Escucha el disco debut de La Vida Después; complejas capas de sonido shoegaze y noise para colisionar

El proyecto conformado por Chivo de Los Mundos y Román de Estamos Fritos es una bomba de ruido y nostalgia para llevar en el alma

Monterrey no es sólo carne asada y cerveza para mitigar los 32 grados de todos los días; Monterrey es más que todos los clichés en que se convierten las grandes ciudades, pues es desde hace años, en el terreno musical, una de las zonas más fértiles para la escena independiente, donde nuevas bandas nacen de las puras ganas de hacer música. Ese es el caso de La Vida Después, el proyecto formado por Alejandro “Chivo” Elizondo, de Los Mundos, y Román González, de Estamos Fritos, quienes hoy estrenan en el ULTR/MRNS su placa debut.

La Vida Después‘ es el título del álbum -y homónimo a la banda- y está conformado por 11 tracks llenos de complejas capas de sonido shoegazero que en conjunto construyen una densa atmósfera lo fi que choca y colisiona con la irreverencia de la lírica, donde igual cabe el “Cantante Grupero” que los “Hermanos Cristianos”.

Entre la cascada de atmósferas de baja fidelidad y alta cantidad de noise, en el disco se encuentran algunos vestigios de aquella joya en que se convirtió el primer material de Los Mundos. “Chivo” Elizondo cuenta:

“Después de varios intentos de hacer un disco de Estamos Fritos y Los Mundos, decidimos manejarlo mejor como una nueva banda, con un concepto sencillo y fácil de llevar a cabo. Compartimos ideas y canciones y fuimos directo a grabarlas”.

Además de ser una muestra de cómo hacer una detallada construcción del sonido, el disco es una carta de amor a la ciudad en la que fue concebido, pues para Román, oriundo de San Luis Potosí, todo lo que vivió en Monterrey cabe en esta grabación:

“Este disco es como una carta de amor a Monterrey, una carta que también sirve para despedirme de la ciudad, al menos por ahora”.

Nostalgia pura y guitarras saturadas es la receta con la que La Vida Después horneó un delicioso material debut. Dale play y sumérgete en profundas capas de noise.