Después de anunciar headliners de gran tamaño y aguantar el cartel completo hasta unas semanas, el día llegó y Nrmal celebró una nueva edición del que, es considerado por muchos, como el festival por excelencia de nuestro país. Como cada año, el ritual empezó desde temprano, con cientos de personas llegando al Deportivo Lomas Altas para celebrar la música a través de actos legendarios y nuevas propuestas de la escena local e internacional.

Apenas al comienzo del festival había que tomar la primera decisión importante: ver a Norwayy o Sailawway. Unas de Guadalajara y los otros de tierras regias, ambos proyectos son muestra de que la escena local está más viva y fresca que nunca y la gente de Nrmal lo sabe.

Siguiendo con la apuesta nacional, tocó el turno de Sol Oosel, el alias de Gustavo Mauricio, ex Zurdok, quien en esta nueva faceta muestra un pop espacial de las más alta costura. Uno de los actos más destacados de Nrmal fue el de Mula, la banda dominicana que con sus beats, samples y todo el sabor de un darkwave caribeño que se llevó las palmas y ovaciones de un público que colmó y convirtió en una pista de baile la carpa del festival, y casi de manera simultánea, en el escenario Blue, los chilenos de Miss Garrison daban cátedra de cómo se hace electrónica oscura de la buena.

Una de las grandes ventajas de un festival como Nrmal es la facilidad con la que se puede desplazar entre escenarios, lo que hace que todo el tiempo haya algo que ver, y gracias a eso, fue que vimos desfilar a Leyya, Mysa y Dub de Gaita, estos últimos con uno de los actos más peculiares que Nrmal ha presentado a lo largo de casi una década, y que estuvo encomendado a la magia de la cumbia.

Con la tarde cayendo, el festival llegó al punto de quiebre, un punto en el que cada acto era un imperdible; primero Felix Kubin con su maestría en los sintetizadores y después Of Montreal con un despliegue pop que puso a bailar y cantar a medio mundo, éstos fueron el preámbulo para uno de los actos más esperados de este año: Mac DeMarco, quien con una avalancha de fans -misma que además de empujones llegó acompañada de líquidos extraños volando por los aires- cumplió: tocó los éxitos, hizo algunos chistes junto a su banda, brindó con tequila y la gente coreó sus canciones. Los chicos podían ir tranquilos a casa -y de hecho, la mayoría de la gente salió luego del show del canadiense.

Pero el final aún estaba lejos y Sleep, con toda la potencia de su legendario sonido stoner, cumplió y dejó satisfechos a sus fans y no fans. Inmediatamente después del último y poderoso riff, en el escenario contiguo comenzaba la presentación de Cornelius, otro de los pesos pesados de esta edición.

Como neurocirujanos del ruido y apoyados por hipnóticas visuales, los japoneses fueron uno de los actos a los que mayor atención había que prestarle, no para entender lo que ocurría sobre el escenario, sino para admirar cada detalle de un show que resultó un festín sensorial.

El reloj marcaba las 12:00 am y el momento cumbre llegó: después de 10 años de ausencia, Explosions in The Sky volvía a pisar un escenario mexicano. Así, el acto de EITS fue todo lo que imaginamos que sería: emotivo, virtuoso, mágico. Temas como Your Hand in Mine” y“The Birth and Death of Day” fueron parte del recital de post rock con el que los texanos comulgaron con su público. Y tal como dijeron, “no importa si pasaron 10 años o 100, lo importante es que estamos aquí y ahora”.

Entre nostalgia y alegría llegó el final de una de las ediciones más especiales de Nrmal, una edición que se sintió diferente, que más que por el hecho de cerrar la celebración a un sólo día, apostar por una logística diferente o contar con la aparición de errores de sonido en algunos de los conciertos que se vivieron en el festival, tuvo qué ver con una vibra distinta, pero en la cual, la música sirvió como punto de reunión para públicos distintos, conviviendo en el que, podría ser considerado ya el festival con mayor propuesta de México, donde el underground es clave y protagonista de toda la narrativa. 

Ve la galería completa a continuación | Fotos: Isa Camarillo