Condé Nast compró a Pitchfork y algunos ya creen que van a aplicar un “Lifeboxset”


Pitchfork, uno de los portales más influyentes de habla inglesa, especializado en periodismo musical, y conocido por calificar un disco de Jet con un video de un simio orinándose la boca (es cierto, acá está dicho review), ha sido comprado por Condé Nast, casa editorial dueña y padrote de publicaciones altamente reconocidas como la GQ, Vogue, Wired, The New Yorker y Vanity Fair… y bueno, nunca falta quien diga “pinches vendidos”, “ya van a hablar de moda”, “eran independientes”, “van a hacerse como Lifeboxset”. Y la verdad es que hay mucho de ello que creemos falso o que ni al caso.

En resumen, es cierto, Pitchfork Media, en conjunto con su edición cuatrimestral impresa The Pitchfork Review y todo su engranaje de festivales en Chicago y Paris, pertenece a la compañía neoyorquina ahora, pero vamos, tampoco es para que tengamos miedo y dejemos de leerlos. Es decir, claro que Condé Nast tiene entre sus filas un amplio catálogo de moda, lifestyle y hasta una publicación para que futuras novias planeen su boda de ensueño, pero por otro lado, medios especializados en tecnología han seguido su misma brecha sin contaminarse de tópicos ajenos.

Así que, ¿ya se pondrán a hablar de moda?, ¿Para qué? Los güeyes de Pitchfork saben un carajo de cómo combinar colores seguramente. ¿Ya no van a ser “indies”?, como empresa no, es obvio, pero poco nos importa mientras editorialmente sigan siendo sanos y libres del yugo de intereses comerciales de su ahora compañía. ¿Van a hacer un “Lifeboxset”? Para nada. No es como que vayan a hablarnos de condones, contenidos virales, cosas de ciencia exprés o de cómo vestirse a la Alex Turner de los Arctic Monkeys… y de música, sí. Que conste, no es crítica, nomás lo que es.

Además, los tipos de Condé Nast saben que necesitan más audiencia y una publicación de música en su catálogo los hace ver más galanes y bien peinados… porque sí, a esos güeyes sí les interesa verse bien cromados. Entonces, calma, seguro seguirás viendo a Mac DeMarco y a St. Vincent en dicha página.

Vía The New York Times