[Reseña] Bloc Party – ‘Hymns’


Unos años antes de que el cambio de milenio nos alcanzara, en 1997, ‘Young Team’, el aclamadísimo álbum debut de Mogwai, fue lanzado a través de Chemikal Underground rodeado de calificaciones positivas en demasía. Un año después, Kele Okereke comenzaría a formar la agrupación de la que hoy aún es líder, y que influenciado hasta las entrañas por aquel disco de post rock, lograría conformar el sonido insignia de una de las mejores bandas de Londres a mediados de los dos miles.

Es difícil recordar que Bloc Party fue, en su momento, la banda más influyente que el UK había exportado a una hambrienta generación que creaba y consumía música indie al por mayor en todo el mundo, y que a pesar de su innegable ascendencia musical, de alguna extraña forma, se mantenían también un poco aparte de la tradición que caracteriza al britpop más purista o evidente. Su música parecía ser parte y no. Y la década pasada vio entre sus lanzamientos más destacados un álbum debut –me atrevería a decir– perfecto y sin desperdicios titulado ‘Silent Alarm’, uno que aun y luego de poco más de diez años de su estreno, muchas agrupaciones envidiarían situar en su repisa.

Las cosas han cambiado por completo para el conjunto inglés, desde su alineación hasta la mediocre reinvención de su género, o más bien, el deterioro del mismo. ‘Hymns’, el quinto largo de los ingleses, es por mucho el esfuerzo más blandengue, flojo y frágil que la banda ha hecho, incomparable con alguno de sus previos trabajos y con minúsculos destellos que hubiesen podido ser el camino ideal de un material que es sólo imaginable.

En su mayoría, los temas han economizado en la instrumentación, los cambios son repetitivos, los coros son intrascendentes y se opta por el gancho fácil, los arreglos sin brillo y rimas sin mucha sustancia… “The Love Within”, el primer sencillo del álbum, es la muestra del declive; un tema incomodo que se debate entre la innata esencia de una banda de antaño y el posible y vano intento de sonar a más pop; en “So Real” la estructura de la canción es tediosa, con una guitarra sin aporte, al igual que en “The Good News” –la canción que le sigue– y en “Into The Earth”, otro tema con nula frescura y sí mucho reciclaje brit de innumerables fuentes. Y “Virtue”, bueno, es como una mejorada extensión del tema inicial, hasta se usan los mismos efectos.

No es el pésimo disco de Kele y compañía, pero sí una insípida mezcolanza que a ratos suena incoherente; por un lado, se manifiesta una parte más simplona del cuarteto, y en momentos de más lucidez, el conjunto se muestra recio y más oscuro, sin tanto color pero con mucha más profundidad demostrada en guitarras, delays y palos secos de batería, incluso si se tratase de una balada.

El único problema en el binomio de este álbum recae en su líder: ¿Qué es entonces Bloc Party ahora?; ¿Aquellos que llegaron a un sonido monótono y sin mucha imaginería?, ¿O aquellos que retomaron brevemente los básicos de la banda en canciones como “Only He Can Heal Me”, “Different Drugs” o “My True Name” –y que salen por completo de aquella otro desabrida faceta? Porque en momentos, éstos últimos temas bien pudieron figurar en un tercer disco solista de Okereke y calzar con precisión sin necesidad de la banda completa.

Es cierto que tampoco se le puede pedir a un grupo que se quede en su privilegiado lugar después de una quinteta de grabaciones de estudio, pero inconscientemente, aquel álbum de Mogwai tenía en su primer tema, “Yes! I Am a Long Way from Home”, el sonido de Bloc Party condensado en casi seis minutos y con algunas –pero controladas– fugas para la experimentación, mismas que aprovecharon en los años siguientes. Hay algo de ese sonido que aún se les puede escuchar en ‘Hymns’, pero que lamentablemente, se vaporiza frente a la presencia de insignificantes canciones que no harán de este disco uno para recordar o inspirar.