El sonido que se expande y fluye por la llanura pampeana: Cabeza Flotante viaja de la música con destino a la canción

Una entrevista para conocer la propuesta de una banda que apuesta por la autogestión y lenguajes más allá de lo melódico para construir su identidad. Repasamos su trayectoria, adelantan su próximo disco, su llegada a LAPTRA y sus ganas de jugar al cine.

Según cuenta el mito fundador de la banda, una noche de verano, Cabeza Flotante tenía una presentación en su pueblo natal, Florentino Ameghino, ubicado en la provincia de Buenos Aires. La fecha coincidía con un festival de folklore que suele ser visita obligada para todo el pueblo y otros aledaños. El bar donde ellos debían tocar era una suerte de escenario B o anexo de ese festival folklórico. La gente que pasaba por el lugar suponía que el asunto se trataba de una suerte de peña o algo relacionado. Pero en cuanto Cabeza Flotante lanzó los primeros acordes, los presentes no reaccionaron de la mejor manera; Una botella voló por el aire y la banda quedó frente a un dilema: o nos detenemos ahora o no nos detenemos nunca más. Esa fue la primera batalla que ganó Cabeza Flotante, y el zumbido que quedó en sus oídos los días posteriores, valieron la pena. 

Desde su primera grabación casera para gestar su primer EP en 2009, la banda actualmente conformada por Antonio [voz y bajo], Marcos [guitarra y voz], Manolo [batería] y Neneko [teclados] han iniciado un proceso más que interesante en lo que refiere a posicionamiento y reconocimiento por parte del público. El sonido construido a lo largo de su discografía es una invitación a explorar y poblar de sensaciones ese mundo de rutas desiertas, campos planos y abiertos, los paisajes típicos de su lugar de procedencia.

Con la excusa de conocer su inminente nuevo disco, gestado y producido en los estudios de Resto del Mundo [gestionado por los hermanos Pipe y Tom Quintans] repasamos el devenir histórico de Cabeza Flotante.



Han dicho que les cuesta definir su propuesta musical, que si bien se definen como una banda de rock, cuando tocan en vivo lo que predomina es la energía, a veces más intensa y por momentos, más tranquila… Siguiendo con esa idea, algo así como una banda de energías particulares, ¿cómo procesan o experimentan la trayectoria iniciada en 2012 con el debut de “Ningún lugar”?

En algún punto nos definimos como una banda de rock porque hoy en día es una palabra tan ambigua que no expresa mucho más que cierta admiración que sentimos por bandas que nos formaron. El rock como refugio pero también como mundo de posibilidades. Salirse incluso de la idea de género que es un poco anticuada y aproximarse a la música desde una canción, una idea de sonido o de cierta experimentación. No nos gusta encasillarnos, más allá que a la hora de componer y producir tampoco es que nos despeguemos tanto de ciertos universos. En definitiva el que te define es el que te escucha. En relación a la trayectoria, creo que es una palabra un poco grande para nosotros y que de alguna manera uno siempre siente que está sacando el primer disco, pero digamos que fuimos cambiando a medida que nuestra relación con la producción y con el estudio se fue modificando, pero también por los cambios de integrante y por lo que iba pasando en la sala de ensayo. Eso inevitablemente modifica la aproximación a una canción, a una idea de sonido. 

En algún momento comentaron que el disco Relámpago (2013) suponía la necesidad de reflejar la banda que por entonces eran en vivo. Luego llegó Las afueras (2016), ¿cómo marcha esa conciliación entre el escenario y la sala de estudio? ¿Sienten aún esa necesidad de ajustar matices entre esas dos dimensiones?

Ya no tanto. Lo que pasaba en aquel momento es que veníamos de un primer disco que había sido grabado en un home estudio, en un living de departamento, y se grabó con lo que se pudo y como se pudo, sin batería y con percusiones acústicas. Pero cuando tocábamos en vivo lo hacíamos de una manera que no tenía nada que ver con el sonido que se percibía en las grabaciones del disco, tocábamos eléctrico, formación tradicional de batería, bajo, dos guitarras y teclas. Por eso nos urgía la necesidad de grabar un disco que tenga más que ver con el sonido que teníamos en vivo, más eléctrico, y así grabamos Relámpago. Luego llegó Las Afueras que vino a fortalecer esa idea. Pero ahora realmente estamos en una nueva etapa de reordenamiento de sonidos, y otra madurez musical en la que le estamos dando prioridad a un sonido que va más allá de cómo tocamos en vivo. Por más que la esencia de nuestras canciones sigue siendo la misma, en este próximo disco hay canciones más cargadas, más capas de sonidos y tratando de darle identidad a cada canción con lo que creemos que su esencia pide. 


“En cada canción hay un mundo de posibilidades, y saber que sólo una de esas va a quedar grabada genera cierta tensión, cierta ansiedad, pero al mismo tiempo eso hace que sea tan lindo grabar y que uno quiera volver infinitamente”


Teniendo en cuenta que el primer disco de la banda, según cuenta la leyenda, se grabó en un pequeño departamento con enormes dosis de entusiasmo y amor, ¿representó o significó algo especial el hecho de haber pasado a pertenecer a las filas de LAPTRA?

Sin lugar a dudas. Durante cuatro años no estuvimos en ningún sello pero siempre estaba la idea y las ganas de empezar a compartir el proyecto desde otra perspectiva, junto con algún colectivo de bandas. Antes de editar Las Afueras se había estado hablando sobre la posibilidad de publicar con algún sello y, sin dudas, Laptra nos seducía porque amábamos las bandas que lo conformaban, su arte y admirábamos la manera en que trabajaban. Cuando llegó la propuesta para formar parte del sello fue realmente una alegría enorme, pero de alguna manera fue bastante natural porque hace tiempo que nos estábamos juntando con varias de las bandas del sello más allá de las fechas que uno comparte.

4 años después está por llegar un nuevo trabajo de estudio. ¿Qué pueden contar en referencia al espíritu previo a empezar a grabar, cómo van transitando la experiencia y qué imaginan o esperan como resultado?

Estamos terminando de mezclarlo. Tardamos muchísimo en hacer este disco, no solo por todo lo que pasó entremedio sino porque es un disco donde entramos al estudio con muchas canciones a medio armar, con maquetas o retazos que queríamos terminar en el estudio y experimentar un poco con las posibilidades que te brinda. Es por eso también que en este disco el sonido tiene una cualidad más escultórica. Digamos que se fue modelando a paso lento. Pero en referencia al espíritu previo a empezar a grabar, creo que es un momento donde uno siempre está con mucha incertidumbre. Es un momento muy lindo y al mismo tiempo genera mucha ansiedad porque todo lo que traías hasta ese momento sirve a modo de guion, casi como un papel que marca unas coordenadas pero que después termina en el tacho de basura. Lo importante es lo que pasa en ese momento en el estudio, y qué pasa cuando esos sonidos se entrelazan. Después viene una etapa de montaje infinito: qué pasa si saco esto, si le agrego esto otro, si lo doy vuelta, menos de acá, más de allá, y así. En cada canción hay un mundo de posibilidades, y saber que sólo una de esas va a quedar grabada genera cierta tensión, cierta ansiedad, pero al mismo tiempo eso hace que sea tan lindo grabar y que uno quiera volver infinitamente. También hay que decir que este disco está atravesado por la producción de Felipe Quintans, y digo atravesado porque en todo este proceso fue productor, integrante de la banda, psicólogo, amigo y tantas cosas más.

Sin duda parte de la identidad de Cabeza Flotante se construye a partir del Ruchofest. Para los y las que no saben de qué se trata, ¿pueden contar un poco las motivaciones que llevaron a autogestionar esa experiencia? ¿Cómo describirían la experiencia de asistir a uno de sus festivales?

No queríamos esperar a que alguien nos llame a su festival sino generar el nuestro con nuestros propios medios. La idea  fue buscar romper un poco con los circuitos cerrados que se empezaban a generar y a anquilosar para abrir la escena a un montón de artistas que estaban emergiendo sin importar de dónde venían ni qué tocaban. En una misma fecha del Ruchofest podías ver a un artista de trap seguido de una banda de rock o pop y después quedarte a bailar la música que ponían los DJ´s. Estuvo divertido y esperamos volver a hacerlo después de que pase todo esto. 



Le dan mucha relevancia a la producción audiovisual de la banda, ¿qué les permite transmitir esa cuestión que tal vez la música no les deje?

Siempre lo pensamos como un juego sin pretensiones y eso hace que sea un campo donde podemos experimentar desde un costado muy inocente. En general los videoclips siempre nos parecieron publicidades de un disco por salir con los integrantes de la banda posando, o narraciones un tanto solemnes y pretenciosas, cargadas de simbolismo. También están esos videos que intentan narrar algo que redunda en la letra, buscando representarla. Eso nunca nos gustó. Lo nuestro siempre fue jugar a hacer cine pero de un modo completamente lúdico e ingenuo. A veces implica intentar narrar algo que vaya un poco en contra de la letra o de cierto espíritu de la canción y que en esa dislocación surja algo novedoso, con un pequeño argumento deliberadamente debilitado y una narración agujereada donde lo que termina primando es cierta idea de espacio y de esos personajes que no son otros más que nuestros amigos. Pero sobre todo nos interesa ese procedimiento de cierto cine donde el argumento es una excusa para narrar un espacio, es decir, pensar el espacio como protagonista. Y el nuestro es uno misterioso y hermoso: la llanura bonaerense. Ahí pasamos nuestra infancia y hacia ahí volvemos de manera recurrente en nuestros videos.  

También nos gusta pensar los videos como si estuviesen dentro de una película, donde no vimos el comienzo ni vamos a ver el final, sino que estamos viendo una secuencia clipera del medio. Como cuando viendo una película, uno escucha una canción y la -re-descubre en un contexto que hasta hace un rato le era ajeno o impensado. Pero para este nuevo disco estamos viendo qué hacer. La pandemia nos arruinó un poco los planes. Estamos armando algún video con archivos y otros que no tienen mucho que ver con lo que veníamos haciendo. Veremos qué sale. Nada serio, esperemos…