevo en cada disco. Pero una cosa es evolucionar y otra el perderse en el camino. Con su primer sencillo, Caribbean”, dejan un agradable sabor de boca: la psicodelia perdió protagonismo y nos entregaron ritmos que se pueden bailar sin estar tan arriba. Se trataba de un sonido más digerible (por no decir comercial) que nos les iba nada mal. El problema es cuando escuchas toda la grabación y dices: “¡No mames, “Caribbeanes la única buena canción del maldito disco!”.

Ahí va el tracklist: “Uno” es la pieza encargada de abrir la obra, y es uno de esos temas en que dices: “No está mal, pero a ver qué más hay”; llega Bardo Thodol” y te quedas de: “No hay bronca, es la segunda, luego viene Caribbean: de ahí se tiene que poner bueno”; Pasas “Caribbean” y te motivas, esperando algo igual o mejor, algo bailable y que el primer par de temas no nos supieron dar. Olvídalo, ni Druida” o “Chicos de la Luz” logran llegar a lo que Astro fue antes: no hay un gran ritmo, no hay coherencia entre las voces, los sintetizadores se sienten faltos de imaginación. Con “Danza Celestial” pasa exactamente lo mismo, el final de la canción nos demuestra lo que pudo haber sido un gran tema, pero llega “Warrior” y todo se va al carajo: “//…si tengo un lugar en el espacio donde podemos escondernos tú y yo //…soy un guerrero de la luz” ¿Quién chingados son?, ¿Zoé?

Si aún no te has hartado, viene Rico” con una mezcla de sintetizadores bailables al estilo de “Caribbean”… y no mames, ¡AL ESTILO DE ASTRO! (De ese que nos gusta) hasta Andrés Nusser comienza a cantar como se debe; ya no más voces agudas, no más letras sin sentido que te hacían sonreír. Le continúa “Dimensión Suprema” con un coro medio pegajoso… hasta que la música arruina todo, y “Kafka”, al menos te da pereza y es un buen pretexto para dormir.

Lo peor de todo esto es que ni siquiera es de esos materiales en que dices: “Suena muy bien, pero no para ser un disco de esa banda” ¡No! ¡Ni eso!, todo está mal, todo mal, mal, mal, hasta se te olvida que su primer sencillo sí es sobresaliente. El nuevo álbum de Astro, ha logrado enviarse directamente a la lista de los peores del 2015 luego de haber sido uno de los más esperados en el año. ¿Quieren una verdadera recomendación?, si no lo han escuchado, NO LO HAGAN. Quédense con sus viejas producciones, créanme, no se pierden de nada. Aunque si ya lo escucharon: pónganse audífonos y escuchen a todo volumen los viejos clásicos hasta que se les pase la depresión. O bien, escuchar “Hawaiiy “Caribbeanuna y otra vez imaginando lo grandioso que pudo ser este disco.

Ni modo. Aún los queremos.