Cetáceos – Childs: a casi una década, el grupo de culto mexicano ha regresado a tomar su lugar


Foto: Facebook de la banda

Hace no mucho tiempo –creo–, quizás 7 años, di con un proyecto musical que se sobrepasaba a sí mismo, era una época aún sin tanta presión digital, de esa que luego carcome a las bandas por instaurarse en todas las plataformas de reproducción que puedan encontrar; y claro que había opciones, pero muchas han dejado de existir, y otras, perdieron enorme relevancia al grado de igualmente, “no existir” ante lo más público. Se anunciaban oriundos de Ensenada [Baja California], y creo que hasta la fecha, es el único acto musical que conozco con ese origen; pertenecían a una cuadrilla de músicos que se dedicaban a tocar ambient, post rock, instrumental o cualquier otra etiqueta similar; algunas de sus canciones eran larguísimas con progresiones que sólo un adepto al género estaría dispuesto a resistir; su único LP [‘Yui; 2006], me atrevería a decir, se convirtió en uno de “culto” en el indie mexicano de la década pasada; y su portada, igual. Luego, se desvanecieron.

A casi una década del lanzamiento de su título debut, Childs renació con una oncena de cinemáticos temas, refinados movimientos electrónicos, absortos momentos de delicadeza ambiental y paisajes de añoranza que se sienten detalladísimos y ricos en una instrumentación aún más cuidada que antes. La banda se percibe más versada en su propio género, en su mismo envase, en su mismo espíritu, en su mismo sentir de hace nueve años, pero extrañamente –y afortunadamente– también se aprecian diferentes; como si hubiesen pasado por una larga discografía que no han grabado; como si hubieran pisado centenares de escenarios nacionales donde les faltó meter el pie (porque el mundo lo han conquistado); como si el tiempo los hubiera avejentado sin que pasaran los años… porque en realidad, para los de Ensenada, no han pasado más que por encima de su piel.

El álbum, ‘Realidal’, es una estampa generosa de lo glorioso de aquella música tan desolada en estos tiempos, una que jamás olvidé pero que poco recordaba; una que es más ensoñación que pretensión; una que te acompaña, que te mueve, que te enseña; una que te hace espectador y asistente al ambiente; una con la que fondearías episodios de tu vida que te apenaría contar; una donde los sintetizadores o teclados repetitivos no significaban un ocaso creativo; donde integrar diálogos desempeñaban una narración no impuesta al tema; donde las graduaciones sonoras significaban la gestación hacia un épico y calmo desenlace; donde menos era más, y más lo era todo… y también, es un disco que ha alcanzado en calidad y bajo todo mérito a su añejo antecesor.

Más allá de la entrega de un altísimo material, es Childs la prueba de que no mucho ha cambiado en todos estos años; sí, su música ahora está sonando en un streaming más actual, ahora congenian con muchas más agrupaciones que antes, han constituido un sonido más influenciado por guitarras, arpegios y voces más predominantes que su confiable omnichord, pero en realidad, esto podría seguir siendo 2006 y el misterio que envuelve a la banda seguiría presente, su estilo musical continuaría por el mismo andar, la atmósfera que emana de su disco permanecería igual de etérea, su composición instrumental sigue siendo reveladora, su nueva portada asemeja a la niña de su pasado álbum, y su propuesta –pese al tiempo que ha pasado– sigue fresca e impalpable en otros actos nacionales… y yo, estaría bajo mis veintes.

Es apresurado decir que como ‘Yui’, lo más reciente de los “niños” se convertirá también en otro lanzamiento de culto, pues su futuro, e incluso su presente, sigue igual de impredecible; ¿pasará casi una década para un nuevo avistamiento en cualquier formato? Seguramente ni ellos lo saben, aunque es cierto que de ser así, valdrá la pena, como hoy, como en este año, donde muchas cosas siguen en el mismo y privilegiado lugar, donde Childs tiene el suyo como una de las bandas mexicanas más significativas del indie y han regresado a tomarlo.