[Reseña] Julio Bashmore – ‘Knockin Boots’


Por Jona Moreno | @Jonamorenoc

Inglaterra está produciendo calidad por todos lados, generando y bombardeándonos en demasía con proyectos, releases, álbumes, sencillos y todo lo que se les venga en mente (hasta cierto punto, no sé si realmente es de presumir o al menos sí de mencionar, ya que tienen esa manera de “sobre producir” que a fin de cuentas también es contraproducente, ya que por la constante actualización, a veces perdemos el tacto y no le damos el valor adecuado, la importancia, o el tiempo que merecen a todas sus proyecciones).

Esta vez, rescaté el ‘Knockin Boots’ de Julio Bashmore, ¿por qué?, mejor ¿por qué no? Es lo que cualquiera respondería, ya que en el feed de twitter, facebook o hashtags en la web, redundan y es recurrente ver que suenan cosas en torno a los mismos nombres o temas: “Foals será lo mejor del Coordenada”, “Damon Albarn cansó durante cinco horas seguidas y anuncia algo nuevo para Gorillaz”, “¿Por qué en el nuevo video de Disclosure, se evidencia el lado más junkie y malilla de Sam Smith?” Esto es la música, LA INDUSTRIA DE LA MÚSICA. Es por eso la presión en crear para no desaparecer. En rescatar para no olvidar… por eso rescato al buen Bashmore.

Personalmente, esperaba con muchas ansias este álbum debut; Julio, un clásico ‘redhead’ nacido en Bristol –pero que ahora reside en el sur Inglaterra–, ya había publicado algunos EPs anteriormente, y de la misma manera en que hace un año esperaba el debut de Todd Terje (y lo digo porque han colaborado con muchísima gente, han hecho bastantes remixes y pasa que no se habían tomado su rato a solas para sólo ser ellos) el lanzamiento de “Julius” lo quería en mi biblioteca más que sus pasadas producciones.

El ‘Knockin Boots’ va de 12 tracks con colaboraciones atinadas y líricas que acompañan beats tan finos que quisieras estar desnudo, tomando champagne en la piscina/terraza de tu casa de fin de semana en Cuernavaca mientras esnifas 2CB (una droga muy cabrona) de los pechos de una colombiana, para después de eso, acabar destruido y bailando con dos mujeres de más de 55 años y un tipo con pupilentes de animal print (de leopardo, para ser preciso) y leggins súper ajustados de cuero en el mítico Patrick Miller… o en una fiesta cualquiera.

La pieza con la que abre es homónima al álbum; dos minutos de house como en los ochentas, llevado de una búsqueda de amor en los vocales distorsionados. “Holding On” es el segundo track y fue un putazo seco, directo al rostro… el track lleva por nombre a lo mismo que presentó hace poco Disclosure, y aunque Julio ya se tomó tiempo para hacerles un remix también, hay que saber diferenciarlo, aparte, si son atentos, escucharán un sampleo a “Make it Last Forever” de Inner Life; probablemente suene más a un house con raíces francesas, además de todo esto, se colgó en el top cinco de la programación en BBC radio y le sacó un susto a varios. ¡Aguas! ¡Atentos! ¡Aquí estoy! De esta manera levanta la mano Bashmore.

“She Aint” le sigue, y si algún amante del high energy está leyendo esto ahora, creo que es momento de que le subas al volumen, te pongas tus airmax 90, esos calcetines negros hasta casi las rodillas y bailes hasta la perdición… como mejor sabes hacerlo, como en tu época donde rifaba más. Bueno, no más. En realidad no hay mucha diferencia. Con Bixby en “Let Me Be Your Weakness”, este álbum contiene aquí su momento más potente respecto al featuring con la voz: el instrumentalista y compositor londinense lleva la batuta y el tiempo, los beats son simpáticos, no hay mucho más. Es lo más tranquilo, dentro de todo lo bailable. Podría ser rola de antro incluso.

“Rhythm of Auld” es mi preferida, es lo más íntimo y lo que deseas escuchar en un club de baile; una colaboración con J. Danna y ese constante ir y venir de unos rechinidos en su voz para mantener un mood sexy y lento. Te hace sentir ebrio, ese groove que impregna te hace recordar la sensación de cuando estás totalmente perdido, no sabes dónde están tus amigos, pierdes la noción del tiempo, pareces un mueble más del lugar y lo único bueno que te queda es ese cocktail súper caro que te acabas de comprar y un par de piernas muy fuertes –o no– para moverse toda la noche.

Seven Davis Jr aporta esa mezcla de funk & soul que va tan bien en “For Your Love”. Era difícil de no serlo, y es que este integrante del sello Ninja Tune tiene la experiencia, y claro que sabe de qué lado masca la iguana. “What’s Mine Is Mine” es lo más sucio que hay; secuencias hechas para taladrar tus oídos, morderte los labios y jalarte el cabello. Track que no le pide nada a la calidad de Boyznoise, los mismos Electrique Music o el rifado de Harvard Bass.

“Bark” es estrés musical, viciado por ser tan repetitivo y sobrepuesto, de esta manera juega y experimenta tanto que logra darle paso a “Umuntu”, un sonido que viene desde África con Okmalumkoolkat, (premio de la música a la mejor colaboración), quien en primera instancia pensé era un sampleo o era el mismo de “Animal Prints”. Aunque equivocado me encontraba, considero que a este track número nueve hay que darle varias pasadas y seguimiento para que luego entonces, se disfrute al cien. “Simple Love” regresa con vocales de J. Danna –porque no todo lo cubre AlunaGeorge en este pop subunderground– para marcar el clímax y la pauta, y así, encaminar la culminación del disco. “Kong” es la mejor manera de casi cerrar; tan amargo y rocoso que suena… fino como Daniel Steinberg o rayando en lo que hace Lindström. Finalmente “You & Me” es ese respiro y el tiempo fuera para agarrar aire, tomártelo con calma y dejar que llegue lo que tenga que llegar. De nuevo Danna aparece y así termina.

Es uno de mis favoritos del año.