beGun: “El arte del sampleo invita a no ser descubierto, a salirte del contexto”


Gunsal H. Moreno, mejor conocido por su nombre en escena, beGun, se ha convertido en quizás, el primer productor que llama a su creación sonora como música landscape, esto principalmente por la enorme carga de elementos que conforman cada uno de sus tracks, convirtiéndolos en una especie de paisaje; ese podría ser su oficio principal en el género, el del paisajista electrónico, porque multifacético es desde su manipulación en los secuenciadores, sampleando, ejecutando en vivo y sobre todo, transportando. Transportando a ciudades, a lugares, a destinos… como lo indican todas sus producciones.

El músico español recién se presentó en el festival de Bahidorá, fecha que le abriría una serie de presentaciones más por todo México en promoción a sus ya conocidos temas y su venidero y esperado larga duración. Hablamos con el barcelonés acerca de sus inicios, la forma en que se desenvuelve fuera y dentro de la pista de baile, de las reglas del club, su gusto por samplear voces soul y RnB, de la movida en Ibiza, la inexistencia del “sonido Barcelona” y sobre la posibilidad de llamar a alguna de sus canciones como una ciudad mexicana.

Muchos saben que comenzaste tocando el violín y estuviste en un conservatorio, pero realmente, ¿en qué momento te acercaste a una computadora, comenzaste a aprender ableton e hiciste música electrónica?

Ese cambio de chip viene de una inquietud de tipo compositiva; cuando uno toca el violín no deja de interpretar melodías o armonías que alguien más ya ha hecho, y yo quería hacer nuevas cosas en base a lo que uno le gusta; es el espíritu que te guía, el crear desde cero y pasar de ser intérprete a un creador. Eso del “chip”, fíjate que fue aumentando a medida que me fui metiendo en el mundo de los secuenciadores digitales, a nivel de Cubase, Ableton, Logic… y entender y ser consciente, de manera autodidacta, de la capacidad que uno puede alcanzar a nivel de producción, el limite lo pone tu imaginación porque las herramientas ahí están. Todo empezó desde que pensé que de tocar un violín, podía tocar 30 al mismo tiempo.

Te has descrito como un paisajista al hacer música electrónica bajo el nombre de beGun, ¿existe actualmente otro tipo de rol en el que te gustaría experimentar dentro del género?

Es bien interesante eso, porque justo este último año ha sido de grandes cambios pero también de mucha reflexión: cuando nació el proyecto en 2013, tuvimos inmediatamente dos años fuertes en cuestión de releases, de muchos shows y giras, entonces necesitaba distanciarme un poco para preparar un disco; desaparecer un poco para volver a aparecer. Es importante también jugar con los tiempos porque no tiene ningún sentido siempre estar en la primera línea, y me he dado cuenta de la necesidad que tenía de ampliar el espectro musical no sólo como beGun, sino como Gunsal, como yo, desde una perspectiva más profunda.

Lo que echo de menos es ofrecer otra cara de la moneda, una más electrónica, más contundente, más experimental y menos pop… beGun tiene esa esencia pop que hace de la música un concepto paisajista, pero siempre con esa vinculación a estructuras electrónicas. Yo echaba de menos esa parte más oscura a nivel personal, pero tener como varios aka’s también te ayuda a enriquecerte como productor y a cada uno de esos proyectos le toca una parte. Para este año estoy preparando una faceta más electrónica pero manteniendo esa parte emotiva, y aun así, algo más orientado al club… que digan: “el chaval también es capaz de hacer música más bailable”. Lo importante no es la marca que ofreces sino la persona detrás que la crea. Es importante abrir el abanico estético y estilístico, y que obvio no deja de ser una especie de challenge a nivel profesional y personal.

¿Qué otro músico crees que se pueda asemejar a la misma labor del paisajista electrónico?

Hombre, eso es complicado en realidad. Siento que el discurso de este proyecto se inspira en muchas cosas pero en nada en particular; fíjate que al principio yo pensaba muy inocente, creía que sería buena idea agarrar una serie de hashtags ya existentes –llámales future dupstep o cualquier otro– pero que estuviera de moda para que cuadrara, pero luego pensé, ¡qué estupidez!, porque en realidad esto es muy volátil; lo que está de moda hoy, mañana va cambiar, entonces al final decidí “inventar” un hashtag o una categoría, y hacerla mía, algo muy de identidad, y apoyado por ideas como el titular las canciones con nombres de ciudades y conformar algo a lo que le pudiera llamar música landscape. Y bueno, no te diría que me pertenece esa etiqueta porque no tengo ni el copyright ni seré el único, pero me da la sensación de que he logrado proponer una nueva estética y no me he quedado con lo que ya había. Esto luego es bueno y es malo, porque a veces la música electrónica necesita siempre una referencia; la gente necesita decir algo como “suena a James Blake”, “suena a Moderat”… y es bastante difícil encontrarse en un océano buscando una referencia clara.

Incluso escucho en las canciones de beGun reminiscencias a Sigur Ros, a Massive Attack, a Yppah, etc… hay muchos elementos en beGun que lo conforman como una gran totalidad fuera del espectro de la electrónica más aparente, ¿no?                                                                                                                                                                                         

Si, sí, estoy totalmente de acuerdo, al grado de decirte que me ha influenciado más Sigur Ros que Gold Panda, y este último es un artista que a priori, podría parecer más cercano a lo que hago por muchas cosas. Es más una cuestión de cómo uno se inspira, por ejemplo, en un factor estrictamente técnico uno se fija más en las mezclas que ha usado tal artista, en el tratamiento del bajo, el sinte o las vocales, eso es más técnico. Una inspiración más de tipo emotiva se traslada al mensaje que te da una canción. Yo desde pequeño he escuchado mucho a Radiohead, ¿mi música se parece? No, puede tener reminiscencias muy lejanas, pero al final esa parte muy emotiva de alejarte de la pista y colocarte en un terreno de exploración electrónica más abierto –más cercano al indie incluso– se ve reflejado en lo que hago. En definitiva, como en muchos proyectos, te das cuenta que todo es un gran sumatorio de las influencias de toda una vida, pero el mérito es saber sumar bien. A mí lo que no me llena es cuando escucho a un artista y digo, “me suena tan parecido a alguien”; toma en cuenta esto del dubstep, surgió Skrillex y luego una manada de artistas que sonaban como él, igual que con Disclosure, cuando ellos nacieron vinieron otros ingleses a replicar la fórmula. Y su mérito es que han sabido copiarlo muy bien, pero es una copia, no aportas nada al mercado musical, sólo sumas a una bolsa que ya fue creada. Por el contrario, valoro cuando escucho algo como Kiasmos, quizás no están inventando nada nuevo pero han encontrado algo muy atractivo: emocionarte y hacerte bailar a la vez, y eso es muy complicado… o la banda te hace bailar o te llena de emotividad, las dos al mismo tiempo es un reto.

“Es muy difícil hablar del presente continuo de una escena porque es un poco pedante: ‘mira, vengo de la escena’… ¿pero cuál? A ver si en 10 años sigue viva. Se están sentando las bases de una cierta escena sólida, pero lo que sí no hay en Barcelona es un sonido, esa etiqueta de Barcelona Sound no existe”

Supongo, por la lógica del proyecto de beGun, que tienes un show específico para hacer clubbing y uno más completo, por ejemplo, ¿qué vimos en tu actuación de la Boiler Room?

Ahí estaba en un término medio, como pseudo-clubbing, además de que el evento y el horario permitían indagar en un terreno electro que no estuviera destinado a bailar en grande pero que pudiera hacerte sentir algo más. Al día de hoy sí hay diferencia: yo no puedo ir a un club a las 2 de la mañana y defender un discurso como el de la Boiler Room porque no llenaría, la gente no lo entendería… ya de entrada empezar a 90bpms es muy raro. El mundo del club funciona con unas normas y unas directrices claras: debe haber un bombo a negras, clarísimo, y de ahí no te puedes salir demasiado, y cuando estoy tocando en formato club intento respetar la identidad de mi proyecto pero dándole un feel más movido, orientado a la pista de baile y sin perder de vista que el objetivo de un dj es que la gente baile. A nivel de directo –del live–, lo disfruto más porque es tu verdadera música, ahí da igual si bailan o no porque ese no es el objetivo. Es importante saber cómo está planteado el mercado, hay una sobredosis de oferta y uno debe aprender a flexibilizarse a las diferentes circunstancias; yo no te presentaré lo mismo un sábado a las 7 de la tarde que ese mismo sábado a las 3 am, y eso no significa que tenga 20 mil caras, otros te dirán “yo haré lo mismo en todo lugar”, genial, altamente respetable, pero yo me muevo en un terreno más orgánico y eso me permite ofrecer algo más variable.

Ahora que hablas del live, sé que presentas un audiofilm exclusivo de tus shows, ¿se podrá ver alguna vez en línea?

En realidad ese audiofilm, como tal, no ha salido en ninguna plataforma. Ese tema tiene una explicación, y es que al proyecto, desde el principio, quise darle algo muy visual, en el sentido de que tú, como espectador, puedas darle un valor añadido al convertirlo en una experiencia que suponga un viaje no sólo a nivel musical. Pensamos que sería buena idea que, al desarrollar un disco entero, hacer un live en donde se proyectara una película sería complementario; el proyecto consiste en 12 canciones a las que les corresponden 12 videos, y que juntos forman una historia a forma de filme, ponle 50-60 minutos. Claro, si yo mañana saco ese metraje y lo cuelgo, el live como lo conformamos ahora, perdería toda su gracia, porque en vivo podemos montarlo como queramos y editarlo en el momento que sea, jamás existiría un montaje definido porque el orden de las canciones en el show nunca será el mismo, por eso queríamos mostrar algo al público que fuera exclusivo de los shows y permitirle tener varios finales. Nadie puede ver la versión final y decir que esto ya ha acabado, la única forma de entenderlo es asistiendo a un concierto y convertirlo en una experiencia única, porque la siguiente presentación ya no será igual.

Leí que tienes una gran biblioteca de acapellas y librerías con muchas voces de RnB, hip hop, motown… ¿cómo fuiste conformando este tipo de recursos para usarlos en tus temas?

Te diría que es una cuestión de tiempo, de mucho. También es verdad que he aprendido a usar menos sampleos porque luego eso me puede poner en problemas de derechos. Hay que tener mucho cuidado con samplear vocales muy reconocibles, es mejor buscar sonidos, escarbar discos, explorar las disqueras que te gustan, o que tengan un giro más de soul y RnB, incluso sellos que ya han desaparecido, ripear vinilos… es todo un digging de internet. En el caso del próximo disco, éste tiene una orientación más africana, y fue una gran labor el acceder a grabaciones de tribus africanas o canticos del estilo. No soy fan de samplear más que sólo las voces; no soy cantante y no canto bien, entonces luego necesito apoyarme en esos recursos.

Y todas estas voces pertenecen a géneros muy entrelazados, cobijados por la cultura negra en general

Sí, pero más que gustarme o que me dejen de gustar, es que el recurso vocal del RnB y de la música soul suelen ser melodías vocales muy completas, con mucha cadencia y muchos elementos que, sacados de contexto, son fáciles de introducir en música electrónica con un estilo más paisajista como lo que hago. Creo que el arte del sampleo también invita a no ser descubierto, a salirte del contexto, al menos bajo mi opinión, porque si mañana decido samplear a Nelly Furtado es muy probable que al día siguiente todo mundo se dé cuenta. Suelo buscar sampleos menos reconocibles, por ejemplo, Beyoncé ha sido sampleada millones de veces, entonces claro que no la usaría, es muy evidente, y la gracia de esto es poder distanciarte del artista original y llevarlo a algo muy tuyo y que por supuesto, no se note, y no por un tema tanto de copyright, sino por demostrar tu talento.

Puede ser que España, en general –y de manera errónea–, sea considerado como un destino para la fiesta gracias a todo esto de la cultura Ibiza, pero seguro que hay mucho más en materia de electrónica tanto en la isla como en todo el país…

Claro que Ibiza no es lo único que nos llega, la escena no se basa sólo en Carl Cox, Axwell, Guetta y los tops, pero cuando hay tanta riqueza electrónica a nivel de oferta quiere decir que hay también un submundo de géneros menos mainstream que conviven en esa misma isla, pero que quedan totalmente eclipsados por esa primera línea de fuego, que además, es top a nivel mundial. También, a nivel de un contexto físico, Ibiza es imponente: el que sea una isla la convierte en una especie de paraíso, y que al final, es el gran paradigma de la música electrónica y los festivales de verano; es una mezcla de playa, de clubs, de ambiente. Y también influye un factor histórico: poco a poco ha sido considerado como un sitio de desconexión, es un lugar separado del continente, es un ente físico en el mapa que se presume como independiente; lo que pasa en Ibiza ahí se queda, porque total, estás en una isla. Todo eso fue evolucionando a la dinámica musical en la que estamos ahora y los promotores vieron el filón de convertirla en una discoteca. En Barcelona es diferente, no hay una movida así, hay más cosas que florecen y tienen un peso específico en la escena de la ciudad.

¿Y esa escena barcelonesa podrá crecer en grande en, digamos, 10 años?

Siempre he pensado que la escena no sólo la conforman los músicos, sino muchos elementos más como la prensa y la gente que es aficionada, una escena no es sólo aquel grupo que hace la música. Lo que pasó en Berlín es que había muchísimo interés por parte del público por ese sonido minimal de techno oscuro, y había muchos artistas y productores trabajando juntos, todos llevaron eso a un sonido acotado. Nosotros hablamos mucho de ese sonido que no tiene Barcelona, pero lo que hace falta es un poco de distancia temporal, es muy difícil hablar del presente continuo de una escena porque es un poco pedante: “mira, vengo de la escena”… ¿pero cuál? A ver si en 10 años sigue viva. Se están sentando las bases de una cierta escena sólida, pero lo que sí no hay en Barcelona es un sonido, un sonido que puedas decir “mira, todo lo que se hace en Barcelona suena así”, esa etiqueta de Barcelona Sound no existe, hay muchísimos proyectos interesantes en su propio género, quizás unos suenan con más bases de música hecha en Inglaterra o Alemania. Yo, siendo de Barcelona, me cuesta entender la ciudad como un compacto porque no hay un sonido del que se trabaje en conjunto, hay muy buen rollo entre todos y buena colaboración, pero desde fuera no se nos percibe como una ciudad creadora, Inglaterra no nos ve así, y ellos son la cuna de la música electrónica. El único proyecto que ha explotado a nivel internacional y que venga de Barcelona es quizás el de John Talabot, Delorean tal vez, pero luego los demás la verdad no tienen buena proyección internacional o hasta europea; es complicado acceder al mercado porque éste suele ser muy hostil con lo que viene de fuera del Reino Unido, es más fácil entrarle desde México, Perú, Argentina o Colombia, te lo puedo asegurar.

¿Por qué un proyecto latinoamericano sería mejor recibido por el consumidor inglés?

Por algo muy sencillo, por ejemplo, el concepto de cumbia electrónica –ese sonido latino moderno pero que respeta las raíces– es algo que en Inglaterra no tienen porque han vivido siempre de una escena más dub, más oscura, y a este mercado le resulta muy exótico, y por ende, interesante. Nadie en Oxford o Manchester andaría tocando esta música latina 2.0. ¿Qué pasa con Barcelona? Todo lo contrario. Está muy cerca de Londres, y esa influencia no ayuda a ser más exóticos; yo no podría hacer música tradicional española contemporánea, ni de coña, lo mío no tiene nada que ver con el flamenco o la música tradicional catalana. Yo estoy compitiendo en ese mercado con un tipo que también hace electrónica, pero la hace desde Brighton, y al inglés le parecerá más adecuado apostarle primero a un local que a alguien fuera de la isla, y ese proteccionismo afecta, y no lo digo yo, es una conclusión a la que he llegado con los años y con gente con la que he trabajado dentro de ese mercado, porque no suponen lo que haces como algo nuevo. Si por ejemplo, hiciera flamenco techno, eso sería bien diferente porque nadie en Inglaterra se va a animar a hacer algo así.

Sobre el concepto que tienes de titular tus canciones con nombres de ciudades, ¿habrá algun destino imposible de plasmar?

¿Quieres que te diga uno? Barcelona.

Entonces nunca harías la canción de Barcelona…

Sería muy presuntuoso. Cuando hice “Madrid” fue porque un festival me la pidió, pero si fuera por mí no la hubiera hecho. Me gusta que la música te permita viajar a un lugar que no conoces, que ni yo conozco siquiera; este nuevo disco tiene nombres de lugares en los que no he estado ni yo, y la verdad no necesito estar ahí para inspirarme y hacer ese viaje mental. Barcelona me parece muy evidente, seguro que mis amigos me castigarían y me dirían “hey, esto no me suena para nada a Barcelona”.

Vienes seguido a México, ¿hay alguna ciudad que te inspire a hacer un tema?

Bueno, estuve a punto de nombrar a una canción Monterrey, aunque por otro lado, he estado tantas veces en el DF que me encantaría dedicarle una canción, lo que pasa es que debería buscar la manera para llegar a ese resultado… pero ahora he visto que todo es “CDMX”, y a nivel de nombre eso es más atractivo, creo. Ya tenía ganas, no es nuevo, pero el nombre no tenía mucho gancho, ahora tiene más gracia que si sólo le pongo “Ciudad de México”, así textual. Quizás en un año, si volvemos a hablarlo, ya te de la sorpresa de que hay una canción que tenga un título bien mexicano.