[Reseña] David Bowie – ‘Blackstar’: Con cicatrices que no pueden verse


En circunstancias así, en las que un álbum se ha convertido en una forma de decir adiós y confirmar la inmortalidad –pese a la paradoja– de uno de los iconos más grandes que la música ha tenido, calificar dicha obra es quizás inútil; ponerle un porcentaje; darle un score; sumarle 5 estrellas… ¿para qué? Este álbum, Blackstar, posee solo una, de color negro, y es la única que necesita.

Es este el primer review discográfico que no calificamos en el sitio, y más bien, repasamos brevemente, pues en realidad, hablar de la última producción del inglés significa tomar 69 años de una vida plena y transcribirlos a un tecleo. Repasamos el Blackstar de David Bowie fugazmente, así, como se nos fue de este mundo.

-Uziel Palomino | @uzielpalomino


Reseña por Samuel Nava | @stupidtobegin

Justo el día de su cumpleaños 69, David Bowie decidió lanzar el disco número 25 en su carrera, mismo que unos días después se convertiría en lo último que podremos escuchar de uno de los más grandes artistas de nuestro tiempo. A veces así de caprichoso resulta el destino.

Blackstar es un álbum estético, con aproximaciones al jazz experimental, por momentos solemne y con mucho de introspección y melancolía… ahora entendemos el porqué. Fue también su manera de despedirse del mundo, haciendo antes de la muerte lo que más amó en vida: música.

Con siete temas y casi 50 minutos, el nuevo –y último– viaje de Bowie inicia con el tema homónimo al álbum y que ya habíamos escuchado como parte de dicha promoción discográfica. Casi diez minutos de atmósferas, de experimentos sonoros, de coquetearle al jazz y de demostrar que el cambio siempre fue lo suyo. Siempre tan camaleónico.

En “It’s a Pity She Was a Whore”, los tintes de jazz se vuelven más que evidentes, aquí el frenético saxofón se hace uno con el alterado canto del Duque. Le sigue la inmensa “Lazarus”, uno de los puntos más altos del disco –quizás el más. En ella, David apuesta por una mayor sobriedad a sabiendas que menos es más y que en sus manos, un tema con tres acordes y una sutil base rítmica, es suficiente.

Sue (Or in a Season of Crime)” inicia más dinámica, más rítmica; de nuevo la voz de Bowie está cantándole a la desesperación mientras se desliza entre arreglos de sax y una arrítmica batería, que en conjunto, producen una sensación escabrosa.

Girl Loves Me” remite a esa teatralidad en la que siempre desarrolló su música y su misma esencia. “Dollar Days” es de los momentos más enternecedores del disco, es el punto en el que todas las emociones terminan de explotar, y “I Can’t Give Everything Awaynos recuerda el gusto por la melodía y la construcción de realidades, además de claro, ser una enorme canción en todo sentido. La última del álbum también.

Personajes como Donny McCaslin (el hombre detrás de ese furioso saxofón a lo largo del disco) y Tony Visconti, su eterno productor y amigo, juegan un papel importante en la última producción del legendario músico, y sin ellos, el título no hubiese sido el mismo, aunque es obvio que la lírica del inglés es el punto más significativo en esta carta de despedida:

Look up here, I’m in heaven…I’ve got scars that can’t be seen. I’ve got drama, can’t be stolen. Everybody knows me now” (“Mira aquí arriba, estoy en el cielo… tengo cicatrices que no pueden verse. Tengo drama, no puede robarse. Todos me conocen ahora”)… y claro, así será por siempre.