Cohabitantes del Ritmo. Una Biblioteca Pop – El grupo de Ian Curtis pero sin Ian Curtis


Not that I’d change anything, mind you. I’d stop Ian from hanging himself, obviously”.

(Préstamo de la envidiable biblioteca pop de Vera)

Leer un libro sobre una de las bandas fundamentales del post punk y escrito por uno de sus protagonistas, se supone que debe ser una experiencia única. Leer “Unkown pleasures. Inside the Joy Division” es, sin embargo, una de las experiencias más espeluznantes del mundo. Leer a Peter Hook recontando la historia de SU grupo es extraño al principio, repelente al final.

The Sex Pistols are on — do you want to go and see them?

“Y entra la prensa musical en la que, insoportable y constantemente, se empeña en preguntarles por la imaginería nazi y la que, cada vez con más frecuencia, ve en ellos a uno de los grupos con mayor proyección”

Una de los momentos más interesantes de esta autobiografía de un grupo es también el de uno de los instantes fundacionales de la música en Manchester. (No por nada es también el concierto con que inicia 24 Hour Party People). En el libro están los dos conciertos que ofrecieron los Pistols en Manchester. El primero, el cuatro de junio del 76, con sus apenas diecisiete personas en el público pero que todas ellas iban a hacer algo por la música de su ciudad, incluido John “the postman”. En ese concierto, Peter Hook y Bernard Sumner deciden montar un grupo. El veinte de julio los Pistols vuelven a tocar en Manchester, esta vez con los Buzzcocks como teloneros, y ahí estaría también, aunque aún no se conocían, Ian Curtis.

He was just a kid with ‘Hate’ on his coat”.

Y, tarde o temprano, Curtis y los futuros miembros de Warsaw, primero, Joy Division, después, y ya sin Ian, New Order, tendrían que encontrarse y, por supuesto, lo harían en un concierto. A Hook le llamó la atención el enorme “hate” pintado con naranja fosforescente en la chamarra de Curtis. Un Curtis del que Hook y el resto del grupo descubre con sorpresa que está casado y está a punto de tener una hija. Y ahí la historia cae, otra vez más como muchas a lo largo del libro, en Hook, el gran descubridor de Ian al que le ofrecen el puesto de vocalista del grupo. A partir de ahí, la historia es la misma que la de tantos y tantos grupos: ensayos y ensayos, los primeros conciertos (incluido uno al que sólo llegó una persona y que aun así dieron), la competencia con otros grupos locales (a veces con medios lícitos y, otras, con medios no tan lícitos) y el anhelado contrato de grabación. Y la misma historia de siempre de Hook enfadado porque siempre le tocaba a él, por ser el conductor, cargar y descargar la camioneta mientras los otros se divertían (diversión que incluye, por supuesto, mucho alcohol y sexo).

He was looking for that spark”.

Y entra en escena el “quinto miembro” de Joy Division, Martin Hannett. Por supuesto, Joy Division era un gran grupo. Según el libro guiado por las maravillosas melodías que Hook sacaba al bajo y con la ayuda de los otros tres. Aunque, y es de justicia con el egocéntrico Peter, repite varias veces que la fuerza se dio en la conjunción de los cuatro y en su voluntad férrea de luchar por salir del circuito local y regional. Tal vez, para el interesado en el grupo, esta sea la parte más interesante del libro. Hook desglosa –en capítulos especiales- track a track y contando, sobre todo, los modos de grabación de cada una de las canciones tanto de ‘Unkown Pleasures’ como de ‘Closer’ y alabando (o recordando su enojo con) los extraños métodos de grabación de Hannet. Y, ¿cómo se libra Hook de las letras que tanto contribuyeron al grupo? Fácil. Palabras más o palabras menos viene a decir “es que estábamos tan concentrados en el sonido global que no le prestábamos atención a las letras”.

Y entra John Peel con el que tuvieron dos sesiones, lo que hizo que llegaran aún más lejos. Y entran los roadies con desternillantes historias como la del tipo en muletas que sustituye su roadie oficial que no ayuda, se bebe toda la cerveza que les ofrece el local donde van a tocar y además se acuesta con una fan mientras el grupo espera pensando que lo han perdido. Y entra la prensa musical en la que, insoportable y constantemente, se empeña en preguntarles por la imaginería nazi y la que, cada vez con más frecuencia, ve en ellos a uno de los grupos con mayor proyección.

We carried on”.

Y mientras Joy Division va vendiendo más discos, ofreciendo más conciertos (algunos gloriosos y otros, los menos, de verdadero espíritu punk, incluido ese en el que unos teddies le dan una paliza salvaje a Hook mientras el resto del grupo sigue tocando). Y las visitas al continente que van de las noches en burdeles (no de visita sino porque el promotor por ahorro los había colocado ahí) al constante cuidado de Curtis por su novia/amante holandesa con la que (se encarga Hook de repetir una y otra vez) jamás hubo comercio carnal.

Y Hook, culpando a veces al grupo, incluyéndose él mismo, culpando otras veces al propio secretismo de Ian sobre su enfermedad, se encarga de recordarnos que en el camino a la fama no iban a detenerse por nada. Y, a pesar de los síntomas (dos conciertos suspendidos por los cada vez más frecuentes ataques de epilepsia) no pararon nunca, tocando cada vez más y cada vez en lugares más alejados.

By the time we chose those pictures, he had less than two months to live”.

Y aparecen también dos de los grandes adscritos al grupo y que, con su cooperación, ayudarían a algo con lo que siempre se reconoce al grupo, además del sonido: la imagen. Aparece Peter Saville con su inconfundible y mil veces repetido gráfico, ya icónico, del púlsar y Anton Corbijn cuya relación con el grupo comienza con unas fotografías que forman parte de la imagen con que se recuerda al grupo y que terminaría con el documental oficial Control.

Even so, we recognized Ian”.

Y, por supuesto, Annik aparece en el libro. “She was strong, independent, very into her music, intelligent and pretty into the bargain”. Como quien me presto el libro.

Fichas
Peter Hook
Unknown pleasures. Inside Joy Division
It Books, 2012

“Cohabitamos el ruido, el filo de los altoparlantes” (Daniel Bencomo)
‘Cohabitantes del Ritmo. Una Biblioteca Pop’ es una columna de José Luis Amador Justes