Una ciudad vacía, desigual y furiosa; el nuevo video de Mengers es rabia social y disidencia saturada

La banda capitalina estrena en ULTR/MRNS el primer play oficial del video de “Tiempos Suicidas”. Grabado en la temporalmente confinada capital, el trío muestra las diferencias sociales y económicas de este universo de concreto con icónicas tomas al otrora Distrito Federal / Foto: Eddie Picker

Con tiempos raros corriendo a consecuencia de una pandemia que ha modificado nuestras formas de vida y bajo el marco de una ciudad semivacía y silenciosa, parece inevitable repensarnos a nosotros mismos y, en los momentos de mayor lucidez, ir un par de pasos adelante para encontrar que afuera hay un sistema que, furioso y desesperado, lucha por seguir de pie a costa de nuestros sueños y esperanzas. Son “Tiempos Suicidas” y Mengers lo sabe.

Enmarcando uno de los dos tracks que estrenaron hace unos días, el trío capitalino construyó una pieza audiovisual llena de contrastantes paisajes citadinos; en un estreno de primer play en ULTR/MRNS, Mengers le pone rostro a las críticas y afiladas nuevas líricas que presume en cada uno de los temas que anuncian GOLLY, su incendiario próximo disco.

El video es un viaje contrastante por la desigual y, por ahora, silenciosa CDMX; edificios ostentosos, departamentos caros y zonas residenciales que chocan con la pobreza y hacinamiento que envuelve a la mayor parte de la capital, retratan el lado más crudo de ese sistema que se erige a partir de sueños rotos y cuya desigualdad se ha visto remarcada a causa de la pandemia. 

Así pues, platicamos con la banda sobre el video para “Tiempos Suicidas”, el significado y el proceso de creación del mismo, sobre la madurez de la banda y ese profundo sentido crítico presente en cada uno de los temas que adelantan su próximo material. 


Este primer video oficial de Mengers coincide con un momento en que la ciudad está vacía, y lo que vemos en él parece la representación literal de un futuro que no existe. ¿De dónde nació la idea de este primer vídeo y por qué para “Tiempos Suicidas”?

Desde que comenzó lo de la pandemia sentimos un gran vínculo entre el mensaje de la canción y la situación por la que estamos pasando. Estamos en tiempos suicidas por la monotonía y porque poco puede hacerse para cambiar las cosas. La letra fue hecha antes de la pandemia pero en realidad se acomodó perfecto al contexto actual, ver que la soledad estaba inundando la ciudad nos pareció una gran oportunidad para dar un discurso visual a la música que habíamos hecho. Por lo mismo, se nos ocurrió que podríamos contrastar la ciudad activa y viva de los años pasados con el encierro total de ahora. 

Es gracioso cómo han querido vendernos desde hace años la idea de una ciudad vacía y sin alma, en donde vivamos en grandes edificios y desarrollos inmobiliarios de los cuales no es necesario salir para “protegernos” de la pobreza y de la diversidad cultural, política y económica, es el ideal estético de “lujo y confort”. De alguna manera queríamos mostrar que desde hace años estamos inmersos en una rutina, en un sistema monetario injusto, mientras que afuera sigue habiendo pobreza, desigualdad económica y malas condiciones de vida… ese mundo sigue ahí, ese sistema sigue ahí aunque estemos encerrados en nuestras casas. Estamos experimentando un cambio, un nuevo orden. Hay mucha incertidumbre sobre el futuro y lo mejor que podemos hacer es alzar la voz y cuestionar nuestra realidad para no repetir todo aquello que estaba mal. Esa es la esencia que quisimos plasmar en este video.

En el video se ve ese contraste entre la soledad actual de la ciudad y el movimiento del que todos éramos parte hace poco. ¿Cómo fue ese viaje por una ciudad solitaria y cómo funcionó el proceso de creación?

Sí, decidimos hacer una especie de viaje por la ciudad; nuestro amigo Eddie tiene una cámara y hablamos para que nos ayudara en la grabación. Escogimos ciertos puntos donde haríamos tomas, trazamos una ruta y nos levantamos desde temprano porque queríamos grabar el amanecer. Hicimos tomas en calles, en monumentos, en puentes, en avenidas. Muchas de esas tomas hubieran sido imposibles en otras épocas y algunas lograron ser únicas; no todos los días puedes detenerte y grabar en el segundo piso de periférico. 

La idea era visitar lugares “acomodados” y mostrar más cruda esa ciudad vacía y sin alma que es el ideal de la gente que ahí vive. Todo fue muy emocionante, pero la última locación mucho más: terminamos en Santa Fe, en la Cañada Los Helechos, donde hay un puente que literalmente es una de las barreras más evidentes de desigualdad social que hay en la ciudad. El puente divide la zona con mayor ingreso de la capital con una de las de menores ingresos -el Santa Fe de Renata con el de Ulises-. Tuvimos que caminar bastante para hacer las tomas. Hubo mucha adrenalina pues sentíamos cómo se movía el puente cuando pasaban los autos y para llegar ahí no hay un paso peatonal. Ahí Eddie nos tomó esa gran foto donde estamos posando como si nada en medio del puente vacío. 


Foto: Eddie Picker

“No somos nosotros los que quisimos esta realidad. El sistema prohíbe la posibilidad de soñar a mucha gente y lo peor es que esas prohibiciones muchas veces están sesgadas a estratos económicos, colores de piel, accesos a niveles educativos. Estas prohibiciones a larga escala producen desencantos. A eso llegamos, a un sistema que produce desencanto por la vida misma


La postproducción la hicimos nosotros e invocó la creación de un escenario en donde lo más crudo y ácido de un video desolado -quizá un poco no alterado- cayera a manos de videos del pasado donde la gente relata visualmente que se podía salir a las calles, vivir tranquilos y que no había factores ni riesgos algunos a la cotidianidad citadina. Eso en la edición fue algo complicado; lograr esa intersección entre nuestro presente devastado y un pasado que prometía un futuro que jamás llegó. Un dato curioso es que ese edificio que aparece en la última escena del video, ese que está en la zona de altos ingresos y donde empieza la de bajos, salió hace poco en la portada de Reforma como uno de los edificios que Javier Duarte pudo recuperar desde la cárcel. Es paradójico y cómico y representa muchos de los sinsentidos de las estructuras de poder dentro de la sociedad actual.

A comparación del álbum anterior, los singles nuevos se notan más críticos y enojados. ¿De dónde viene la necesidad de llevar hacia allá la lírica y el concepto del nuevo álbum? 

Ahora que estamos en pandemia podemos verlo más claro, vivimos demasiado rápido esos días, todos los días pasaba algo y no podíamos parar, estábamos en un tour y ensayamos muchas veces a la semana. Alrededor había mucha gente nociva y no la pasábamos bien, aunque a veces parecía que sí; habían amigos con problemas de drogas, sin poder seguir haciendo lo que quieren, abandonando sueños, sin poder estudiar porque no tenían dinero, volviéndose en todo ello que juraron destruir. Nunca nos dimos cuenta lo rápido que se descompuso todo; un día nos llegó una llamada, supimos que un chico del departamento de una amiga de la banda se había suicidado. Él tenía nuestra edad, escuchaba música como nosotros. Fue horrible. Creo que dentro de nosotros eso hizo un clic: si pudo ser él, pudo ser cualquiera. Nuestros amigos estaban perdiendo trabajos, abandonando sus sueños, empezando a convertirse en “adultos” y a nadie en realidad le estaba gustando. No somos nosotros los que quisimos esta realidad. El sistema prohíbe la posibilidad de soñar a mucha gente y lo peor es que esas prohibiciones muchas veces están sesgadas a estratos económicos, colores de piel, accesos a niveles educativos. Estas prohibiciones a larga escala producen desencantos. A eso llegamos, a un sistema que produce desencanto por la vida misma. Tal vez de ahí viene la furia y la crítica. Por otro lado, la música se fue moldeando por los shows en vivo del tour que nos enseñó muchísimo a hacer conciertos. Esto motivó a hacer música rápida y vertiginosa. 

Lo siguiente para Mengers es el lanzamiento de GOLLY, su siguiente álbum. Sabemos que todo el proceso de producción, grabación y masterización se hizo en Progreso Nacional. ¿Cómo fue trabajar junto a un personaje como Hugo Quezada y cuál fue el resultado de ese trabajo?

Fue increíble, todo fluyó muy bien. Hugo se involucró totalmente en la producción; iba a ensayos, a tocadas, escuchaba maquetas que hacíamos con celular, nos hacía críticas todo el tiempo. Es alguien muy comprometido y fue toda una experiencia ver cómo usaba cada elemento en su estudio, nos hizo salir de una zona de confort que veníamos arrastrando. 

Algo que ayudó fue grabar las canciones por bloques y no por horas, de esta manera fue más tranquilo el proceso y nos daba tiempo de pensar en lo que podíamos hacer. Terminamos de grabar los instrumentos justo antes de que comenzara el confinamiento, así que tuvimos que terminar de grabar algunas voces a distancia. Aún hoy seguimos terminando algunas grabaciones. Estamos en cuarentena pero no estamos detenidos, la música nunca puede detenerse.  


“Tiempos Suicidas” junto a “No Hay Futuro”, forman parte del próximo material discográfico de Mengers y que llevará por nombre GOLLY, mismo álbum que ha sido grabado en Progreso Nacional.