El deseo de poseer es una de las cosas más humanas que existen, y cuando se trata de música, la cosa va más allá de acumular archivos en un disco duro, pues para los coleccionistas se vuelve necesario tener el objeto entre sus manos para luego llevarlo a la vitrina. Tal vez esa es una de las razones más poderosas por la que los formatos físicos han sobrevivido a la embestida del streaming. Y entre esos sobrevivientes está uno que, a estas alturas, sigue siendo un objeto de culto: el vinil.

Encontrar coleccionistas de acetatos no es tan difícil cuando sabes dónde buscar, pero encontrar a uno dispuesto a llevar esa pasión a todos las actividades de la industria es como encontrar una edición japonesa del vinil de tu banda favorita. Moisés Chez es esa edición especial.

De coleccionista y DJ, pasó a formar su propio sello y abrir su propia tienda de viniles porque “la pasión por la música te lleva a hacer muchas cosas”, Chez es el responsable de Chez Nobody Records, una tienda que además de vender viniles, la hace de set para showcases y hasta como sello independiente. A unos días de celebrar Record Store Day México, platicamos con Chez acerca del gusto por los viniles, de las aventuras y trajines para conseguirlos, del reto que representa para la industria y sobre cómo va a tirar la casa por la ventana para festejar como se debe el #RSDMX18.

Foto: Isa Camarillo

¿Cuál fue tu primer acercamiento con la música y cómo nació el gusto por el objeto?

El primer recuerdo que tengo con la música es el “Standing On a Beach” de The Cure. Recuerdo cuando hace años estrenaron un estéreo en mi casa, llegaron mis tíos y llevaron discos que ya ni recuerdo de qué eran, pero llevaron el de The Cure, lo olvidaron y me apropié de él; lo escuché tantas veces que el láser lo dejó marcado. Yo tenía como cinco años y no estaba consciente de que estaba escuchando The Cure y ni sabía el nombre del disco, sólo me parecía muy chingona la música. En mi casa sí había discos, pero de Daniela Romo, de Odisea Burbujas… pero fue hasta la adolescencia cuando empecé a buscar como obseso.

Empecé a escuchar ska hecho en México y luego pasé de Panteón Rococo a los Specials y luego a los Skatalites, ese fue el tipo de música que me atrapó y me puse a buscarle. Hace 20 años era más complejo, mi primer lp fue un 12” de Madness que me costó $70 pesos y me tardé un mes en juntar para comprarlo. Hacerte de discos de vinil era un sacrificio bastante grande que incluía salir a recorrer la ciudad. Ya después apareció Internet, Ebay y los precios eran súper baratos porque no había tantos coleccionistas en el mundo, y los que habían, desconfiaban de las compras por internet. Fue entonces que empecé a comprar discos de Noruega y de otros sitios remotos, empecé a buscar ediciones de ska que salieron en Bélgica, o discos psicodélicos de Argentina.

¿Cómo nace Chez Nobody Records?

Empecé a acumular tantos discos que de pronto estaba poniendo música y luego hice fiestas, fanzines, festivales… todo eso me llevó hasta el punto de querer hacer un disco y ese primer disco salió en 2014 y es el de Los Monstruos. Cuando salió nos pareció buena idea tener donde venderlos porque sabíamos que casi nadie nos topaba y así nació Chez Nobody Records.

La industria del vinil lleva rato creciendo, pero con un vinil en la mano, ¿era más fácil abrir una tienda que distribuirlo?

Hace tres años habías menos tiendas, estaban las de siempre en la Roma y Condesa, que son buenos amigos y a quienes les compraba. Y aunque el apoyo de ellos siempre estuvo, yo quería darle el plus, porque se trata de todo un concepto: en la tienda no sólo vendemos discos, traemos bandas, somos un sello, hacemos un fanzine, organizamos fiestas, hacemos conciertos. Durante 10 años hicimos un festival que se llamaba Chewing Gum Weekend, trajimos músicos que admirábamos.

Por ejemplo, en 2012 traje a Hesiquio Ramos, el tecladista original  de Los Monjes, una banda de culto a la que pocas personas conocen en México. También trajimos a Brenda Holloway, que salió de gira con The Beatles y era una de las estrellas de Motown Records. Este año vamos a reactivar el festival, traemos una banda de California. Amamos la música y la mejor forma de escucharla, desde nuestra perspectiva, es en plástico.

Lo que creo que nos distingue es que trabajamos directamente con disqueras independientes […] La idea es que puedas venir a la tienda a encontrar una joya, pero también que te cruces con música que nunca habías escuchado. Sí, está chida la nostalgia, pero también hay bandas retro y con propuestas de avanzada que valen mucho la pena.

Foto: Isa Camarillo
Foto: Isa Camarillo

Hablando de la labor de crear un disco, ¿qué tan difícil es maquilar en vinil?

Cuando estaba Retroactivo era como tener nuestra propia fábrica, porque eran cuates nuestros. La opción estuvo ahí por un buen rato y después cerraron. Ahí  empezamos a pensar dónde lo mandábamos a hacer, porque en ese momento a Los Monstruos no los conocían y yo no tenía idea de cómo hacer un disco. Cuando le pregunté a google cómo y dónde se podía hacer, alguien me recomendó una fábrica, y Carlos Tropicasa, el dj que está tocando con La Redada, me recomendó  Sun Records, que está en California. Por esos días casualmente saqué mi visa y se armó todo.

Yo tengo la facilidad de ir, entrar y salir porque tengo familia en la frontera, pero si no tienes esas facilidades resulta muy caro maquilar un disco allá. Por ejemplo, tres veces el disco de Los Esquizitos no salió por esa razón: en una se hizo un crowdfunding, luego iba a sacarlo la Roma Records y desistieron, luego iban a mandarlo a Europa… es muy complicado. Los dos discos que hemos hecho aquí me los he traído cargando desde la fabrica; 50 kilos de plástico que por correo costaría 15 mil pesos más, algo que le subiría el precio al costo del vinil. Hacer un disco es complejo y caro, pero nuestro reto es buscarle la forma de hacerlo más económico.

¿Cuál es tu diagnóstico sobre la industria en nuestro país?

A estas alturas, incluso artistas mainstream como Luis Miguel, que acaba de reeditar el ‘Romances’, le está apostando al formato. Y aunque me parece oportunismo porque son artistas que no han tenido la cercanía con el vinil, demuestra que hay un mercado. Muy probablemente continúe con esta vitalidad por 5 o 10 años más. También estoy viendo más vitalidad en la ciudad; nosotros somos un sello pequeño liderado por un necio, pero hay cuates grabando cosas en CD, en su tiempo, El Alicia editaba vinilos, Marvin y la Roma Records también.

Como un coleccionista que pasa a abrir su propia tienda, ¿qué tan difícil es deshacerte de esas piezas?

Al principio es muy difícil, yo tenía un arraigo grandísimo pero van pasando cosas. Una vez ocurrió un accidente terrible; regresé de unas vacaciones y había sacado mis discos de los muebles, los dejé en el piso y cuando llegué estaba inundado y la mitad de la colección se daño. Entre ellos había discos de 10 mil o 15 mil pesos que si hubiera vendido con un súper coleccionista japonés me habría llevado una buena feria. Fue algo muy fuerte, pero pasó. Muchos de esos discos los empecé a vender.

Y es que pasan cosas, pierdes la chamba, terminas con la novia a la que querías un montón, pero luego conoces otra y encuentras otra chamba, y lo que tiene la música es que es interminable. Sí me he deshecho de discos muy buenos pero también he descubierto cosas y ahora hasta los hago, entonces está chido. Es difícil deshacerse de las cosas pero también es bonito cuando sabes que la gente que se los lleva las disfruta.

Foto: Isa Camarillo

Para los que no conocen la tienda, ¿qué tipo de música se encuentran en Chez Nobody Records?

Tenemos un poco de todo: hay cosas de tinte antropológico, como discos del INAH, discos de música tradicional mexicana, pero nuestra especialidad es la música de negros y con eso me refiero al soul, al rock & roll…  tenemos rock de los 50s, de los 60s, kraut, garage, r&b, las vertientes del rock… hay un poco música tropical también. Lo que creo que nos distingue es que trabajamos directamente con disqueras independientes como Sonorama de Chicago, que traen a bandas como La Redada o Los Músicos de José. También trabajamos con Timmion Records de Finlandia, que traen un funk súper fino. La idea es que puedas venir a la tienda a encontrar una joya, pero también que te cruces con música que nunca habías escuchado. Sí, está chida la nostalgia, pero también hay bandas retro y con propuestas de avanzada que valen mucho la pena.

¿Cuál es el disco más raro o especial que hay en la tienda?

Dentro de la tienda tenemos a La Tribu, una banda mexicana de 1971 que grabó un LP bastante curioso y muy difícil de ver. Es música soul hecha en México, no tiene precio, ni siquiera se ha vendido en Ebay, aunque los singles de la banda se llegan a cotizar alto. Ese disco lo conseguí con un vendedor en Mercado Libre, terminamos en una mansión llena de viniles en Toluca. Además de ese disco, tenemos versiones de Oasis para clubs de fans, hecha antes de las reediciones, tenemos el mítico ‘Revés’ de Café Tacvba, una primera edición japonesa de los Rolling Stones y hasta un LP de Star Wars.

Foto: Isa Camarillo

Este es el segundo año de Chez Nobody Records como parte de Record Store Day, cuéntanos sobre las actividades que tendrán…

Después de un año al fin presentamos el disco de Los Esquizitos. Esto va a ser en la Capilla de los Muertos y es el evento fuerte, el que sirve como introducción a todas las actividades. Ya después la banda va a darse vueltas entre la capilla y la tienda, donde firmarán discos a las 4pm.

También vienen varios amigos Djs a poner música; viene Romachandra, que trae un pedo reggae soul muy bueno, trae dub y su melódica… también tendremos a Alex Castro, de la Poplife y Rock 101. Viene Julien Donk, organista de sonido Gallo Negro y La Redada, viene Sonido Fatman, uno de los representantes más famosos de los Djs de música jamaiquina en México y que tiene una colección impresionante. Yo mismo voy a poner algunas cosas de r&b, latin jazz, ando muy latino últimamente (risas). Por ahí de las 7pm cierran Los Broccolis, un power trio de psico garage que están buenísimos.