De Argentina para México y de México para Argentina, así es como podría describirse la labor musical de Corina Lawrence. Nacida en el sur del continente, pero con un crecimiento musical en nuestro país –y donde formó parte de diferentes proyectos (Sonido San Francisco incluido) – Corina ha dado el salto como artista y ha lanzado su primer álbum como solista, ‘Apurar La Primavera’.

Y con motivo del lanzamiento, platicamos con ella sobre los procesos creativos, la inspiración en su música, de cómo tomar el impulso para dar el paso y convertirse en solista, así como de todas las libertades que le ofrece ser la mente y rostro del proyecto.

¿Quién es Corina Lawrence?

Un ser en eterna búsqueda de sentido. Si quieres la respuesta más “taxativa”, diré: una cantora japonesa-inglesa nacida en el litoral argentino y migrada a México. O bien, un impulso creativo que toma varias formas. O todas las facetas de un cristal.

Estás estrenando disco, cuéntanos sobre los procesos de composición y producción…

Muchas de las canciones fueron compuestas aquí en México. El disco entero nació como una serie de canciones en ukelele, escritas entre Tepoztlán, Bacalar y CDMX. Luego fui a Argentina de vacaciones y allí surgió la oportunidad de plasmarlas en un disco. Busqué un productor y comenzamos a explorar un sonido y una estética propios.

Nos tomamos nuestro tiempo, probamos cientos de cosas, armamos bocetos, los desarmamos, descartamos temas, reformulamos otros… lo que comenzó simple, se hizo complejo en cuestión de sonoridad. Al final, salió un disco súper colorido, ecléctico, profundo, alegre, con cientos de capas de instrumentos y cosas pasando por el frente, el fondo y los costados.

El proceso de producción duró un año entero y fue sumamente rico, muy nutritivo. Fue mi primera experiencia de ese tipo. Anteriormente había participado en muchos discos como cantante, pero fue la primera vez que estuve presente y al mando del proceso completo, de principio a fin. Hubo mucho aprendizaje en el camino sobre cuestiones estéticas, legales, de gestión. ¡Y el aprendizaje sigue!

¿Qué papel juegan las colaboraciones en el disco? Por ahí hay varias muy interesantes…

Invité a colaborar a personas que admiro y estimo, todos ellos son artistazos y tienen carreras bien plantadas en la escena musical argentina. Miss Bolivia es una artista muy reconocida que ya trasciende fronteras con su estilo (hip hop, cumbia, reggae) y quedó perfecta en “La Descarriá”, le dio muchísima fuerza y personalidad para que la rola se convirtiera en un verdadero himno de la fiesta.

Paloma del Cerro es mi hermana musical, ya que comenzamos tocando en la misma banda, allá por 2002. Su voz dulce contrasta muy bien con la mía, y quise que participara en “Sol Interior”, una canción electro-mántrica. Y finalmente, el Ensamble Chancho a Cuerda produjo la totalidad de “Canción del Río” y fue fabuloso contar con músicos académicos dando ese toque de “finesse” en una canción sobre la naturaleza.

 

Es un momento duro para la escena musical, sobre todo la independiente. En cierta forma, todo arde, por dentro y por fuera. Pero por eso mismo el impulso creativo se abre paso, explota también, florece, urge.

Estuviste viviendo en México durante varios años y para grabar el material regresaste a Argentina, ¿por qué trabajarlo allá y no aquí?

No fue una decisión consciente, sino uno de esos giros raros de la vida. La idea, inicialmente, era ir a Argentina de vacaciones por un mes, y me terminé quedando 3 años y medio, en parte porque surgió una propuesta para grabar este disco. Por otro lado, tuve un problema de salud que requirió atención allá. Fueron dos impresiones muy fuertes, una de mucha luz (el disco), la otra de mucha sombra (el cuerpo), y hubo momentos de gran confusión, pero la señal era muy clara: tocaba quedarme en Argentina un tiempo. Y afortunadamente pude fluir con lo que se presentaba. Otra gente probablemente tiene más ataduras hacia los lugares, las personas y las cosas, pero yo andaba liviana.

Volver a casa para preparar el que sería tu primer disco solista debió haber sido muy significativo, ¿con qué te encontraste allá y cómo influyó en la concepción de los temas o del disco mismo?

Me encontré con mis afectos y pude compartir largo tiempo de calidad con ellos, fue lo más lindo. Me encontré con un Buenos Aires rebosante de música independiente, muchos cantautores, muchos proyectos. Me encontré con talentosos músicos para grabar el disco, y luego para formar una banda y salir a tocar.

Me encontré con mi tierra natal, Misiones, también explotada de arte. Y con una Argentina en crisis –¿o debiera decir, con un sistema global en crisis? – con políticas de estado más centradas en suprimir que en proyectar. Es un momento duro para la escena musical, sobre todo la independiente. En cierta forma, todo arde, por dentro y por fuera. Pero por eso mismo el impulso creativo se abre paso, explota también, florece, urge.

¿Y qué tan radical ha sido el cambio de ser parte de una banda a ser el rostro del proyecto?

¡Pues no hay nada que se compare a poner el corazón sobre la mesa! Lo que tiene de arriesgado, lo tiene de gratificante. Es un vértigo constante ya que no hay garantías, pero, ¿dónde las hay? Escribir mis letras, contar lo que me pasa, poner de manifiesto mis sombras y confusiones, exponerse a la mirada (o la oreja) del otro, zambullirse con ilusión en una industria altamente competitiva, luchar contra los propios demonios, debatirse entre el arte y el comercio, manejar todas las variables de un gran desconocido, animarse a errar, frustrarse, aprender a confiar, armar alianzas, asumir responsabilidades y compromisos, y el eterno dilema entre andar ligero o echar raíces…

¡Híjole! Yo creo que, si te la piensas demasiado, no lo haces. Es necesario siempre un poco de esa ignorancia-cuasi-osadía para dar el paso. Y a la vez, era inevitable: desde niña escribo prosa y poesía, desde niña canto, solo faltaba unir esos mundos… Antes no me animaba a componer, era muy dura conmigo misma y muy prejuiciosa respecto de “cómo debe ser una canción”. Pero luego de una crisis muy grande –de esas buenas crisis, donde absolutamente todo cambia–, comencé a hacer mis canciones y cantar se transformó en sanar. Y luego comenzó a llegar el eco de otras voces que también vibraban con mi canto y fue hermoso. Y ya no paré.

¿Cuál es tu parte favorita de ser solista?

Poder tomar decisiones estratégicas con más rapidez. Parte importante del trabajo del músico es hacer llegar la música a la gente con los shows en vivo. Ahí es donde se da la verdadera magia, donde se fortalece el vínculo con el público. No en las redes, no en la virtualidad, sino en la carne: en la vibración de la voz, en el sudor del baile y en la mirada frente a frente. No hay nada como el show en vivo.

Como solista es más fácil moverse: conseguir presupuesto para viajar, o aprovechar oportunidades “personales” para tocar. Que baste con “estar” para poder “hacer”. Eso es increíble, la autonomía, la disponibilidad, la fluidez. Las estructuras rígidas complican el panorama, sobre todo en los inicios. En mi opinión, los artistas emergentes deben ser flexibles y tener una estructura móvil para ir haciéndose camino.

Cuéntanos sobre la gira de promoción de ‘Apurar la Primavera’

Estoy muy contenta de poder traer las canciones a México. Fueron 3 años y medio de ausencia y me da alegría regresar con un proyecto bien montado, con un crecimiento profesional y con canciones que representen mejor quién soy, o bueno, quién voy siendo en este camino llamado Vida.

Estoy armando diferentes formatos del live show, y siempre es lindo conectar con otros artistas. Hasta ahora ha habido muy buena recepción. Pop Societé me está managereando, y están saliendo lindos eventos, notas y colaboraciones. Siento que va bien.

Tienes fechas en México hasta el 9 de junio, ¿qué tanto se extenderá la gira y qué plazas te gustaría visitar?

Comenzó el 25 de mayo con un show en CDMX y se extenderá hasta agosto o quizás más. Comprenderá las ciudades de Morelia, Guadalajara, Puebla, Cholula, Chalco, Chimalhuacán y varias fechas en CDMX. En Morelia abriré a Paté de Fuá, en CDMX estaré en los Acústicos del Parque México y en GDL en el Festival Itinerante en Plaza Italia.

Por el lado sentimental, me gustaría tocar en Tepoztlán y Bacalar, ya que allí compuse varias de las canciones del disco y tengo muchos amigos. Por el lado profesional, me gustaría tocar en Monterrey, hacer más shows en Guadalajara y CDMX, y llegar a todo el Estado de México.