Cetáceos – Vi la película en la que Zac Efron hace de DJ y no está tan basureable como imaginaba


Cuando uno pone en perspectiva todo aquello que podría hacer mala a esta película tan sólo gracias a su tráiler, se encontrará con que a) Zac Efron no tiene ni la menor pinta de DJ; con b) el título con el que llegó a México es un tremendo desastre millenial (Música, amigos y fiesta); con c) ¿qué diablos es eso de minimizar el gear y aspiraciones de un músico? ¿Sólo una laptop y un track? Y d) ¿Emily Ratajkowski actúa?… vaya, hasta el momento la promesa de esta película es una gran bazofia.

Cuando uno por fin decide verla se encontrará con que, bueno, Zac Efron podría más o menos encarnar a un pinchadiscos convencional; que el titulo sigue siendo una basura pero nada se le puede hacer; que eso de las necesidades técnicas para triunfar era sólo figurativo y parte del argumento de la cinta; y que Emily no actúa, pero eso ya lo sabíamos.

Y como lo menciono en el título, es cierto, la verdad es que no la pasé tan mal viendo –de una forma bastante superficial, claro– cómo es que dibujan el espectro de la música electrónica en un producto visual de este tipo (uno facilón y medio gratuito a veces), además de que la película en general posee guiños y detalles visuales que no me esperaba, específicamente cuando describen con varios cortes y tipografías el Valle de San Fernando, o la secuencia en la que se drogan en una fiesta y las pinturas ahí situadas toman vida mientras se escucha de fondo una gigante canción a cargo de Pyramid.

Pero más allá de que, finalmente es un drama y no tiene otra intención más que quedarse en eso, la cinta de repente hace uso de la cultura musical, cosa que se agradece hayan considerado aunque sea brevemente, por ejemplo, cuando el personaje de Zac explica en qué tantos bpm se basan ciertos géneros; que de alguna forma todo puede ser grabado y sampleado para una canción; y obvio, las referencias a algunos festivales de electrónica que luego van apareciendo. No hay mucho más sobre eso, finalmente no se trata de un documento fiel al género pero al menos, de manera muy blanda, retomaron algo de ello. Sí, una microscópica parte.

¿Qué hay del soundtrack? Es decir, se trata de una historia de un DJ en ascenso, al menos debería haber buenos tonos asomándose por ahí, y la verdad es que está pasable: la mayor parte de los temas que lo componen son como de antro y mucho putazo ravero que deja noqueado y aturdido, no tan disfrutable para los más minimal. Las piezas que rescata la sonoridad del largo son pocas pero infalibles: un remix de Pete Tong Kingstown a una canción de Hayden James, la inconfundible “We Are Your Friends” de Justice, la grandiosa reversión que la DFA le hizo a “Sister Saviour” de The Rapture, una remezcla a “Desire” de Years & Years que pese a que no está mal, la terminé odiando por la empalagosa escena que fondeaba, y la última canción que aparece en la cinta y con la que el protagonista se redime, creada originalmente por Pyramid, a quién también se le suma otro gran track titulado “See You In The Other Side”.

Al final es sólo un drama con momentos fortuitos y con poca lupa a lo que pasa realmente detrás de las tornamesas, los controladores o los sintetizadores, pero quizás el argumento principal de la cinta –y que tenazmente se busca– no está tan errado: la premisa del “sólo un track”, porque de ahí, podría ser cierto, se desprende todo. No vamos a encontrar nada revelador o aprender del género, para eso podemos darle una vuelta al Pump Up The Volume o al High Tech Soul y ver un par de documentales de a neta que retratan el house y el techno respectivamente. Mientras tanto, puedo decir que la película en la que Zac Efron la hace de DJ no está tan basureable como me había imaginado, y eso, ya es ventaja.