Cohabitantes del Ritmo. Una Biblioteca Pop – “Lo que yo quiero ser todavía no se ha inventado”


-Para Andrea, con retraso, por su cumpleaños.

Novelas y cuentos sobre músicos hay miles, novelas sobre la industria y los fanáticos musicales hay cientos. Pero, ¿cuántas novelas hay sobre críticos musicales que, además, son mujeres? Creo que sólo una.

La contraportada es clara.

Si eres una adolescente con unos kilos de más, te masturbas con sigilo para no despertar a tu hermano pequeño, vives en Wolverhampton, formas parte de una familia numerosa con una economía precaria, tienes un padre con aspiraciones nunca cumplidas de triunfar en la música, que abusa de la botella, y una madre depresiva, la vida puede ser un asco. Si para colmo haces el ridículo en la televisión local leyendo un poema, probablemente ha llegado el momento de tomar una decisión drástica. Empezando por cambiarte el nombre”.

Y las primeras frases no desentonan de lo prometido.

Estoy tumbada en la cama, al lado de mi hermano Lupin. / Él tiene seis años y está dormido. / Yo tengo catorce. Estoy despierta. Me estoy masturbando. / Miro a mi hermano y pienso, con dignidad. ‘Esto es lo que querría él. Querría que yo fuera feliz.’ / Porque mi hermano me quiere. A él no le gusta que esté estresada. Y yo también lo quiero; pero no debo de pensar en él mientras me masturbo. Eso no está bien. No puedo permitir que mis hermanos se paseen por mi territorio sexual.

La Moran lo tiene muy claro. “Quiero escribir libros que hagan a la gente más feliz, o que sepan qué hacer cuando te encuentras follando con un tío que la tiene enorme. No hay que limitarse a hablar de lo malo, que siempre estará allí, hay que hablar de las cosas buenas, no de forma aburrida, sino ‘cool’, sucia, divertida, sexy y polémica”. Y, además, la cumple. Porque el lector no para de sonreír, reírse y (en momentos gloriosos como el de cómo manejar un pene descomunal) carcajearse acompañando Johanna Morrigan en el recorrido desde el peor suburbio de toda Inglaterra a la redacción de una revista musical en Londres.

La primera vez que se encuentra el lector a Johanna, después de su labores autoamatorias, es presentándose a un concurso de poesía por televisión y ¡ganándolo!, algo que no ayuda mucho a la imagen de una chica adolescente feúcha y pobre. Por eso, y para encontrar una nueva personalidad más acorde con sus sueños decide cambiarse el nombre a Dolly Wilde y convertirse, a pesar de que no le gusta ni ha escuchado música moderna, en crítica musical.

“Yo lo que verdaderamente quiero, es ser hermosa”. 

Pero la nueva Dolly no parece que vaya a hacerse hermosa de la noche a la mañana y por eso decide trabajar. Y para trabajar como crítica musical tiene que escuchar, por primera vez, la música que se supone que le debe gustar. Es decir, ir a la biblioteca y pedir discos sobre los que ha leído en revistas, en las revistas en las que aspira a trabajar. Y uno de sus primeros trabajos es acudir a reseñar un concierto de los Smashing Pumpkins, que ni ha escuchado antes ni le van a gustar mucho. Un concierto al que además va con su padre que sueña con que ella sea una gran periodista musical para que al fin alguien haga caso a sus horribles demos.

“Al principio me sorprende lo agradable que es tenerlo en la boca; lo encuentro francamente reconfortante. Es como chuparte el pulgar, pero mientras haces inmensamente feliz a otra persona”.

Una vez conseguido el trabajo, y con los constantes viajes a Londres y a pubs con interminables discusiones musicales y a fiestas, Dolly descubre el mundo del sexo. Pero no el sexo bonito de Hollywood o el de otras inglesas como Bridget Jones, sino un sexo en bañeras con grupos de tercera fila borrachos, un sexo al que se añade una inconfesada inexperiencia lo que da lugar a escenas ridículamente reales.

“No tengo ninguna plantilla para saber en qué momento del acto sexual encaja, ni cómo. ¿Qué hago, me corro antes de follar, o después? ¿En qué orden suelen ir estas cosas? ¿Cuánto tengo que tardar en correrme? ¿Tardo demasiado? ¿Tengo que renunciar si con un tío tardo más de cuatro minutos, por decir algo?”.

Pero de lo que trata la novela es de “cómo se hace una chica” y no de los múltiples encuentros (o, mejor dicho, desencuentros) amoroso-sentimentales-y-sobre-todo-torpemente-sexuales de Johanna, ahora Dolly, sino de encontrarse a sí misma, de decidir no quién quiere los demás que sea sino quién quiere ella realmente ser. Ser una Johanna / Dolly que es como siempre hemos querido que sea, una chica ideal a la que le gusta la música.

¿Por qué no más citas de la novela? Porque las cosas que cuenta Caitlin Moran sólo pueden ser contadas como ella las cuenta. Y, además, sería quitar placer a descubrir los mil y momentos hilarantes de ‘Cómo se hace una chica.

Ficha
Caitlin Moran
‘Cómo se hace una chica’
Anagrama
, 2015

“Cohabitamos el ruido, el filo de los altoparlantes” (Daniel Bencomo)
‘Cohabitantes del Ritmo. Una Biblioteca Pop’ es una columna de José Luis Amador Justes