Tras años de producción, La Era Vulgar ha estrenado su álbum debut, ‘El Reino’, un material que, con una decena de canciones, expresa desde su portada, una variedad de temas que van desde teorías de conspiración, el terror social de la actualidad y su consecuente desgaste interno. El grupo de la Ciudad de México también incluye en este lanzamiento una mezcla sobresaliente de instrumentaciones que se conjugan entre sintetizadores y atmósferas de breve psicodelia, pinchazos de jazz, y en general, una textura de banda de rock no convencional.

Hablamos con el grupo sobre este disco, el primero en su haber oficialmente:

Sé que este primer álbum les ha llevado un gran tiempo de trabajo, años prácticamente, ¿hubo posibilidades de quedarse varados con el lanzamiento?

Sí, casi se queda en el camino, puede pasar cuando “sobrepiensas” un proyecto demasiado. Al final no sólo no se quedó en el camino, sino que valió la pena la espera; nacieron nuevas ideas y sentimientos que le dieron vida a algunas rolas que aparecieron en el disco mucho tiempo después que las primeras.

En todo este tiempo, ¿qué sucedió con la banda?

Estábamos grabando y regrabando el disco. Tocábamos en vivo, eso no lo dejamos de hacer hasta que ya era muy próximo el lanzamiento del L.P.

La Era Vulgar, desde el inicio, se ha destacado por ser una banda que diversifica en gran medida sus instrumentaciones llegando a ser una especie de ensamble en realidad… ¿qué tan difícil es esto? Tener tantas ideas y cómo encajarlas debe ser complicado…

Curiosamente es algo que se nos da muy natural, somos amigos desde hace mucho, tenemos influencias musicales parecidas y más que nada respetamos mucho las aportaciones de cada uno a la hora de crear las rolas, no hay limitaciones. A la hora de componer nos sentimos en un espacio muy cómodo, donde cada quién puede sacar lo que trae… es jugar, jugamos a hacer música, y milagrosamente, funciona ja ja.

Y ‘El Reino’ –su nuevo disco– está lleno de matices, pero con pilares en el sonido: psicodelia, guitarras distorsionadas y melodías pop –como la increíble “Fragile”– que recuerdan un poco al indie que México vivió a finales de la década pasada, ¿qué tan bien pensado tenían esta fusión antes de hacer el disco?

Nada pensado. No hacemos las rolas con una idea fija de cómo queremos que suene, si psicodélico, pop, rock… eso se va dando conforme la rola va saliendo. A veces alguno trae la idea de una base y de ahí vamos construyendo, a veces empiezas una rola pensando que va por aquí, pero de pronto se cuelan los demás instrumentos y le dan otro camino. Eso es bonito. Ya en la producción Abel le mete su toque –que es muy específico–, creo que eso también influye mucho. Curiosamente somos una banda sin guitarrista, es parte de lo que arma el sonido de LEV, y los sintes toman ese espacio que lleva la guitarra. En dos rolas de este disco si las usamos, nada más en “Misery” y “Cursed My Name”.

Cuando pensamos en El Reino, nos viene a la mente el tríptico de El Bosco, “El jardín de las delicias”, especialmente la última pieza, la de ese mundo corrupto, contaminado y lleno de miseria…

Aunque bien, hay detalles mínimos que incluso, suenan a jazz y otras atmósferas que remiten a ello, ¿esto fue completamente inconsciente?, ¿qué más no alcanzamos a escuchar de La Era Vulgar en este disco?

Sí, creo que lo del jazz tiene que ver con la escuela musical de Tavo y Abel, creo que Fermatta deja ese rastro en sus estudiantes ja ja. Alenka tiene el jazz incrustado en la infancia porque su mamá lo escuchaba mucho… mucho jazz, mucha música clásica, bossa, supongo que cuando lo mamas se refleja por ahí.

Personalmente, también noto una influencia increíble de toda esta música setentera que sonaba en México, estos arreglos de órganos y teclados que le daban brillo a esas viejas baladas de pop…

Es curioso porque nos lo han dicho antes y no nos identificamos mucho con eso. También es padre que te encuentren sonidos que no sabes. Creo que el único que tiene influencias de ese increíble pop setentero como Roberto Carlos, José José, Juan Ga o hasta Los Ángeles Negros, es Abel, porque eso escuchaban sus papás. La infancia influye muchísimo, esos gustos que no son tuyos pero se quedan, son las influencias más profundas a veces.

Otro detalle de la banda es que su composición lírica y conceptual no es para nada plana, ¿de qué hablan en este disco?

En este disco abordamos muchos temas que traíamos en la punta de la lengua a la hora de la composición. Somos muy intensos, hablamos mucho, ja ja, y en ese momento traíamos todos estos temas de “conspiración” de las redes, desde el Nuevo Orden Mundial hasta MKULTRA, el mundo virtual y cómo nos enajenan. También nos influenció mucho el estado de terror en el que vivimos, haciendo como si nada pasara, el viaje de todos los muertos que venimos cargando, más de 200,000 y nosotros al final seguimos como si nada, tratando de evadirlo u olvidarlo, de eso trata “Los Olvidados”; De la manipulación de masas y la esclavitud regulada, de la enajenación habla “Siglas y Números”. También se aparecieron muy al final unas rolas de amor, de amor triste.

¿Cuál podría ser la canción con más carga de contexto en este álbum, o bien, el tema?

Hay varias que nos parecen importantes, pero la que define más el título de ‘El Reino’ es “Siglas y Números”.

En este sentido, ¿cantar en español o en inglés qué ventajas les da sobre la composición o la forma de entregar el mensaje que quieren?

Es muy distinto cantar en inglés que en español, por la fonética, más que nada. Lo hacemos porque se dio naturalmente: la mamá de Alenka es jamaiquina y esa isla es una influencia enorme para ella, su segunda patria. De ahí ese gusto por cantar en inglés. El español es más directo, más fuerte, eso también es muy padre de explorar.

¿Y cuál es el verdadero reino de la Era Vulgar?, ¿Dónde se encuentra?, ¿Cómo sería?

Cuando pensamos en El Reino, nos viene a la mente el tríotico de El Bosco, “El jardín de las delicias”, especialmente la última pieza, la de ese mundo corrupto, contaminado y lleno de miseria en el que el hombre fue transformando el paraíso que le fue regalado. Cualquier similitud con la realidad es mera coincidencia.

Por cierto, la portada está genial, ¿quién la hizo y que significa en relación con el título del álbum?

La portada es un collage de Antonio Frappa. Muestra a una persona con un celular en la mano, una cuchara con gusanos en la otra, de un lado el pan atravesado por clavos, del otro lado el vino. Nos gusta escuchar la interpretación de cada persona, significa algo distinto dependiendo desde donde la veas, preferimos no estropear esa experiencia. ¿Qué ves tú?