Silver Rose: “Al principio pensé que esto iba a ser más ruidoso; quería dirigirlo más hacia lo psicodélico”


Un día, Carla Sariñana decidió sacar las ideas e inquietudes que (seguramente) todo músico debe traer, decidió dejar de lado el bajo y volverse el rostro y voz de su propio proyecto. Así, dejó de ser “la bajista de Ruido Rosa” –cosa que para empezar, le ha costado su trabajo, trayectoria, dedicación y entrega– para convertirse en el rostro de Silver Rose.

Con un sonido saturado de distorsión y fuzz, apegado mucho al shoegaze y con coqueteos al dreampop, Silver Rose está en aras de presentar su primer EP, el cual podremos escuchar completamente durante su presentación en el próximo Festival Marvin. Así pues, tuvimos la oportunidad de hablar con Carla, preguntarle sobre su nueva banda, sus influencias y por qué la escena de Los Ángeles fue el lugar perfecto para desarrollar su sonido.

Hasta hace unos meses lo último que supimos de ti fue que eras la bajista de Ruido Rosa. Ahora eres Silver Rose, tu propia banda, ¿cómo pasó?

Me fui un tiempo a Los Ángeles, ahí me desarrollé muchísimo más. Ya desde aquí llevaba algunas canciones escritas, tenía un rato componiendo, experimenté con otro tipo de música, quería ver qué me salía a mí sola. Empecé a tocar con una banda de la ciudad, The Wallburds, ellos me ayudaron a terminar las canciones y a maquetarlas. Luego empezaron a salir shows y fue todo.

Dices que desde que te fuiste llevabas ya ciertas ideas y tenías ya cosas compuestas, pero ¿en qué momento decidiste dejar de ser “la bajista” para convertirte en  “la banda”?

Antes de irme ya quería poder hacer canciones yo sola, empecé a tomar clases de canto y demás. Quería experimentar con otros estilos de música, con cosas más shoegaze, psicodélico, y después de grabar los primeros tres demos y subirlos a internet, mucha gente nos escribió para decir que les gustó mucho. A mí personalmente me gustó mucho lo que estaba haciendo y yo soy mi crítica más fuerte. Fue mucho de hacerlo por mí y para mí.

De repente te viste tú como el rostro del proyecto para tocar nuevos instrumentos y ser la voz de Silver Rose… ¿cómo ha afectado eso tu concepción de la música y de tener una banda?

Tocar otros instrumentos, empezar a cantar y tener que preocuparme por todos los pequeños detalles en cuanto a composición y grabación fue una chamba más pesada e inusual de la que hacía antes. Pero eso me ayudó a valorar mucho más el trabajo de un guitarrista, de un vocalista, del productor… entendí mejor los roles de todos dentro de la banda.

¿Qué se siente ser la vocalista de la banda?

Me sigo poniendo muy nerviosa al cantar, es una de las cosas más extrañas del mundo. Pero ahí voy, poco a poco (risas).

“La escena independiente en Los Ángeles tiene un sonido muy específico, hay muchísimas bandas de shoegaze, de psicodelia, de un rockcito muy al estilo California y eso influyó mucho en mi manera de componer”

¿Qué tan diferentes son ahora tus procesos de creación? Antes estaba el resto de Ruido Rosa, pero incluso en este, tu propio proyecto, trabajaste con otros músicos…

Es mucho muy diferente. En Ruido Rosa podía sacar un riff, una idea general, o que alguien más podía aportar y después todas la trabajábamos y agregábamos algo. En Silver Rose yo hago prácticamente todo, la melodía, la letra, de qué se va a tratar la canción. Muchas veces parto del bajo, siempre me ha ayudado a sacar ideas, el ritmo me indica hacía dónde va a ir la melodía. Encima trato de agarrar los leads de guitarras, de mostrar las notas principales, los ritmos y acordes que van encima o al revés, meter la guitarra y luego el bajo. No hay algo establecido. Ya con las ideas de la voz y la letra, llevo la canción con la banda y ellos aportan ideas, las cuales voy filtrando.

¿Qué podemos encontrar en el primer EP de Silver Rose y cuándo lo podremos escuchar completo?

Está pensado para que salga en la primera semana de junio y van a poder escuchar las seis canciones. Ahorita los temas están en soundcloud, donde empecé a subir mis demos. Ahí pueden escuchar “Take Me Home” y “Sueño de Amor” que están también en todas las plataformas musicales.

En algún lugar escuché que fue tu estancia en Los Ángeles lo que le dio ese sonido shoegaze-dreampop a tu proyecto, ¿eso habría cambiado si te hubieras quedado en la Ciudad de México?

Probablemente. La escena independiente en Los Ángeles tiene un sonido muy específico, hay muchísimas bandas de shoegaze, de psicodelia, de un rockcito muy al estilo California y eso influyó mucho en mi manera de componer.

Muchos músicos experimentan a lo largo de su carrera con instrumentos, estilos… ¿estás ahora en el punto al que quería llegar Carla Sariñana como creadora en Silver Rose?

Es chistoso, porque al principio pensé que esto iba a ser más ruidoso, quería dirigirlo más hacia lo psicodélico. Una cosa es querer hacer algo y otra cosa es lo que te sale (risas) y siendo mis primeras composiciones, esto fue lo que me salió.

Obviamente al componer te das cuenta de qué puede funcionar para cuál proyecto, y entonces dices “esto sí suena a Silver Rose, esto no suena a Silver Rose”, pero dejé de pelearme por dirigirlo tanto, a veces cuando tratas de que suene muy psicodélico o muy rockero, deja de sonar genuino. Entonces sí, mis influencias son el shoegaze y la psicodelia, pero lo dejé fluir, que fuera lo que tenía que salir. A ver qué sale en el futuro, quizá me vuelva más dark o más pop, quién sabe (risas).

Estarás tocando el 21 de mayo en el Festival Marvin, ¿qué podemos esperar de este show?

Realmente nuestros shows son muy profundos, muy intensos, pero no son shows donde nos vayan a ver moviéndonos mucho o rockeando durísimo, porque las canciones no son así. Yo me encargo de plasmar el amor y la profundidad de esas canciones, no son canciones que vas a ir a brincar, sino que son temas que vas a ir a escuchar y a prestarles atención. Sí, puede ser un show muy intenso, pero también es uno muy introspectivo.

¿A qué bandas del Marvin no te gustaría perderte por nada del mundo?

The Polyphonic Spree, Lower Dens, hay muchas bandas mexicanas que también van a estar. Mi baterista toca en Annapura, tengo muchas ganas de verlos a ellos. Swing, muchísimas otras, que espero tener tiempo de ver.

Nos contabas de tu estancia en Los Ángeles, donde todo el tiempo hay música. Luego regresas a la Ciudad de México, donde todo el tiempo pasan cosas, hay festivales con bandas nuevas y otras no tan nuevas, ¿cómo calificarías el estado de salud de la ciudad?

Allá la escena es tan grande y hay tantas bandas, a veces es como claustrofóbico. Hay shows todos los días, con las mismas bandas tocando todos los días en los mismos espacios, a veces es demasiado para la gente y es difícil encontrar bandas increíbles a menos que se los vendas de cierta manera. Es demasiado. En México ocurre lo contario, sí hay bandas, pero faltan bandas buenas. Sí, hay proyectos, pero no a todos les dan espacios y eso es algo que un grupo debe ver a su favor y no en su contra. En la ciudad hay espacios y ahí la gente puede ir y verte, a diferencia de una ciudad enorme en donde todo el tiempo hay competencia. Entonces las bandas deben cambiar su chip, identificar las oportunidades que trae consigo estar en la ciudad y aprovecharlas.