Cohabitantes del Ritmo. Una Biblioteca Pop – Romper (casi) todo y empezar (casi) de nuevo


Por José Luis Justes Amador |

Los Sex Pistols cantaban “No future“. Pero sí hay futuro y estamos intentando construirlo” (Allen Ravenstine, cantante de Pere Ubú, 1978).

Desde esa cita, que abre el primer capítulo del libro de Reynolds, hasta 535 páginas después, lo único (¿único?) que intenta responder Simon Reynolds es la pregunta de “¿qué tuvo esa época -1978 a 1984- que nos hace pensar que fue tan creativa como los años de auge de los sesenta?”. O, como él mismo se pregunta, refiriéndose a su propia experiencia vital “¿qué me hizo creer que la música podía importar tanto?”. Y el autor se contesta a sí mismo “¿Y a qué conclusión llegué? Tendrán que seguir leyendo”.

“¿No tuvieron alguna vez la sensación de que los engañaron?”. Reynolds comienza y termina el libro con la misma cita. Eso fue lo que gritó Johnny Rotten, el cantante de los Sex Pistols, a la asombrada audiencia del Winterland en San Francisco el 14 de enero de 1978 en el que iba a ser el último concierto de su banda. Suponiendo, y eso lo supone Reynolds aunque nunca lo escribe, que el punk fuera un engaño, un algo montado por Malcom Maclaren para sacarle dinero a los jóvenes rebeldes de Inglaterra, la reacción contra ese engaño no podría ser sino un esfuerzo de creatividad total en mil frentes (casi) simultáneos.

Sin embargo, si uno les prestaba atención, descubría que ocultaban notables contradicciones, aporías (como los post estructuralistas denominan a los baches en el tejido semántico) que aguardaban detrás de cada giro lingüístico, detalles que, bien vistos, eran devastadores”.

El libro, antes de entrar en detalle con las diferentes escenas en las que está dividido, es un libro sobre música, sí, pero escrito por alguien que viene de la teoría filosófica francesa y que mezcla su perfecto dominio de la época con conceptos teóricos como queda claro en la cita de arriba. Y, sin embargo, en lugar de molestar, se agradece el hecho de que la música no sea sólo un instrumento de diversión sino también, un algo analizable y que significa e influye y es influenciada por todas las circunstancias que la rodean.

Al principio lo vimos como algo que tal vez podía ser un renacimiento, pero en seguida entendimos que era más bien el final de un ciclo” (Ian Craig Marsh, Cabaret Voltaire)

Uno de los presupuestos de Reynolds, más o menos explícito a lo largo del libro, es la de que el punto de ruptura no fue el punk (que no es más que rock’n’roll acelerado y mal cantado) sino que lo que realmente fue rupturista fue la búsqueda, aunque sería mejor decir búsquedas, del postpunk, etiqueta en la que están englobados proyectos tan variopintos como PIL, The Slits, Gang of Four, Pere Ubú, Cabaret Voltaire, Joy Division, Talking Heads, Mission of Burma o Scritti Politti. El punto de unión de todos ellos, como señala una y otra vez Reynolds en el libro, no era tanto lo musical (cada uno de esos grupos suenan diferentes) como el intento de llevar la música hacia adelante, hacia el futuro después del tremendo parón del punk.

Pretendían hacer borrón y cuenta nueva y crear a partir de una mentalidad de la que se hubiesen extirpado primero todas las nociones y las reglas que habían sido aceptadas hasta entonces en torno a la musicalidad”.

Todo podía ser susceptible de ser convertido en música. La gran enseñanza del punk fue, sobre todo, la enseñanza del do it yourself (que ni siquiera fue un invento del punk), el descubrimiento de que la industria era una mal innecesario. Que, al contrario de lo propuesto por las hordas encrestadas, lo importante no era que aunque no supiera tocar, algo que era más una leyenda que una realidad, uno se podía subir al escenario y hacer ruido; lo importante era que, mientras uno tuviera ideas y se propusiera en sacarlas adelante, podía hacerlo y soñar con cambiar el mundo en lugar de escupirle.

“Pero no sólo de música se alimentó el postpunk”.

“La gran enseñanza del punk fue, sobre todo, la enseñanza del do it yourself (que ni siquiera fue un invento del punk), el descubrimiento de que la industria era una mal innecesario.”

Igual que la diversidad de las propuestas de los grupos de la época, es también amplísima la procedencia (estética, cultural, social, militante) de los distintos actores de la revolución musical de aquella época. Los músicos venían de lugares tan diversos como el intento de fundar una cedula del partido comunista inglés (¡a los quince años!) como de las más exclusivas escuelas de arte, del performance a la ingeniería. Y cada uno intentaba aprovechar el punto cero que supuso el punk para tirar de la música, y de la sociedad, hacia adelante.

“Por lo demás, la enrevesada ruta por la que llegaron ellos mismos a ‘Top of the Pops’ es una historia enteramente distinta”.

Otro de los puntos geniales del libro es el hecho de presentar a los grupos recién nacidos y abandonarlos un segundo antes de que lleguen a la fama. Saber qué pasó antes, cómo nacieron las cosas es, para aquellos para los que la historia de la música es casi todo, uno de los puntos más importantes del libro, un libro que no habla de los grupos, aunque también, sino de cómo fueron las cosas.

Toda la cosa vanguardista del postpunk, digamos que a nosotros nos parecía bastante estúpida” (Bill Drummond, representante de Echo and the Bunnymen)

Y termina, no podía ser menos, con todo aquello que vino después del postpunk, pero que, inteligentemente, Reynolds llama no postpostpunk (etiqueta que reserva en otro libro para la hornada de los grupos de los noventa y los noughties para cosas como Interpol o The Horrors) sino nuevo pop y nuevo rock donde entran grupos también tan diversos como Madness, Sex Gang Museum, ESG, Joseph K, The Art of Noise y Frankie Goes To Hollywood.

La idea del cambio en la música y a través de la música, ¿se trata de una mera ilusión? Todavía lo ignoro, pero estaré agradecido para siempre con esta época por haberme infundido expectativas tan altas que escucho música”.

PD: ¿Cuál es el grupo cuyo nombre aparece más veces a lo largo de libro y en (casi) todos los capítulos? The Velvet Underground. ¿Hace falta más explicación?

Ficha
Simon Reynolds
‘Postpunk. Romper todo y empezar de nuevo’
Caja Negra, 2014

“Cohabitamos el ruido, el filo de los altoparlantes” (Daniel Bencomo)
‘Cohabitantes del Ritmo. Una Biblioteca Pop’ es una columna de José Luis Amador Justes