Escribir sobre lo más íntimo, convertirlo en canción, compartirlo con el mundo y dejar en el camino una parte de lo que somos, responde a esa genuina necesidad de crear y conectar el mundo interno con aquello que rodea y da sentido a la existencia.

Siguiendo esa necesidad y construido desde la sala de su casa en el norte de la ciudad, Miguel Jesús Morales Huerta, uno de los nuevos y más honestos compositores de la CDMX, lanzó a finales de 2018 ‘Tres canciones de 20 kilates grabadas en la sala de mi casa, un Ep que, entre las más puras melodías pop, amistosas conversaciones grabadas en una tarde cualquiera y todo grabado en lo-fi, derrocha esa alegre melancolía mientras busca el sentido mismo de la existencia.

Si bien el Ep tiene ya algunos meses como esa joya escondida en las profundidades del internet, charlamos con Morales Huerta sobre las razones detrás de su muy personal proyecto, del DIY en su máxima expresión y sobre cómo formar vínculos a través de experiencias que pudieran parecer unipersonales.

¿Quién es Morales Huerta y cómo surgió este proyecto que se siente tan personal?

Soy un clasemediero de 25 años, bastante ensimismado y con un gran interés por la memoria, ya sea la mía o la de los demás. Vivo en el norte de la Ciudad de México; espacio en el que todo lo mides, por lo menos, a una hora de distancia. Invariablemente, eso da tiempo para pensar y para dejarse ir por cualquier soliloquio interno que siempre se niega a ser adormecido por el estrés de llegar tarde o cualquier estímulo externo. Al final se trata de enfrentarte contigo mismo. En ese sentido, quizás Morales Huerta ha sido justo eso, crear música ha sido un enfrentamiento conmigo mismo. Es decir, poco antes de que naciera en forma este proyecto, sólo había una especie de recopilación de música y cosas que decir.

Hasta antes de ser Morales Huerta, ¿cuál había sido tu andar dentro de los caminos de la música?

Para ese entonces había estado en unas cuantas bandas, las cuales fueron muy importantes para mí, pero las cosas pasan y las bandas suelen separarse. Es así que a partir de ese punto realmente hacer música se volvió algo más personal que algo que compartiera en conjunto. No es que estuviera peleado con el hecho de compartir, sino que el único espacio y tiempo que tenía para desarrollar todo ello era conmigo mismo, desde la intimidad.

Junto con esto, lo más increíble de hacer música fue que se volvió en algún tipo de búsqueda interna, entre explorar cuán capaz era, así como ver cuáles eran mis propios límites, y además fue una especie de recoveco de mis experiencias. Por una u otra cosa, mi forma de avanzar fue muy lenta, sin embargo, la vida continuaba y siempre estuvo ahí el deseo de seguir haciendo música.

Portada de ‘Tres canciones de 20 kilates grabadas en la sala de mi casa’

Junto con el sentido tan personal que se siente al escuchar tu música, supimos que fue diferente el proceso de compartirla con los demás…

Fue quizás a inicios de 2018 que pensé seriamente en publicar todo eso que ya había acumulado hasta el momento. Ciertamente, entre más me acercaba a la recta final de la grabación del Ep, lo único que tenía claro es que quería publicar mi música, pero no sabía con qué nombre, tanto así que los primeros dos meses posteriores a su publicación, mi perfil de Bandcamp sólo aparecía nombrado con mis iniciales. Creo que siempre es difícil ponerle nombre a un proyecto, y en este caso, me ponía en conflicto que nada de lo que pensaba se encontraba con lo que sea que ya había creado. Fue hasta que mi amigo Uriel me sugirió el nombre de “Morales Huerta” y lo vi algo viable.

No recuerdo como tal porque a él le hacía tanto sentido, más allá del hecho de que es parte de mi nombre, pero cuando lo medité sentí que empataba con las cosas que sí tenía claras del proyecto. Es decir, no puedo negar que hay una parte muy personal dentro de mi música y lo que digo, por ende… qué cosa más personal que mi propio nombre. Pero yendo incluso más lejos, al tratarse de mis apellidos, hay una especie de encuentro con la memoria, mi memoria. Todo lo que soy, de los que he sido, y lo que se me ha heredado.

¿Cómo nació ¿’Tres canciones de 20 kilates grabadas en la sala de mi casa’?

Ciertas cosas tenía grabadas ya de un tiempo. Esas grabaciones previas funcionaron como una especie de esqueleto, sin embargo la grabación formal de todo ello sucedió entre abril y septiembre de 2018, que como dice en el título del Ep, literalmente fue grabado en la sala de mi casa. Hasta pareciera que fue un asunto que tenía que suceder en ese momento, porque todas las cosas de las que me había hecho hasta ese momento las usé: mi piano eléctrico, mi guitarra, mis pedales, un controlador midi, una interfaz bastante traqueteada, y el Logic Pro, al que ya le había perdido el miedo.

Exactamente fue eso, hacerlo con lo que podía, con lo que tenía, y a partir de ahí hacerlo sonar de la mejor manera que fuera capaz. Dicho esto, creo que soy muy afortunado de poder vivir en un tiempo en el que es mucho más sencillo generar este tipo de dinámicas a la hora de crear algo, y en este caso, un pequeño disco.

En los últimos años me importa demasiado en lo que escucho -o lo que sea que consuma- que se sienta real, no porque necesariamente sepa de qué habla, sino porque sienta y asimile que me habla de algo que de alguna manera importa.

Lírica y musicalmente, ¿qué hay en estos cinco temas que conforman el Ep?

En lo personal, fue una especie de diario o carta abierta de los últimos cinco años de mi vida hasta ese momento. Creo que hasta cierto punto, me daba miedo el hecho de que fuera así de íntimo, no porque estuviera mostrándole eso a quien sea que fuera a escuchar el material, sino por el hecho de que quizás sólo me estaba hablando a mí, como si me lo recordara. Digo, según yo las cosas de las que hablo son referencias hacia mi vida, pero sería genial que de alguna forma alguien pudiera trazar un puente a la suya.

Al final sé que puedo hablar de muchas cosas, pero creo que nada puedo hablarlo con tanta sinceridad más que lo que venga de mi propia existencia. Creo que ese tipo de cosas al final pesaron mucho, porque realmente no es que fuera una meta impuesta, pero en los últimos años me importa demasiado en lo que escucho -o lo que sea que consuma- que se sienta real, no porque necesariamente sepa de qué habla, sino porque sienta y asimile que me habla de algo que de alguna manera importa. Al final, sin saberlo, ese fue mi mayor conflicto interno, porque yo pude haber publicado el Ep unos meses antes.

El asunto es que se suponía que existiría otra canción dentro del Ep, pero por diferentes razones sentía que no me gustaba: Le cambiaba cosas, regrababa ciertas partes, pero nunca me sentía satisfecho. El punto central nunca fue la canción, sino lo que salía dentro de la cohesión de todo el material; se sentía ajena y rompía con todo lo que por sí mismo ya decía. Fue así que en ese momento “Iluminación” en el que caí en cuenta de eso, decidí publicar el Ep, el cual me dejó realmente agotado emocionalmente por todo lo que había vertido en él.

Musicalmente, ¿Cómo definirías el peculiar sonido de este material?

Es un tributo a toda la música que he escuchado en mi vida; nombrarla dentro de un género me resulta difícil y hasta un tanto engreído, pero Bandcamp pide etiquetas así que supuse que lo mejor era dreampop y demás adjetivos relacionados. Sin embargo, la descripción más chistosa que me han dicho es que es rock melancólico.

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