Mudar el sonido y cambiar de piel ; Un track x track del nuevo EP de Vía Zaragoza

'Bajo Las Calles, El Agua', el EP debut del sexteto oriundo de Mazatlán compone en sus cuatro temas una ancha mezcla entre el pop y bases electrónicas

Mudarse significa cambios. Y los cambios, en su mayoría, son para bien. Para mejorar. Para encontrarse en un mejor lugar. Para los originarios de la calurosa Mazatlán, Vía Zaragoza, esta transición les ha valido para, además de acoplarse al ritmo de vida que exige la Ciudad de México, lograr componer con mucha más madurez y soltura su más reciente EP, ‘Bajo Las Calles, El Agua‘, un corto material de solo cuatro temas, pero todos exquisitos y sobrados en su producción y alineación instrumental.

Por su naturaleza debut, este material significa también la inserción oficial del sexteto como uno de los proyectos más interesantes de este año en el circulo nacional independiente al combinar sin reservas una cantidad de sonidos y ensamblajes musicales que, por separado, podrían tener poca lógica o secuencia; la Vía Zaragoza lo ha manufacturado con seguridad y puntos clave al día de hoy que se pueden comprobar en sus texturas pop y electrónicas que emanan de sus poco más de quince minutos de su última placa.

Con un collage como caratula, por fin la ya afincada banda del Distrito presenta ‘Bajo Las Calles, El Agua‘, y con ello, el detrás de estudio de los cuatro temas que lo conforman en este track x track para ULTR/MRNS. Escucha:

Capricho:

Esta fue nuestra primer canción. Teníamos apenas unos meses de haber llegado a la CDMX y para calmar las ansias nos reuníamos en un departamento en la colonia Roma donde vivíamos la mayoría. Sacamos los instrumentos que pudimos traer en ese primer momento de mudanza y los dispusimos sobre el piso de la sala. No había un acomodo pensado, era una invitación a la exploración. Teníamos un microkorg, una guitarra acústica, un tecladito midi, unos drum pads y una guitarra eléctrica. Nuestros primeros jammings le sacaban la vuelta a hacer canciones de estructura clásica, en parte porque nadie tenía las ganas de romper con esa dinámica de experimentación y en parte porque nadie tenía caraja idea de qué estábamos buscando sonoramente. Comúnmente, era la base rítmica la que nos dictaba el camino o el mood; si las guitarras empezaban eran atmósferas que duraban hooooras (y por lo mismo eran fácilmente olvidables). Un sábado de esos, tirados en la sala, los dos acordes de la canción salieron de la guitarra siguiendo el ritmo del drum pad. La guitarra eléctrica cerró la idea con los armónicos y tuvimos la intuición de haber encontrado algo recordable que nos gustó a todos. Le dimos hasta que naturalmente la melodía de voz empezó a caminar el jamming y, al cansarnos de jugar con eso, decidimos grabar la idea en un celular para cerrarla como canción. La letra emergió de los tarareos de la melodía durante regaderazos epifánicos (esos sí no los teníamos en grupo, cabe aclarar). Ante el clic que nos hizo la frase de ‘Tal vez sea yo, tal vez sea la ciudad’ no había ningún deseo de ser metafórico, era necesariamente una canción del momento que empezábamos a vivir (algo profética en las angustias, esas nos las saltábamos en ese momento haciendo música). Si esta canción nos ha acompañado todo este rato es precisamente porque llegó solita y nos llevó de la mano a la idea de la banda. Un regalo de la moderna Tenochtitlán.

Seis Ocho:

‘Seis ocho’ es una aproximación al conflicto inherente a la vida: la muerte. La letra hace una reflexión sobre el tiempo imparable e implacable a través de los ojos de un niño interior que cuestiona al “yo” adulto actual. Inspirada en los rasgueos de guitarra y ritmos mixtos de la música folclórica mexicana, las primeras maquetas de la canción fueron evolucionando y tomando forma en sesiones, primero, íntimas con guitarras acústicas en un departamento, y luego, llevadas a la sala de ensayo. Añadimos el resto de la instrumentación y fuimos puliendo la canción hasta lograr una amalgama de sonidos acústicos, electrónicos, mexicanidad, y reflexión personal.

Airecito Fresco:

‘Airecito’ es una canción que empezó como un demo que Pikitos trajo al ensayo y se transformó en una de las canciones más largas del repertorio. Primero hicimos la música teniendo en mente algo entre el hip hop y el funk. Nos llamó la atención que las transiciones de estilos se prestaban para contar una historia que pasara por distintos paisajes, como un road trip épico. Las frases de la canción son un resumen sobre el cuento de Jorge Luis Borges, “El Inmortal”, y es una reflexión sobre el valor de la vida y de la muerte.

Ámbar:

Comenzando con pulsos eléctricos constantes, el último tema, “Ámbar”, nos invita a entrar en estado de repetición: Sampleos de baterías, guitarras, voces y demás elementos sonoros son moldeados en algo totalmente distinto: esta suerte de ritmo mecánico y repetitivo que, acompañado de líneas de bajo constantes, nos mueve, a paso firme, a través de guitarras acústicas, y sonidos electrizantes que parecieran llegar flotando por el mar, arrastrados por la corriente. El ámbar ha sido un amuleto contra todo tipo de mal desde tiempos ancestrales, como tal material, la melodía de voz es cálida y busca reconfortar al escucha. A través de un coro que, a manera de mantra, oscila entre el pesimismo y el optimismo, la letra hace alusión a la ausencia de un sol, al frío de la lluvia y de estar a merced del brillo y calor del impredecible corazón humano.