¿Qué es un festival sino una experiencia para guardar en la memoria? O bien, en el rollo fotográfico.

Sí, los altos grados celsius y el ardiente rayo del sol son quizás uno de los “oponentes” latentes en el festival de Las Estacas, sin embargo, son también éstos, aquellos que lo caracterizan, que lo conforman, y lo tiñen de células entrañables como su misma ambientación, su recinto, y evidentemente, su oferta sonora, una que, a través de cada una de sus ediciones, logra pulirse al grado de crear un sentido único y especial que solo el Carnaval de Bahidorá podría contener.

En este sentido, 2018, no fue la excepción, y con un enorme y poderoso cartel en su presentación, la construcción sonora se definió entre capas de música electrónica que se insertaban en el hipnotizante techno, hasta elevadas piezas de oscuridad sonora, pasando también por texturas selváticas y calurosas que desembocaban en el factor latino; con un dominante galope, crudas rimas, hip hop de las escuelas más clásicas y derivados ritmos urbanos, fueron también parte de un ecléctico carnaval en donde, dicho género, parece coronarse cada día más entre los temporales residentes de Las Estacas; y claro, entregas experimentales y de apreciación son también esa pieza que termina por construir a un festival como Bahidorá.

El lugar, como es costumbre, una delicia para olvidar el ajetreo citadino y, paradojicamente, encerrarse en la libertad que el festival ofrece junto a un quehacer musical que pocas veces -o ninguna- podría repetirse; estos fueron nuestros highlights en captura fotográfica, una narrativa festivalera aderezada por ritmos tropicales y enfundados en un cálido ambiente de fiesta.


La galería completa a continuación: