Documentar los fenómenos sociales y culturales es, indudablemente, una tarea monumental. Una aventura que requiere de un cúmulo de piezas para formar, finalmente, un armado completo. Pero hay dos que son tremendamente vitales: una incesante y honda labor de investigación, y un complemento más cercano al corazón, al gusto y al coraje de reunir, en un documento de carácter periodístico, una verdadera historia que debería ser contada, y sobre todo, escuchada. ‘Vamos Pa’l Matiné‘ tiene, en sus entrañas ambos elementos.

Rodado en las células de barrio más representativas del movimiento de la changa tuki en Venezuela, este material es un referente obligado para comprender lo que sucedía, musicalmente y fuera de ello, en las calles de Caracas; donde un matiné significaba la válvula de escape de cientos de jóvenes a inicios de los dos miles en las zonas más peligrosas y de menores recursos del país sudamericano, y también, un encuentro donde, naturalmente, podía unirse un hermanado y pacifico beat, como una destructiva bala.

Hablamos con Daniel García, quien junto con Roberto López, trabajaron en uno de los documentales más incisivos y profundos sobre la cultura tuki a través de sus DJ’s y bailarines; de la intensa minería de datos, referencias e historias alrededor del movimiento, de los retos de la producción, y de cómo grabar ‘Vamos Pa’l Matiné‘ fue, en un momento climático, el acercamiento más cercano a cómo sería morir en un taxi.

– ‘Vamos Pa’l Matiné’ se estará proyectando por primera vez en la Ciudad de México este próximo 14 de junio en LOOT LAB a través de Colectivo Club Turista y Le Ronca Records-

¿Qué ha sido lo más complicado de realizar un documental como este? 

Gracias a que la mayoría de los que formaban parte de la movida de la changa y los matinés tenían bastante tiempo sin estar involucrados en ella, fue algo complicado ponerse en contacto con ellos para recolectar sus testimonios. Estamos hablando de que la mayoría de esas personas tenían casi 10 años sin asistir a una fiesta relacionada con lo que queríamos tratar en el docu.

También fue difícil conseguir el material de apoyo que acompaña lo que nosotros grabamos, nos encontramos con muchos dvd’s que no servían, personas que tardaron meses en respondernos para darnos montones de discos sin ningún tipo de información sobre qué contenían adentro. Pasamos un buen de tiempo revisando disco por disco, pero nos encontramos con un montón de joyas, así que valió la pena.

¿Cuánto tiempo de producción y realización les llevó hacer el documental?

Todo el proceso fue bastante largo, más que todo en la parte de post-producción. La edición, la recopilación del material de apoyo que acompañaría las tomas, la selección del soundtrack. Diría que tardamos casi unos 3 años en tener un producto final con el cual todos (inclusive los protagonistas) estuviéramos satisfechos.

En este caso, y por la naturaleza urbana del documental, ¿Alguna vez hubo riesgos o problemas en la grabación?

El riesgo siempre estuvo presente, la mayoría de las pautas fueron en zonas populares de la capital que generalmente son consideradas en nuestro país como “zonas rojas” (lugares peligrosos). Íbamos acompañados nada más por los personajes del documental que vivieran allí, sin ningún tipo de seguridad. Pero eso era suficiente para sentirnos seguros.

Solo recuerdo un momento de tensión durante la filmación que sí me hizo pensar que hasta ahí nos había traído el río. Estábamos en un taxi por Petare -uno de los barrios más peligrosos de Latinoamérica- rumbo a casa de Elberth “El Maestro”. Era Domingo, como a eso de las 8 de la mañana, nos habíamos comido unas empanadas con el taxista y ya estábamos por llegar. De repente, de un pasillo aparecieron 4 carajos que no pasaban los 18 años con unas pistolas plateadas bien brillantes y se atravesaron en la calle parando el carro; le dijeron al taxista -y que vivía en esa zona- que necesitaban el aventón a un antro, porque le habían disparado a uno de sus amigos saliendo de una fiesta y querían vengarse. El conductor intentó zafarnos de eso diciendo que nos dejaba un momento y regresaba por ellos Los tipos hicieron caso omiso y abrieron las puertas del carro,  yo era el que iba atrás y tuve que arrimarme para hacerles espacio a todos. Iban con las pistolas en su regazo, en ningún momento se fijaron en nosotros, estaban tan llenos de ira y con sed de venganza que creo que ni se enteraron de que estábamos ahí. El taxi nos dejó en el camino y siguió con ellos.

Nuestro objetivo inicial era el de ofrecerles una nueva oportunidad a los protagonistas del movimiento tuki para contar historias que no habían sido contadas, y conocer otras voces de las cuales no habíamos escuchado nada hasta ahora.

Y algo que también es de destacar es que, en cualquiera de sus tipos, documentar la cultura es pesado y existe un universo que parece infinito, ¿Dónde delimitan lo que se debe abordar y lo que no de este movimiento?

Creo que uno de los principales problemas al que nos enfrentamos por un tiempo mientras realizábamos el docu era que no teníamos muy claro dónde delimitar lo que queríamos abordar. Cada vez que pensábamos que habíamos dado con una línea narrativa, aparecía alguien con algo nuevo que decir, una nueva historia que contar y la cantidad de material que estábamos haciendo se nos estaba saliendo de las manos.

Fue hasta unos meses dentro de la producción que nos pareció que lo más coherente era simplemente enfocarnos en los matinés de Caracas dentro del período de tiempo en los que sólo sonaba la changa tuki y los principales protagonistas de los mismos.

¿Qué tanto investigaron sobre el tema?, Seguro el también documental “¿Quién Quiere Tuki” fue referencia obligada en este trabajo…

El proceso de investigación fue bastante largo, más que todo fueron entrevistas directamente con bailarines, DJs y los dueños de discotecas donde se realizaban los matinés. ‘Quién Quiere Tuki’ y el libro ‘El Bravo Tuky’ fueron referencias obligadas, tanto como para guiarnos en ciertas cosas como para saber qué cosas no debíamos volver a repetir en nuestro trabajo.

¿Qué cambios o acciones diferentes sobre el tuki han visto luego del rodaje al día de hoy? 

Días después de haber sacado el documental y de haber hecho una fiesta de estreno en Caracas, el ambiente que se respiraba era de esperanza. Los personajes del movimiento veían esto como una oportunidad de que el mismo renaciera, pero la situación de Venezuela no dejó que pasara.

Estábamos en un taxi por Petare -uno de los barrios más peligrosos de Latinoamérica- rumbo a casa de Elberth “El Maestro”. De repente, de un pasillo aparecieron 4 carajos que no pasaban los 18 años con unas pistolas plateadas bien brillantes y se atravesaron en la calle parando el carro… necesitaban el aventón a un antro, porque le habían disparado a uno de sus amigos saliendo de una fiesta y querían vengarse… en ningún momento se fijaron en nosotros, estaban tan llenos de ira y con sed de venganza que creo que ni se enteraron de que estábamos ahí.

¿Cuál era -además del claro mensaje del documental- el objetivo inicial de la producción? 

Nuestro objetivo inicial era el de ofrecerles una nueva oportunidad a los protagonistas del movimiento tuki para contar historias que no habían sido contadas, y conocer otras voces de las cuales no habíamos escuchado nada hasta ahora. Era profundizar un poco más en la escena, no sólo desde un aspecto musical sino también desde un lado más humano.

A distancia, con muchas referencias y con este documental ya como parte del archivo bibliográfico del Tuki, ¿Cómo se ve el movimiento ahora? 

El movimiento hoy en día sigue manteniéndose en el underground, según lo puedo percibir desde México. Sí han pasado ciertas cosas interesantes, entre ellas, que DJ Baba (padre del Raptor House) volviera a activarse. Está produciendo otra vez, tocando en fiestas y hasta tiene un programa de radio online. Quizás con temas nuevos y más productores metiéndole al género pueda existir un renacer poniendo a prueba lo que dicen, que en los momentos más difíciles de un país son los que impulsan a la cultura. Algunos bailarines del Crew Abstractor (protagonistas del docu) han ido emigrando del país, pero siguen bailando y subiendo sus videos a las redes sociales con la esperanza de que el tuki nunca muera.