[Reseña] A Tribe Called Red – ‘We Are The Halluci Nation’


Tres años y un par de grabaciones han pasado desde aquel ‘Nation II Nation’ que engalanó el catálogo de los canadienses de A Tribe Called Red. Desde ese roce musical con el inicio de esta década, el mazo canadiense conformado por Bear Witness, Dj NDN y Tim “2oolman” Hill, ha sido considerado como uno de los conjuntos más demoledores si hablamos –en términos generales– de la música del mundo, pero en realidad, y desde la concepción del grupo, esto ha sido una clara y gigante demostración del powwow, o como su género lo indica, del powwow-step.

A través de una discografía que comprende cuatro EP’s y una tercia de materiales de larga duración, la tripleta de productores ha resignificado el powwow, insertando el término, como esencia, en cada uno de dichos lanzamientos. Pero si esa palabra hace referencia directa a las fiestas y congregaciones de los pueblos indígenas de Norteamérica, A Tribe Called Red concebía este nuevo álbum más allá de lo festivo: como un movimiento de liberación musical y social.

Y seguramente que toda esta liberación proviene del fallecido John Trudell (uno de los líderes del movimiento nativo americano), quien además de colaborar en voz y filosofía, configuró el título del álbum.

We Are The Halluci Nation’ inicia con un breve manifiesto que se alimenta de su propio género; canticos, aplausos, golpes profundos de percusiones y breves interacciones electrónicas… luego, la nación se hace notar. Hay elementos industriales y hay una fuerte influencia de sonidos mucho más densos que en anteriores lanzamientos; temas como “R.E.D”, “The Virus” y “Sila” conforman esa entraña en la primera mitad del disco, una que, aún con la unión de ritmos más nativos, el desplante de sintetizadores y procesos a lo IDM se destacan sobre el tramado.

Hay momentos que parecerían más significativos por su atrevimiento sonoro; “The Light”, con la colombiana, Lido Pimienta, une las dos principales propiedades del álbum en un solo tema que, con grandes impulsos vocales, termina por convertirse en una  pieza de guiños electrónicos bien procesados –y la segunda parte, más adelante, es igual de exquisita; “JHD” muestra una faceta mucho más tropical, sin llegar a un drill n bass en esos tecladazos, pero precisa y mucho más cadenciosa; “Eanan” con Maxida Märak, con un estilo más mediterráneo, como salida del software de un británico Four Tet y con un acercamiento a una tenue psicodelia controlada; “The Muse” es lo más cercano a un éxito pop de los canadienses y la voz de Jennifer Kreusberg es el complemento perfecto.

Si la fórmula de A Tribe Called Red era ya reconocida, y esos canticos en combinación con electrónica de alto impacto eran lo esperado por parte de los canadienses, lo han explotado al por mayor, amplificando cada uno de los temas en relación a su uso tradicional y llevando al límite cada interpretación, cada grito, cada coro y cada himno.

La banda ha logrado entregar un arma política de electrónica provoca colisiones, y si en un anterior LP han hablado de nación a nación, hoy la tercia se ha proclamado como esa nación, la única en su tipo, y su bandera, el powwow traducido en mayúsculos y nativos beats.