[Reseña] Vaya Futuro – ‘Perro Verde y Triste’


Por Samuel Nava | @stupidtobegin

Muchas cosas han cambiado alrededor de los tijuanenses de Vaya Futuro, aunque quizás, haya sólo unos cuantos detalles más obvios para quienes nos limitamos a escucharlos o verlos en vivo: primero, el nombre, luego, se movieron al DF. Sí, Celofán se quedó en Tijuana, y con un nombre sin duplicados consiguieron sacar el disco en el que habían trabajado por años. ‘Ideas a Medias’ nos voló la cabeza y estábamos seguros de que queríamos más de estos sujetos… y por fin nuestras demandas han sido cumplidas.

Perro Verde y Triste’ ya se puede escuchar en su totalidad, y a diferencia de su predecesor, con esta nueva entrega nos surgen muchas dudas. La primera es, ¿qué les pasó a los Vaya Futuro? No estamos seguros, pero este álbum avanza sigilosamente entre el pop y las baladas, recordando por momentos que sigue siendo un disco de la misma banda.

Pero vayamos por partes; “Distimia” abre con ganas, como preludio de que algo grande va a suceder. La letra, y en general los arreglos, suenan como a algo etéreo, como algo que es pero no termina de distinguirse. Atrás parece haber quedado el noise y los guitarrazos a los que nos acostumbraron, y “Auralado”, uno de los temas más emotivos que les hemos escuchado, es lo más cercano que hay a una balada, los rasgueos de una guitarra acústica lo demuestran.

Sin embargo, y aunque digamos que se suavizaron, cada canción es diferente; por ejemplo, “Mal Sueño” es más melódica y rítmica, y sí, el coro aún lo traemos pegado a la cabeza y no nos importa tacharlo de pop. Ya para “Manos” parece que regresan a las atmósferas un tanto más oscuras y en las que siempre hay un riff que destaca.

En “Libélula” está claro, siguen siendo Vaya Futuro: secuencias, reverb, coros incomprensibles… y todo eso continúa en “201”, una progresión que parece infinita hasta que la melodía se hace presente en casi cinco minutos de un tema instrumental. Nuestra parte favorita del álbum. El cierre lo hacen “Fisura” y “Piel”; la primera, un avistamiento más a ese sonido nostálgico que injustamente (?) hemos tachado de pop, y la última, una balada sin más.

Aún no estamos seguros de cómo catalogar al ‘Perro Verde y Triste(aunque realmente, enfrascarlo en un simple género sería un grave acto de confinamiento sonoro muy innecesario), sólo diremos que es diferente y que sin duda tiene sus momentos grandes. De lo que sí estamos seguros es que después de escucharlo una, y otra, y otra vez, tampoco te importará que “ya no suenan como antes”, porque la verdad, a nosotros no nos podría importar menos.