El atrevimiento sin fin y un nuevo Ataque Suave: Entrevista con 107 Faunos sobre la transformación y la permanencia

Aprendizajes y moralejas, expectativas y convicciones bien marcadas… platicamos con 107 Faunos sobre ‘El Ataque Suave’, su más flamante disco, pero también sobre su carrera de doce años que los posiciona, además de como los diferentes del indie argentino, como una de las nuevas bandas de culto en tierras pamperas.

Más allá de cambios recientes en su formación [ahora conformada por los hermanos Javier y Félix Sisti Ripoll en guitarra y voz, bajo y guitarras respectivamente; Mora Sánchez Viamonte en teclados y voz; Juan Pablo Bava en voz y percusiones; y Pipe Quintans en batería], la propuesta de 107 Faunos, durante sus más de doce años de trayectoria y seis discos de estudio publicados, mantiene una identidad bien definida.

La relevancia de 107 Faunos en el escenario y circuito del indie argentino no se ajusta a las perspectivas reduccionistas que imponen al momento de evaluar o analizar la incidencia o influencia de los artistas en la cultura de una comunidad. Más allá de ciertas canciones que destacan en su discografía, el hit de la banda es un concepto, un significado que emerge desde el momento cero de la creatividad y se expande hasta el último acorde de sus presentaciones en vivo.

Esta entrevista no trata de entender ese concepto, se trata de transmitirlo y estimularlo. Después de todo, de eso se trata el último ataque de los faunos a la falsa aristocracia que llena lugares. Así, platicamos con Javier Sisti Ripoll sobre El Ataque Suave, su más reciente material, pero también sobre su carrera vista como un proceso de transformación que ha permitido entenderse y construirse sobre la marcha.



En una entrevista posterior al lanzamiento de Madura el Dulce Fruto (2018), Mora anunciaba que ese material sería hermano del siguiente, que resultó ser El Ataque Suave, disco que lanzaron hace unas semanas…

Sí, en algún punto veíamos que había como un diálogo, en algún punto en esas 26 canciones había una que respondía a otra o una parecida a la otra en algún aspecto. Igual por ahí estaba en nuestra mente que decidimos equilibrar dos discos en 13 temas eligiendo qué canción empataba. Por ahí era un emparejamiento a la fuerza que hacíamos, pero por ahí no. Yo perdí la perspectiva porque estar tan adentro y con esa idea que quizás ya nos la terminamos creyendo.

Se habló mucho respecto al trabajo previo de la banda, Últimos Días del Tren Fantasma (2014); y ustedes, cuando repasan lo que fue la producción, del cómo trabajaron, no parecen conformes…

Sí, es un tema. Después lo hablamos, después de todas las entrevistas terminamos diciendo: “¿Por qué hablamos mal de este disco si no está tan malo? Parece que lo odiamos.” Fue mucho mejor el proceso de crear este disco. De los seis discos que grabamos, creo que en ‘Últimos Días del Tren Fantasma’ hicimos cosas diferentes. No sé porqué. Es como que siempre grabamos en un estudio que no era nuestro o por ahí no era tan cercano a nosotros, la manera en que se dio, como se juntaron las canciones para hacerlo… Todas las canciones de ese disco llegaron hechas para la sala de ensayo. Estábamos en un momento en que los dos compositores principales, que éramos Miguel y yo, atravesamos un momento de divergencia; él iba para un lado, yo para otro. A mí no me interesaba tocar en sus canciones y creo que a él no le interesaba tocar en las mías [risas]. O por ahí en lo que él hacía, yo no me sentía identificado. Por ahí las mejores canciones, que son las de Juan, eran como un punto intermedio. Igual tiene sus hits, es un disco que tiene puntos altos también y está bien planteada la producción. Hicimos un trabajo de pre-producción pero tardamos mucho tiempo en hacer algo y gastamos mucha plata en algo que no disfrutamos tanto el proceso.

Cuando encararon tanto ‘Madura…’ como ‘El Ataque…’, ¿Hubo algo como reivindicar la esencia de la banda? ¿Una revancha tal vez?

Creo que lo que más caracterizó a este último disco es que fue un proceso de composición grupal, más como en la época de ‘Creo que te Amo’ [2010], por ejemplo, un proceso más de espontaneidad. En el disco anterior no habíamos compuesto ningún tema en la sala de ensayo y en este pusimos un montón de canciones que salieron de zapadas. De que te sale una base, alguien tira un arreglo y vos tiras una frase y decís “uy, está saliendo”. Estuvo bueno eso. La mitad de las canciones la llevaba yo, que grababa como un demo acá en mi casa, pero nunca llevaba una canción completa. Siempre llevaba un cachito como para ir viendo para qué lado iba. Fue un proceso mucho más grupal. Y después, como pasó en ‘Creo que te Amo’, que lo grabamos con José “Peta” D´Agostino, que es un amigo, en su estudio Moloko Vellocet, que teníamos todo el tiempo del mundo y decíamos “Vamos a probar esto” y se probaba. Con Pablo Barros, el productor de ‘Últimos Días…’, era muy conservador. Todo lo que queríamos probar decía “Hmmm… mmmm”. Entonces quedó todo medio así, muy prolijito. No tiene tanta salvajada como tienen estos últimos dos discos que nos permitimos hacer de todo. Yo me saqué las ganas de hacer todo. Lo que quería hacer, lo hice.

También en otras entrevistas hablaste al respecto de cierta percepción durante las sesiones de ‘Últimos Días…’: síntomas de agotamiento, algo que se había perdido y que ustedes estaban aburridos. ¿Se recuperó eso durante las grabaciones de estos discos hermanos? Pienso en esa idea o concepto de que madura el dulce…

Sí, hay un poco. Eso es un chiste interno que decimos: cuando estamos camino directo a hacer alguna pelotudez y decíamos “madura el gag”, después “madura el dulce”… Una pelotudez, “madura el dulcísimo”. Y después lo empezamos a aplicar a la banda: “Che, ¿cuándo madura?” Y estaba bueno porque, en términos esotéricos, todos los discos anteriores ya tenían el título antes de salir. Eso le daba como una potencia, ya estaba bautizado antes de tener contenido. Y ‘Últimos Días del Tren Fantasma’, que es el disco maldito, más allá que tenga sus hits, está ‘Jazmín Chino’, que es un disco que no desentona tanto y no tenía el título cuando lo grabamos. Hicimos una lista con 150 títulos y el título que le pusimos ni siquiera estaba en esa lista. No encontrábamos el arte de tapa, era todo discutido. Lo grabamos en José Mármol, que para nosotros era un quilombo. Somos de La Plata, y no hay una autopista a Mármol: eran tres horas de ida, tres horas de vuelta. Hubo algún momento que la pasamos bien, pero venía jodido. En cambio esto, que ya venía con título…fue todo más fácil. Lo terminamos grabando en el estudio de Pipe, nuestro baterista, que era como grabar en casa, a cualquier hora, muchos días seguidos. Era como esa utopía hippie de la creatividad constante y ver qué pasaba.

¿Piensas que este nuevo trabajo puede ser la despedida de algo o el inicio de algo nuevo para los Faunos?

Acá se cierra un proceso que empieza casi a principios del otoño 2017, que es cuando empezamos a ensayar. Arrancamos con muy poquitas canciones, con dos, tres, cuatro y  llegamos a diciembre con 32 canciones, o quizás más. Y bueno, quedaron 26, 27 fueron editadas. Y se cerró con la salida de este disco. También, queda feo decirlo, pero pasar de un sexteto a un quinteto y que todo encuentre su lugar… Antes no estaba todo en su lugar. ¿Viste cuando algo no está todo en su lugar, hay problemas y todo es potencialmente problemático? Eso fue una refundación que todo el mundo la vio, se notó mucho en vivo, se notó en los discos. Una cosa tensa que había empezado a subir y eso estuvo bueno. E incluso ya en los streaming de principio de la cuarentena empezamos a tocar temas nuevos, temas que ni siquiera estaban en el disco, temas de otro disco que saldrá algún día, pronto. Pero bueno, ¡Ey! Empieza otro proceso la verdad, hay que ver.

Un tema recurrente en torno a la banda es el modo de producción, la forma en que encaran su propuesta artística, en otra entrevista dijiste “Algo que sos sin saber lo que estás siendo”… Me da la impresión, de que tal vez llegaron a una suerte de sinceramiento, como que encontraron un lugar donde relajarse, trabajar honestamente, sacarse esas ganas de hacer todo lo que querían y dejarse de preguntar cómo hacer que fluya… Como un sacudón energético guardado desde el disco anterior…

Bueno, lo que hacíamos, cómo lo hacíamos, por qué lo hacíamos y por qué era así, por qué no cumplía con algunos cánones era un tema de disputa en torno a la banda. Eso no era una discusión, éramos una polémica. También es una banda que cuando nace, nace con expectativas, las normales. Pero con especulaciones, o con la idea de cómo queríamos hacer las cosas, no la teníamos muy clara. Aunque sabíamos que veníamos, o al menos yo venía de fracasar, de tratar de hacer cosas dificilisimas. Dije, “Bueno, no, voy a hacer algo lo más fácil posible de hacer”. Y bueno, fue saliendo lo que salió, a mucha gente le encantó, mucha gente lo odió, algunos gritaron, otros lloraron, otros sonrieron. Y creo que seguimos ese camino, seguimos, porque seguimos la verdad y creo que cada vez empezamos a hacer mejor eso. No sé si mejor o peor, simplemente logramos tener las herramientas como para hacer todo lo que queríamos, que por ahí al principio no las teníamos.


“Logramos llegar, tener un nombre y una propuesta que tiene una retórica diferente, bien definida. Creo que antes de nosotros, no había una banda como nosotros. Me mencionan bandas que tenían algo que ver… pero tampoco es que nosotros hayamos inventado nada. Todo lo contrario, es más bien, vamos a hacer todo lo mismo de siempre. Salió y le fue bien por alguna razón.”


¿Crees que con este disco se consolidó el “canón Fauno” que resume todo esto que estás diciendo? Tal vez reniegan esto de ser la banda de culto, pero lograron consolidar una propuesta artística que tal vez este disco permite deconstruir más fácilmente y ayuda a entender la trayectoria de la banda.

Sí, me parece que esa perspectiva que tenés vos la tengo yo. Es como que en el momento dijeron “Bien, ahí está, lo hicieron. Ahora lo entiendo, ahora no me molesta”. Incluso ya hay gente que se queja, obviamente.

Claro, el que dice “se traicionaron”…

Claro, ahora somos parte de lo que odiábamos. Ya somos parte del establishment [risas]. No cambiamos nosotros, sigue siendo lo mismo solo que tenemos más herramientas. El salto que tenemos en el sonido es porque íbamos a sacarlo en marzo el disco, y dijimos, “Pará, vamos a mezclarlo”. Y estuvimos seis meses mezclando, remezclando… Sacando cosas, poniendo otras. Igual fui guardando un proceso de todas las pre-versiones de cada tema y fue cambiando mucho. Realmente se trabajó mucho más en este disco que en todos los anteriores, desde todo punto de vista. También el conjunto de canciones, en sí son más clásicas. Siempre hicimos un pop rock clásico, tampoco fue nada de otro mundo, hay cosas con más riesgo.  La primera de “El baile del Fantasma”, que es la que abre, la canción que yo estaba buscando desde que empecé, era esa. Y “El Baile del Fantasma” es una canción que viene desde el 2006 cuando empezamos. Entonces no le podíamos encontrar la forma y se la encontramos ahora. Pero justamente porque tenemos más herramientas de todo tipo.

¿Puede ser que exista algo como un proceso a lo largo de su discografía que fue “educando” al oyente de 107 Faunos? Algo como una forma de “superar” pruebas para entender la propuesta artística. Una banda que obliga a los oyentes a ponernos en otro lugar, obligarnos a cierta predisposición.

No es una banda fácil de escuchar los Faunos. O sea, vos pones la playlist de indies de Spotify, que de indie tiene muy poco, con ninguna de las acepciones de indie, pero bueno, y llega la canción nuestra, bueno: es un poco más rara. Obvio que tenemos canciones más pop, las que canta Juan, tipo “Pico Tres”, que es un caramelito pop que va para adelante. Pero mi manera de cantar… Yo a veces me pongo a leer comentarios de YouTube y no entiendo a qué van. Digo, “No sé maestro por qué tenés que saber vos la melodía”. La melodía es mía, si está en otra tonalidad, no sé, es así. No sé si es a propósito o no. Simplemente no me identifico con esa manera, o no la entiendo. Es como el señor Burns, hablando de Los Simpsons, le decía a uno “quítese las patillas”. A mí me están diciendo quítese las patillas hace 15 años y yo no sé de qué patillas hablan. Hay veces que hoy en día me doy cuenta que me fui a la mierda y quizás lo siga haciendo. Quizás no mantenga el tono…

Pero justamente, si todos hacen eso, ¿Por qué hay que hacerlo de esa manera? La honestidad de esa propuesta es que ustedes hacen lo que quieren. Parece fácil, pero es muy difícil…

Es muy difícil hacer cualquier cosa. Imaginar algo bien hecho es fácil, hacer algo siguiendo las reglas, creo que también es fácil. Repetir y obedecer es lo más fácil del planeta. Argentina es un país muy de rati [policía]: “Se está equivocando”, “Lo está haciendo mal”, “Esto es una mierda”, “Esto está mal cantado”…No me rompas los huevos…

Es la hipocresía de una sociedad que castiga el autoritarismo de ciertos sectores pero después en muchos de nuestros consumos pasa eso: la pretensión de desplegar una vara de lo que está bien o está mal…

Los periodistas de Argentina, los detractores, nos comparan con bandas de Estados Unidos, pero ellos no se comparan con la prensa de Estados Unidos.

La canción “La Plata”, que aparece en ‘Últimos Días del tren Fantasma’, ¿Tiene algo que ver con eso?

Sí, es un poco también producida por el hartazgo…



“Las paredes están llenas de pósters de bandas tributos…” Las bandas tributos van más allá del homenaje a Soda Stereo, hay un montón de bandas que son bandas tributos per sí mismas…

Hay muchas bandas que suenan todas iguales, a eso voy también. Y para la falsa aristocracia somos lo menos.

Coincido cuando dicen que no son el “rock nacional”, como categoría que empata con lo hablado recientemente, pero sí que son “rock argentino”. Las consideraciones respecto a su trabajo por otros colegas, a su propuesta, tienen un lugar de privilegio y reconocimiento entre las nuevas camadas de bandas argentinas.

Logramos llegar, tener un nombre y una propuesta que tiene una retórica diferente, bien definida. Creo que antes de nosotros, no había una banda como nosotros. Me mencionan bandas que tenían algo que ver… pero tampoco es que nosotros hayamos inventado nada. Todo lo contrario, es más bien, vamos a hacer todo lo mismo de siempre. Salió y le fue bien por alguna razón. Funcionó. Tal vez esa razón sean las canciones. Hay canciones que te interpelan y canciones que no.

¿Se atrevieron a hacer lo que nadie se atrevía a hacer?

Sí, también hay que salir a tocar. En el camino te vas a ir haciendo. Hay un disco de Flaming Lips, el nombre es medio malo: ‘A Collection of Songs Representing an Enthusiasm for Recording… By Amateurs’ [1998]. Escuchas el disco y era malísimo, tocaban mal, canciones malas. Y después vas viendo que van mejorando. Escuchas el disco y decís, “Hey, se puede mejorar, se puede llegar a tocar un poco mejor”. Mejorar en el sentido de poder comunicar algo. Ser significante en la vida de alguien.

Pensando la aventura como adentrarse a una experiencia sin saber lo que viene por delante y sin preocuparse por lo que se deja atrás, ¿Considerás que la trayectoria de 107 Faunos podría ajustarse a algo así?

Nos largamos así, fuimos para adelante, de cero.

Se largaron así, y en este disco nos encontramos con una canción como “Sedán Discreto” que habla de madurar: Un hombre que va a comprar un terreno para comprar su casa…

Sí, va a ver el terreno y a pensar en su futura casa…

¿Qué te imaginas en la futura casa de los Faunos? Hablaste de un nuevo disco…

Veo algo que puede ser más pop. Pero también algo más pesado y más denso. Toda esta tensión que está en “Pico Tres”, cosa medio pop, medio hitcito, o la de viento de la nube negra [“Neón en la Selva”]. ¿Viste que le pones un título para el disco y después ni te acordás…? Y está también “Jardín de Cemento”, hay cosas mucho más densas, mucho más oscuras y mucho más pesadas y cosas más luminosas y más pop. Me imagino un poco seguir en ese camino. Hacer un disco más despojado pero no sé si lo veo posible. Siempre empezamos a meter cosas.

¿Aún más despojado que estos dos discos hermanos?

Sí más chiquito. Sin batería directamente.

Ya que mencionas la batería, te quiero preguntar por el trabajo de Pipe: es miembro de la banda y al mismo tiempo productor de este disco y de otros de LAPTRA. ¿Cómo convive ese doble rol?

Tiene demasiado poder. Hay que controlarlo todo el tiempo. Observar todas las mezclas [risas]. Como baterista es muy sobrio también. Hay un problema, como baterista yo le exijo que sea mucho más arriesgado. No, no es un problema, es lo mismo. Es muy sobrio al hacer las dos cosas. Yo le digo, como baterista, “Tira lujos, tira cosas jazzeras”, “No me da vergüenza”, “No dale, vos tira, demostrá que tocas bien. Y con las mezclas lo mismo, “Dale, subí esto dale, metele con esta, con otra”. Le exigimos que sea más extrovertido en todas sus acepciones.


“Siempre quise tener una banda, pero paralelamente siempre me fui nutriendo de la mayor cantidad de arte posible como para tener herramientas para construir algo que obviamente no podía salir de mi porque yo no tengo imaginación, no tengo nada. Los Faunos es una cosa que es un collage de mil influencias. Está todo ahí arriba de la mesa, muy evidente. Me encanta cuando me dicen: “Gato, ¿Esto te lo robaste de acá? Sí, qué bueno que lo descubriste después de diez años”. Al final alguien agarró un libro.”


Durante la cuarentena explotaron el tema audiovisual y trabajaron con Diego Tretorola, ¿Cómo fue esa experiencia?

Diego, el año pasado que estuvimos bastante movedizos, vino a todas las giras. Se convirtió en un documentalista, en un personaje de la gira, un miembro más del equipo. En una exposición artística se le ocurrió este video [“Un Pequeño Sí y un Gran No”] y fuimos una tarde y lo grabamos con la idea de trabajar, lo planteamos super profesionalmente al asunto. También como empezamos a editar con Primaver Labels, que para todos los lanzamientos trabajan con un video. Nosotros para el primer disco teníamos una película que lo acompañaba, que se llama “Personaje de Película”, una película Súper 8 que la hizo un amigo, Pablo Marín, que volvió para el video del “Año Pasado”. Después hicimos una película, “Creo que te Amo”, y después la colgamos. Colgamos, colgamos hasta que dijimos: “¿El video para este tema?” Empezamos a sacar videos de la manga porque no se podía filmar mucho y para este disco sacamos tres videos ya. Trabajamos con unos teaser para “El baile del Fantasma”, y tenemos grabado uno más para “Recuerdos de Ya”. Y tenemos otro para “Cosechar de Madrugada”, un video caro, con drones y todo. Pero sí, nos tuvimos que poner a laburar. También aprovechamos los challenges de Instagram, que Morita maneja bastante bien, y dijimos “Vamos a hacer un video challenge”. Recibimos un montón de videos y estábamos hablando de darle contenido a nuestro canal de YouTube y echamos mano a todas las herramientas posibles. No son grandes producciones, son lo que son. De la cultura de la pantalla ya estaba medio asqueado. Yo no quería ver nunca más un video. Una cosa era ver MTV en los noventa, yo no miro videos en la computadora porque la computadora es algo interactivo que se propone hacer todo tu viaje, no me voy a poner ver la computadora como si fuera algo convencional. No puedo aguantar ver un video en la computadora.

¿Cómo te llevas con las nuevas formas de escuchar un disco?

Creo que pierde bastante el audio, no es lo mismo escuchar un CD, ni hablar un vinilo que escuchar en la compu. Yo prefiero el formato físico siempre.

Te escuché decir que tiempo atrás en las casas se daba la disputa por el uso del equipo de música. En cambio ahora la escucha se volvió algo más individual y privado. ¿Piensas que eso puede atentar contra su propuesta?

Desritualizado, vamos a ponerlo así también, en línea con la época. Creo que hay gente que todavía conserva ciertos hábitos de escucha. Creo que nuestro público mantiene el hábito de escucha. Nosotros presentamos este disco como una obra completa, son casi 40 minutos de música en los que proponemos un recorrido. Leí que muchas personas ponían “Al fin un disco para escuchar entero muchas veces”. Por más que sé que es gente que es nuestro público, me parece que está copado eso. Obviamente que en general nos juega en contra todo porque hacemos una música que ya no es joven y no está en un lugar de tanta visibilidad. Bueno, es música de nicho. Tampoco el rock nunca fue la música más masiva… Por suerte hay un consumo masivo, eso tiene que ver con la democratización, al haber muchos más medios para escuchar, hay mucha más gente escuchando simultáneamente.

En alguna oportunidad dijiste que en Argentina es difícil movilizar gente, y que parte de sus seguidores se habían tomado una suerte de licencia por maternidad y paternidad, y ahora que sus hijos crecieron volvían  a ver a la banda.

Eso ha pasado. Es fluctuante el público.

Al margen de la pandemia, ¿Cómo te imaginas el regreso a los conciertos con público? Pensando en el nuevo disco, una nueva propuesta arriba del escenario, otra formación…

Primero tendríamos que volver a tocar para ver cómo era. Las canciones de este disco, no me sé ninguna, no las toque más. Creo que la semana que viene vamos a ensayar. Ya para mandar temas nuevos directamente. Una vez que se vuelva a tocar tenemos que presentar este disco. Todavía no lo tocamos. Pero por suerte este año lo arrancamos tocando varias veces, creo que tres o cuatro. La última vez fue en La Plata, que es el peor lugar para tocar de todos, pero bueno, fue acá [risas].

Dicen que nadie es profeta en su tierra…

Sí, pero bueno, tocamos cuatro veces igual. Tocamos en La Tangente, Niceto, un festival en Mar del Plata y acá en La Plata. Tuvimos un año con suerte. Mirá, si hubiésemos esperado un poco más para tocar, no hubiésemos tocado nunca. Hay que aprovechar el verano para tocar.

¿A qué te refieres cuando hablas de un “mood” como condición junto estilo y el modo de producción?

El indie tiene una cosa, algo que va entre un humor, esa cosa slacker, medio porrera, un poco sobradora pero también un poco humilde. Una histeria. Pero sobre todo una cosa más relajada. Lo veo como una cadencia.

¿En qué artistas identificas esa cadencia? Pensando a futuro, en el devenir del género

Deerhunter, Frankie Cosmos, Alex G… De acá de Argentina, El Club Audiovisual, me gustan las propuestas más tranqui. Lo que pasa es que acá se volvió muy “rock nacionaloso” todo, un revival de Spinetta bastante peligroso, un viejazo general. Está todo bien con Spinetta, pero ya pasó. Me cuesta encontrar algún elemento más juvenil. Me gusta Señorita Trueno Negro, propuestas más cercanas. Con una cosa así medio arpegiada, no una cosa chun chun frenética. Más tranqui.

Desconocía tu versión académica como docente de Ciencias de la Comunicación en la Universidad Nacional de La Plata. Te escuché hablar en contra de la cultura del paper, que prefieres la producción y lectura de ensayos, que no tenga que ver con lo producción académica del arbitraje. ¿Qué paralelo puedes trazar entre eso y la música?

Sería la intersección donde se juntan la música culta virtuosa con la música comercial. Algo que sea pretencioso y solemne… Hoy leía un paper y decía “Para qué esto, qué necesidad de meter todos estos autores para decir algo que ya no sirve”. No tiene vida eso, no tiene vida. Tiene que ser más brillante, vincular las cosas de maneras que sean originales. No que sean una comprobación de lectura. Muchos papers son “Mira como manejo este término y mirá como manejo este otro. Y los junto en este micro espacio de este microambiente y pasa esta micro cultura”. Dale, habla más, habla de todo el planeta. Juégatela.

¿Cómo interactúan tu versiones músico y académico?

Se retroalimentan. Para pararse ahí enfrente de la clase hay que tener algo medio bufonesco, que también tiene que estar para pararte enfrente del público. También para hacer canciones, para estar al frente de un proyecto artístico hay que tener ciertas aptitudes e inquietudes intelectuales que te las exige la academia. Siempre quise tener una banda, pero paralelamente siempre me fui nutriendo de la mayor cantidad de arte posible como para tener herramientas para construir algo que obviamente no podía salir de mi porque yo no tengo imaginación, no tengo nada. Los Faunos es una cosa que es un collage de mil influencias. Está todo ahí arriba de la mesa, muy evidente. Me encanta cuando me dicen: “Gato, ¿Esto te lo robaste de acá? Sí, qué bueno que lo descubriste después de diez años”. Al final alguien agarró un libro. Pero sí, me gusta eso porque si no te nutrís de eso es medio complicado.

Tienen pendiente un viaje a México…

Sí, tendríamos que estar encabezando la delegación argentina para el FIM de Guadalajara. Fuimos seleccionados por el jurado, pero en vez de eso ganamos una capacitación virtual. Esperemos que de esto virtual salga una gira pronto. Nos encantaría mucho estar allá. Este era el año, le pusimos todo el empeño. Ganamos. Pero la vida. Teníamos grandes planes para este año, pero tampoco hay que enojarse.


El Ataque Suave es el nuevo disco de la banda argentina, 107 Faunos. Ya disponible.