Las credenciales que un tipo como Rubén Alonso Tamayo ha reunido a lo largo de los años parecerían incontables; con una carrera que nace a inicios de la década pasada (2002) y un vasto recorrido que significa la fundación de Static Discos y una incansable estela de lanzamientos de estudio durante más de quince años con sonoridades que van desde el minimal tecno hasta la experimentación electrónica, el productor fronterizo ha forjado uno de los catálogos más emblemáticos, sesudos y voluminosos que un músico mexicano haya creado a la fecha.

Hoy, 2018, el mexicalense comparte un nuevo release titulado ‘Silda‘, un EP de cinco temas que se entretejen a base de sintetizadores y secuencias ambientales, pronunciadas por mucha experimentación, retoques análogos, incisivos elementos de oscuridad electrónica y hasta texturas caóticas de fuerte expansión. Hablamos con FAX sobre el lanzamiento de dicho material:

Háblame de todo el proceso que conllevó el tener, a la fecha, ‘Silda’, de manera extendida… ¿cuánto tiempo tomó llegar a este resultado?

Este disco se compuso en mi estudio, Facsimile Sound, en el corto invierno mexicalense del año pasado, y para noviembre ya tenía las canciones listas, se fue a masterizar a Nueva York con Rafa Irisarri.

¿Siempre fue concebido como un EP? Algo me dice que, por cómo está hecho, si no es una especie de material concepto, hila al menos una historia o un detalle interesante, ¿qué hay detrás?

A la hora de componer, el número ideas que pueden transformarse en canciones definen el formato. La narrativa en cada release que hago es importante, me gustan los discos que suenan conectados a un mismo ambiente o mood; a la hora de estar diseñando los sonidos y las estructuras trato de utilizar los mismos instrumentos o herramientas en todos los tracks -como si fuera un grupo pues, cada quien en su instrumento- creo que esto le da esa cohesión sónica a cada disco que hago. ¿Qué hay detrás? pues un estado de ánimo, una catársis, la necesidad de comunicarme conmigo mismo y con la gente.

Es notorio que las atmósferas con las que trabajas son muy espaciales, hasta futuristas o bien,
tecnológicas, ¿piensas en esto antes de componer?, ¿cómo te llega la inspiración para crear?

La inspiración es traicionera a veces ja ja, hay ocasiones que prendo todo el estudio y no sale nada interesante, pero cuando “baja la música” todo empieza a correr bastante rápido. El diseño de los ambientes y las texturas son de los elementos más importantes en mis tracks, estas dictan la forma que va a tener la canción. Es en el diseño de sonido que más me tardo, no me fijo tanto si suena futurista o analógica o hi-tech, me importa que haga sentir algo, que pinte una imagen y que tenga o le abone a la melodía.

¿Qué haces cuando hay un bloqueo creativo?, ¿Cómo lo superas o lo transformas?

Pues nada, me siento a esperar ja ja. El proceso creativo a través de los años se ha puesto más caprichoso conmigo, he aprendido a no forzarlo. Por ejemplo, los discos que edito, desde siempre, contienen el número de tracks y canciones que están, es decir, nunca me quedan maquetas o tracks sobrantes, lo que sale es lo que hay. Es parte de la autocrítica o lo estricto que puedo ser a la hora de componer, no sé, no me gusta que haya ‘paja’ en mis discos, cada canción es importante y comunica algo. Prefiero borrar algo que no me haga sentir satisfecho.

Cada disco nuevo, ya sea de 2, 3 o 10 canciones, es una oportunidad que la música me da para comunicarme a través de ella, con mis limitaciones, en mi propia lógica de seguir entendiendo el proceso creativo musical y en la constante exploración que la música me sigue permitiendo tal como lo soñé desde que tengo 18 años.

Además de esas estructuras, tus temas tienen también ritmos más melódicos, “Bandini” es un gran ejemplo de ello, incluso con agregados más dance… ¿qué tan difícil es lograr esta mezcla para ti?

No mucho, ritmo y melodía son dos de los ingredientes principales en toda mi discografía, inclusive desde mis primeros discos de minimal techno. Me he ido alejando de los tracks propiamente bailables pero siempre conservo un pulso métrico, siempre aparece a la hora de componer. Desde el primer sonido que se va diseñando -que casi siempre es un beat- se va montando todo lo demás hasta crear una estructura interesante. En “Bandini”, contrariamente todo inició con el loop distorsionado de guitarra con el que comienza, esa base ruidosa poco a poco se va transformando. Se usaron samples acústicos en la batería, no quería un beat tan electrónico.

En tu música también siento algunos elementos muy de videojuego antiguo, detalle que me parece genial, o al menos, la referencia a ello… ¿eso te influenció de alguna manera o es solo coincidencia?

Tal vez sea solo coincidencia, o tal vez inconscientemente… no sé, nunca fui bueno para los videojuegos. El uso de los sintes análogos tal vez remitan ese feeling, ¿no?

Este EP, “Silda”, ¿a qué debe su nombre -además del track homónimo?

Nada en particular. Fonéticamente me pareción atractivo. El que Googlea encuentra.

De forma general y hasta el detalle, ¿qué ha influenciado este material -musical y personalmente?

Todo, el entorno, mi trabajo, el rush diario, mis relaciones personales, tal cual. Cada disco que hago es un reflejo de que estoy feliz y pleno. Si no lo estoy, no puedo hacer música, así.

Silda EP | Disponible vía Static Discos

Sobre la portada, ¿podrías comentarla a detalle? Veo fotos enmarcadas en círculos de un edificio, un puente, el cielo, árboles; me recuerda un poco a un póster de un thriller o algo muy UFO…

Las fotografías son de Mónica Arreola, de Tijuana, vieja amiga mía y a quien (junto con su cuata) quiero y admiro mucho. Una vez platicando, comentábamos que sería bueno colaborar alguna vez, y justo en el proceso de finalizar ‘Silda’ y para empezar a pensar en el arte que iba a diseñar, nos pusimos de acuerdo. Me mandó una selección de esta serie de imágenes que hace circulares de ambientes naturales y urbanos y escogí una para cada uno de los cinco tracks en el disco. Creo que reflejan muy bien la música y quedamos contentos con el resultado.

La geografía es un papel importante, ¿cómo te afecta o ayuda eso a la hora de sentarte a producir un nuevo track?

El horizonte mexicalense siempre ha marcado el tipo de sonido que tengo, muchas veces sin pensarlo. Siempre tengo presentes muchas cosas a la hora de sentarme a componer, lo que soy, la gente que me rodea, los artistas que admiro, el cine (muchísimo), los libros, etc. Creo que la música, para que sea honesta, debe de partir de quién eres, de tu personalidad, lo bueno que haces, lo malo, cómo estás madurando en tu entorno, etc.

A más de quince años de desenvolverte como músico y productor, ¿qué ha cambiado para FAX en todo este tiempo?, ¿Dónde estabas en 2002 y dónde crees que estás ahora?

He aprendido mucho; de la gente con la que he tocado, la que me ha apoyado, la que me ha dado la espalda, los músicos y artistas con los que he colaborado y los que me han dejado producirles, todo eso es aprendizaje que de una u otra forma incorporo a mi música. Cada disco nuevo, ya sea de 2, 3 o 10 canciones, es una oportunidad que la música me da para comunicarme a través de ella, con mis limitaciones, en mi propia lógica de seguir entendiendo el proceso creativo musical y en la constante exploración que la música me sigue permitiendo tal como lo soñé desde que tengo 18 años. Las herramientas han cambiado pero el acercamiento hacia una disciplina tan bella como es la música no lo ha hecho, lo sigo haciendo con mucho respeto, yo soy solo un canal.

¿Y el mundo ha cambiado tanto en el sentido de la producción musical como se dice?

La música es música, no importan las herramientas, los avances tecnológicos ayudan, claro, pero el feeling es lo que nunca se debe de perder.