Panoptica Orchestra: “Este nuevo disco refleja a un mundo visto desde Tijuana”


Cinco años pasaron desde que el mundo escuchó un disco completo de Panoptica Orchestra, el proyecto de Roberto A. Mendoza –y parte fundamental del Nortec Collective de hace unos ayeres. Con una sofisticada fusión de ritmos, instrumentos y  personajes, la Orchestra regresa con ‘Bajos Tiempos’, un viaje sonoro que va desde las calles de Tijuana hasta las playas colombianas.

Así pues, platicamos con Roberto acerca de esos larguísimos cinco años de ausencia y todo el proceso de composición y grabación, de su papel como productor y de todas las influencias que por tanto tiempo fueron pasando por el filtro tijuanense del productor.

Después de una larga ausencia andas estrenando disco. Cuéntanos sobre ‘Bajos Tiempos’ y en qué es distinto a tus trabajos anteriores…

‘Bajos Tiempos’ es un trabajo que hice a lo largo de cinco, casi seis años, desde el disco anterior. Este nuevo material lo trabajé por varios periodos, no fue algo pensado. En esos casi seis años de repente tuve muchas cosas que hacer: estuve produciendo, haciendo remixes o teniendo presentaciones, e iba dejando de lado las cosas. Cuando me di cuenta ya había pasado mucho tiempo y en 2015 decidí terminarlo para sacarlo este año.

En cuanto al sonido, la evolución con el pasado álbum tiene que ver con las cosas que tomé como influencia y que también tenían que ver con lo que estaba haciendo. Esas influencias eran más eclécticas; al principio la idea era seguir con el sonido de Nortec, pero usando elementos nuevos. Ahora sí lo noto como una fusión de elementos, esa es la gran diferencia y hace que este disco se distinga de los anteriores.

Pasaron más de cinco años desde el último disco, ¿cómo cambiaron esas primeras grabaciones después de tanto tiempo y qué tan diferentes se ven en el disco?

Hay canciones que hice hace cinco años pero otras las hice hace dos meses. Cuando trabajo los demos siempre hago los esqueletos cien por ciento electrónicos y voy cambiando los instrumentos, como los sintetizadores o los ritmos, por una sección de metales o un acordeón. A veces tengo una melodía pero no sé qué instrumento la va a hacer. Ese proceso de ver cómo y con quién grabarlo es largo. Si hubiera querido hacer un disco completamente electrónico lo hubiera tenido hace mucho tiempo, pero esa fusión lo hace diferente y me da mucho gusto combinar lo electrónico con lo orgánico.

¿Cómo definirías el  sonido resultante de esa mezcla de elementos?

Aunque odio la palabra fusión, creo que es la que mejor le va; es como el sonido de muchas partes regionales de la frontera con lo de muchas otras partes del mundo, todo filtrado a través de lo que hay en Tijuana. Es como decir que este nuevo disco refleja a un mundo visto desde Tijuana.

“[Tijuana] Es una ciudad que me había dejado de gustar y me volvió a enamorar. Pasan muchas cosas, algunas malas, pero muchísimas buenas. Es una ciudad que me invita a salir y convivir, a ver. Tengo la sensación de que es una ciudad hecha por gente de todas partes, no sólo de México; es una ciudad cosmopolita que tiene todo eso y aun así mantiene una identidad mexicana.”

Una de las partes más importantes del disco tiene que ver con las colaboraciones, ¿cómo nacieron y qué tan satisfecho quedaste con el resultado?

Las colaboraciones son bien importantes para mí. Como productor llego a un punto en el que pienso “hasta aquí llegué” y no porque no pueda hacer más, sino porque mi cabeza no está para ponerme a escribir otra canción. Entonces saco lo que va en las maquetas, estas van saliendo y me alejo de ellas para luego retomarlas. Ahí decido qué pieza iría bien con tal o cual cantante.

Así se dio la colaboración con Cineplexx. Me gusta mucho el pop que hace Sebastián, tiene un sonido retro y fresco, fue muy fácil decidir que debía invitarlo. Fuera de explicarle más o menos cómo iba la canción, él metió instrumentos como la guitarra, que es algo que en ninguna otra canción había tenido. Lo mismo pasó con “Hasta que Amanezca”, que es una canción que se hizo en colaboración con Zalama Crew. Ellos son colombianos y compartimos escenario en Medellín; su buena vibra y fuerza sobre el escenario me encantó.

Hablar de la colaboración con Leo Satragno, de Ultratango, es otra cosa. Lo conocí hace 20 años y hemos recorrido caminos paralelos porque fueron de los primeros grupos de synthpop, él en Argentina y yo acá. También fuimos los primeros en fusionar electrónica con la música regional. En algún momento se tenían que cruzar nuestros caminos y fue para este disco.

¿Cómo llevas toda esa fusión de sonidos, ritmos e instrumentos al show en vivo?

Gran parte del cambio del sonido es gracias a los muchachos del grupo en vivo. Ellos son la base y llevamos como 3 o 4 años juntos y los tengo grabados en el disco porque los quería metidos en el proyecto desde ya. Jazz Luna en saxofones, Miguel Ángel en el sax y trombón, Benjamín en acordeón y Ginjo en percusiones, son los mismos que tocan en vivo conmigo en realidad. La manera en que tocaban las piezas del disco pasado me gusta mucho y fue muy fácil integrar ese sonido. Ahora sólo buscamos reforzar el grupo, quizás sumar un integrante más.

Como productor y músico estás involucrado en todo el proceso de creación del disco, ¿cómo te sientes más cómodo, produciendo o componiendo?

Produciendo. Me gusta todo lo que involucra hacer música, pero el estar escuchando y ver qué puedes hacerle a las canciones, cómo hacer más épica cierta parte del tema o ver qué bajo le vas a meter a la canción es lo que más me resulta. A veces me paso días buscando qué bajo es el que voy a usar, y buscas y buscas hasta que encuentras ese sonido que sabes que tiene que estar y que no puede ser cambiado por ningún otro. Equilibrar todos esos elementos es la parte que me encanta.

¿Tienen planeada alguna gira o algo especial para presentar el disco?

Hasta ahora no tenemos fechas y me da gusto porque estamos en el proceso de cambiar todo. Estamos haciendo visuales y son cosas que la gente no ve detrás, pero que tenemos que trabajar con la gente de producción. Mi equipo de producción está en Guadalajara y los veo por internet cada semana, estamos platicando hasta de colores, sobre qué color le queda a cada canción, qué luces utilizar y todo eso. Todos los detalles están pensados, todo eso se discute y se planea. Lo que es seguro es que el próximo año vamos a estar viajando mucho dentro del país y fuera de él.

Dices que “Bajos Tiempos” suena a muchas influencias pasadas por el filtro de Tijuana pero, ¿cómo se ve Tijuana hoy?

Es una ciudad que me había dejado de gustar y me volvió a enamorar. Pasan muchas cosas, algunas malas, pero muchísimas buenas. Es una ciudad que me invita a salir y convivir, a ver; la parte gastronómica es increíble, me gusta salir a las calles sin preocuparme por problemas de delincuencia. Tengo la sensación de que es una ciudad hecha por gente de todas partes, no sólo de México; es una ciudad cosmopolita que tiene todo eso y aun así mantiene una identidad mexicana.

Si tuvieras que ponerle color al disco, ¿cuál sería?

Creo que la mejor respuesta la tendría mi diseñador. La portada la trabajé con Claudio Limón, es una persona con la que he trabajado antes y quiero que sea él quien haga todas las portadas futuras. Tiene una manera de trabajar muy peculiar, pues no lo hace hasta que escucha el disco completo, así se da la idea de qué colores e ilustraciones va a emplear para representar tu música. Me sorprendió cuando me enseñó toda esa mezcla de colores pasteles en la portada, nunca lo había visto así, yo me inclinaba más hacía cosas oscuras, pero él vio mucho más intensos los tonos brillantes en las canciones.