Foals arrojó el ábaco: Una vez hice cosplay de Yannis y de cómo la banda recuperó su groove


Hubo un tiempo en 2010 que cuando buscabas canciones de Vicente Gayo en YouTube, te salía como sugerencia Foals, no cualquier tema, sino “Cassius” y su colorida miniatura. Es así como conocí a la banda (aunque seguro me odiará Alan por la comparación) y en un principio me enamoré de las melodías amigables y el fino uso del saxofón que abandonarían en discos posteriores. Este descubrimiento me tocó en pleno boom del ‘Total Life Forever, disco que me ha dejado una de las canciones que son parte del soundtrack de mi vida: “Miami”. Y de hecho, me choca toda la estética de Miami Gloria Stefan Encueradas en Patineta, pero el sonido es básicamente una canción de ciudad playera. Hasta calor me da.

En ese tiempo tenía un programa de radio que contaba con la peculiaridad de ser fondeado con lo que sea que estuviera escuchando (aún sí no dejaba oír a los conductores), así fueran cosas de hace tres años. “Ballons”, “Olympic Airways” y “Mathletics” sonaban seguido antes de los segmentos y así Foals, como un todo, era una especie de amigo al que recurría cada semana. La verdad la totalidad del Total Live no me convenció por completo y me parece que hasta se escucha algo hueco. Si bien “Miami” es wow, a mi gusto no es un álbum tan revelador como el primero, y podemos decir que les pasó la misma tendencia del segundo disco que a todas la bandas que endiosan la NME y BBC Radio 1. Al menos no hicieron el oso de la década, como MGMT, seguidos de cerca por Two Door Cinema Club y Klaxons.

El tercer disco prometía un sonido menos pretencioso y más animal, además de afianzar una imagen icónica de la banda, una que de por sí ya tenía a un vocalista larger than life que en mi cerrado juicio ha marcado a una generación de hombres faroles: simplemente, un día encontré una camisa azul de cuadros igual a la de Yannis en un Glastonbury y tuve que comprarla para usarla abierta con camiseta negra debajo. Total que ese disco fue un huésped habitual de mi iPod nano viejísimo, lo dejaba completo pero nunca me cautivó como el primero. Era demasiado pesado y no sé, creía que iban camino a hacer un “Muse” ¿saben? volverse una especie de chiste con excelente producción y composición, pero chiste y auto parodia al fin y al cabo.

What Went Down lo escuché completo y en orden raro. Si bien ya no uso iPod, al menos ya jalé todo el álbum a mi Spotify para cuándo salga a las calles a buscar pelea. Es buenísimo. Suena muchísimo menos roquero, hay elementos más ligeros y hasta fresas para la rudeza que venían manejando, también se usa de una manera muy ingeniosa la voz de Yannis; no son los berridos de “Spanish Sahara”, pues. Además hay varios momentos emblemáticos como el deMountain At My Gates’. Wow. Lo amé todo. Y más porque me parece sorprendente una banda que se reinventa: metes ritmos de electrónica en canciones con arreglos de rock de radio gringa universitaria y básicamente dieron una vuelta para no volverse otra banda cómoda. Ser relevante en tu cuarto álbum es grande dentro de los dos miles, cuando las bandas no soportan la presión y se desintegran. Klaxons, cof, cof.

Foals siempre ha sido una especie de santo grial dentro de las nuevas leyendas del mal llamado indie. Si entras a un bar y están sonando, sabes que no debes perder de vista el lugar. Si tu nuevo amigo los escucha, es una compañía para guardar. Al igual que otras bandas, insisto, endiosadas por los estándares irreales de la prensa británica, ellos ya eran clásicos desde “Cassius, pero [ahí voy de namedropper] a diferencia de sus padres putativos (Test Icicles) ellos sí han vivido a la altura.

Yo soy Total Foals Forever. ¿Y tú?

*Ah, y sobre el porqué del ábaco, ¿el dejar de lado el math rock les dice algo? ya saben: matemáticas, rock matemático… el chiste se cuenta solo.*