Con cuatro sencillos afuera que adelantan la próxima placa de larga duración de la nacida en Córdoba, Argentina, Daniela Spalla ha marcado esta etapa como una digna de cambios, renovación y, sobre todo, acción. Su venidero álbum -y producido por Adanowsky- trae consigo la evolución más sensata y madura de Spalla, una en la que, y según sus palabras, se adorna con luz, con liviandad, con perspectiva y un entendimiento más grande de lo que es el amor, y también, del cambio de estado personal que eso implica.

Rodeada de composiciones de mayor desencanto emocional, Daniela habló con nosotros sobre dejar la pesadez del dolor romántico, de crecer como letrista, el detrás de la producción de su nuevo álbum y también, del cómo hablar de amor de una manera refrescante y sin duplicarse a sí misma:

En este punto de tu carrera, con muchos sencillos, buenos lugares en listas, y a punto de sacar un nuevo disco, ¿qué tan difícil es seguir escribiendo de amor, no repetirte y seguir teniendo tu misma esencia?

Yo creo que lo vas sintiendo, de hecho, cuando empecé a escribir para este disco fue en dos etapas; en la primera ninguna canción quedó, salvo “Amor Difícil”, ya que con esa me di cuenta de que ese tipo de canción era el tipo de música que me representaba, con lo pasado me sentía bien, pero no lo sé, supongo que uno madura y no me gustaba tanto ya. Seguí esa línea y esa fue la segunda parte, el segundo bloque de composición y en el que ya estaba más apurada con el tiempo porque sabía que debía hacerse; ahí había canciones que me parecían muy pesadas, muy tristes líricamente, melódicamente también, y sabia que eso ya no, ya no tenía ganas, ya lo había hecho, entonces las letras, aunque seguían siendo de ruptura y desamor, no quería que fueran deprimentes… luego de todo, fue un trabajo en donde tenía que haber luz siempre, y creo que la culminación de ello fue con una canción que escribí justo antes de empezar a grabar que se llama “Costa Rica”, que aborda el final de una relación pero propone celebrarlo, pensar en las cosas buenas y soltar el amor.

Y esa anécdota va encaminada a lo siguiente: ¿Cómo moldearte como letrista y no rayar en lo emocionalmente pesado?, ¿De dónde debe venir esa luz que mencionas?

Es que uno se cansa también de estar dando vueltas sobre lo mismo, de estar en esa pesadez y no “salir” o poder hacerlo…

Es como volver a lo que te hizo daño…

Sí, y entonces, cuando quiero escribir y me dan ganas de hacer algo nuevo, quiero hacerlo sobre sensaciones más esperanzadoras y que, sí, al final siempre hay algo de nostalgia porque eso me gusta y convivo mucho con eso, pero la nostalgia tampoco tiene que ser triste, ¿no?

Ese proceso aún me cuesta, como que se me hace poco atractiva esa temática, de saber que todo está bien, de lo lindo que es tener a alguien… eso no se me da, tal vez en un futuro lo logre pero de una manera digna. Es muy difícil escribir de esa etapa romántica sin ser cursi, ser digno, no caer en lo rosa y hacer una verdadera canción de amor.

¿Y esa transformación se nota en este disco? Es decir, dejar o liberarte de esa niebla emocional…

Sí, y es que creo que esas cosas se perciben ahora desde un lugar mas liviano, por ejemplo, “Amor Difícil” y “Prometí” plantean ambas una situación muy similar, que son historias de amor que no se pueden consumar, que no van para ningún lado pero aun así seguimos ahí, esas las escribí desde un lugar de liviandad, es como decir “qué importa, nos hace mal, nos va a ir mal, pero nos gusta… pasémosla bien en este momento”, “Amor Difícil” es eso…

Porque hay muchas formas de ver el amor, y este disco, podría ser una de esas…

Y muchos momentos para ello; uno va a estar en algún momento en el lugar donde no funciona, y después en donde esté todo bien, supongo que también este disco es un poco sobre el reírse de eso…

¿tú qué tanto te enamoras? Supongo que cada experiencia ha dado para todo lo que has escrito hasta el momento…

No soy de amor tan fácil, o sea, me lleva un tiempo porque soy muy precavida, puede ser por todo lo que se escucha en los primeros discos jaja… y es que, cuando uno se enamora, entras a un lugar donde peligra tu atención por el resto de las cosas de tu vida cotidiana y de cualquier aspecto, da miedo perder ese lugar o también tenerlo.

Hablando sobre el nuevo disco, debe haber algo que te cueste plasmar en una letra, que te parezca muy difícil, se que el amor no es… o tal vez sí, visto desde un punto que te haga repensarlo…

Sí, claro, el amor pero en un sentido de declararlo, de abrirse con ese enamoramiento. Ese proceso aún me cuesta, espero que eso no me pase personalmente, pero, sí, como que se me hace poco atractiva esa temática, de saber que todo está bien, de lo lindo que es tener a alguien… eso no se me da, tal vez en un futuro lo logre pero de una manera digna; eso lo hablaba alguna vez con Carlos Sadness: él me decía que es muy difícil escribir de esa etapa romántica sin ser cursi, ser digno, no caer en lo rosa y hacer una verdadera canción de amor.  

Y que, en los últimos años, Carlos Sadness también vivió un cambió radical en su música, ¿cuál podría ser tu cambio más grande hasta la fecha?

Uhh, de hacer jazz a lo que hago ahora. Hay una anécdota graciosa cuando conocí a Carlos: me dijo en juego, “vos me vas a decir en qué perdiste el tiempo y yo te digo en qué lo perdí yo”, le dije “haciendo jazz”, y él me dice “yo haciendo hip hop”… y que claro, no es verdad, no son pérdidas de tiempo, sino aprendizajes que te construyen, que son parte de ti y del proceso que te lleva a hacer lo que haces ahora, te cuestionas y te dices también cuál es el camino que sigue.

Adanowsky está en la producción de todo tu nuevo álbum, ¿cómo fue trabajar esto con él?

Fue muy relajado, todos estábamos sintiéndonos muy bien, lo bueno es que, claro, las canciones me gustaban mucho, igual a Adán, no había duda con la materia prima, pero hubo momentos donde nos frenábamos, con una canción en particular pasó eso, “Trasatlántico”; no sé, nos costó mucho entenderla y encontrar bien la sensación que Adán tenía en su cabeza y que quería transmitir en forma de canción.

¿De qué trata?

“Trasatlántico” trata de una historia que se pierde en el mar, y en mis demos sonaba a medio reggaetón incluso, pero adán decía: “No, no, Daniela, no hagamos eso”. Él la transformó en algo muy de viaje, era un ritmo ideal para eso, para viajar, no sé cómo más explicarlo, es una melodía constante que daba la idea como de un auto que arrancaba e iba por la carretera, esa era la sensación, pero después que quisimos ponerle más instrumentos mientras grabábamos, fue muy difícil, con eso nos trabamos, y al final todo terminó siendo mucho más simple de lo que pensábamos. Además, Adán es muy directo, no tiene miedo de decirte las cosas, y te puede decir algo que, tal vez si lo dice alguien más, te ofende, pero él lo dice con una naturalidad y un cariño que nunca te va a ofender, no sé, tiene una magia para decir las cosas que, por más que te diga algo que te choque o ponga en compromiso tu seguridad, no lo hace, y lo dice desde un lugar sano y genuino. Sabe mucho de música, le gusta mucho trabajar con artistas nuevos, no es prejuicioso y tiene mucha fe en la esencia de los artistas que él ve.

Si pudieras definir este disco con una característica, ¿cuál sería?, ¿Qué lo define?

Es un disco de viaje, igual el pasado era un poco así, pero en este álbum se plasma de una manera muy literal el cambio de estado; de estar tan bien a no estarlo, a que todo se disuelva, y también esa lucha interna cuando a uno le toca desplazarse y no quiere. Creo que el cambio es lo que inspiró este disco, y también se siente musicalmente.

¿Y cuál es, hasta este punto, la mejor o más digna canción de amor que has escrito?

“Costa Rica”. Es creo, cuando uno habla desde un lugar mas elevado, cuando puedes ver las cosas con perspectiva y a diferencia de verlas desde un área pequeña, la canción alcanza eso, y también, con los años, siento que personalmente también puedo ver las cosas así, no siempre, claro, pero hay un punto donde empezamos a ver lo bueno y donde el resentimiento o la confusión quedan atrás.