Los géneros musicales ya no existen… o cómo en tu biblioteca tienes un playlist para ir a cagar


Por Aldo Llorens | @aldoelhombre

Al menos la afirmación [la del título] podría extenderse en la cuestión de cómo reproducimos esos géneros: el paso acelerado de la tecnología y las formas en que se ha adaptado ésta a nuestra amada música, ha ido dictando nuevas formas de consumirla y sobretodo de apropiarla.

Cada vez es más común encontrar plataformas –y no precisamente hablo de las conocidas abarroteras de stream– que buscan hacernos más fácil la tarea de buscar, descubrir y disfrutar la música. ¿El método? Odiadas por muchos, amadas por otros: las listas de reproducción.

La competencia es férrea, y la carrera por generar y consolidar nuevos procedimientos de reproducción parece estar disolviendo las viejas formas. Hace algunos años –de verdad no tiene tanto– era común llegar a una tienda de discos y solicitar a un conocido algún título de ‘rock’, ‘folk’ o ‘póngale el género que quiera’; hoy basta meterse a la plataforma de su conveniencia para encontrar infinidad de listas que se acoplan a un ‘mood’ o a una actividad.

‘Música para cagar’, ‘Vomitando ando’, ‘¿Por qué me dejaste?’ o ‘Lo mejor del indie 2003’ son algunas de las bellezas que uno se puede encontrar. La situación parece hacerse más compleja cuando caemos en cuenta de que los ‘gigantes’ del stream (Spotify, Deezer, Apple Music y hasta el churro de Tidal) están invirtiendo millones de dólares en insertar sus servicios en algún gadget o el mundo de posibilidades que éste ofrece.

Por ejemplo, Spotify ya tiene un feature que te surte de la música adecuada para tu ritmo y velocidad mientras corres. ¿Magia? No, todo se debe a los sensores de tu teléfono. El camino va más allá: las empresas de stream no tardan en utilizar sensores de proximidad, de luz (para saber si estás en interiores o exteriores), ubicación geográfica, barómetro, giroscopio y hasta de fuerza en pantalla. La meta es controlar todas las variables y poder dotarte de sonidos para el momento, clima, posición, iluminación, actividad, lugar y ánimo en que te encuentres.

El asunto puede ser doloroso para unos; la pérdida de memoria, el olvido del sentido original del artista o la sumisión ante el mercado y la tecnología son tan sólo algunas de las críticas que enfrenta la revolución en la que nos encontramos. Lo cierto es que el grueso del mercado no sigue un género ni la carrera de un artista de manera puntual, y evidentemente, no le parece necesaria la información al respecto. Así pues, las listas de reproducción le hacen más fácil la chamba de disfrutar de la música al usuario común.

¿O no, amigo lector que te encuentras sentado, a media tarde y con un clima promedio de 24º?