La refulgencia de un trance interminable en el disco debut de Edgar Mondragón; electrónica inmaterial para la luz personal

Instalado, como acostumbra, en el delicado y delgado vórtice de aquello a lo que se le llama experimental, el capitalino canaliza su energía y su universo personal en un hondísimo crisol que suena a ambient, drone, techno y precisa en una síntesis magnética de 1 hora.

El nuevo disco de Edgar Mondragón, productor de la Ciudad de México, resulta también ser su debut en formato de larga duración. Y no parece: los múltiples lanzamientos que el capitalino ha concretado desde hace ya varios años, sea con su proyecto inicial como banda, o bien, los EP’s que ha trazado en su carrera desde 2018, hacen sentir que el trabajo de Mondragón ha estado siempre cerca. Y eso, tal vez, se conecte con la vigencia del músico mexicano al ser, definitivamente, una de las vanguardias en la música electrónica del país.

Porque la confección sonora de Edgar Mondragón no es lineal, mucho menos plana, y por el contrario, sí en extremo sesuda y sensorial; es como una gigantesca dimensión de la que no hay fronteras o limites visibles… porque, quizás, no las hay. En No Hay Recuerdo Que No Se Apague, la destreza sonora del capitalino es notoria, pero más allá de las múltiples texturas o nuevas introducciones instrumentales, la alta y tangible inventiva de los nueve tracks de la placa es el conducto por el que este material es un espacio de elevación sonora para enmarañar y depurar la consciencia. Es un trance. Un material inmaterial.

Instalado, como acostumbra, en el delicado y delgado vórtice de aquello a lo que se le llama experimental, Edgar Mondragón canaliza su energía y su universo personal en un hondísimo crisol donde igual se funden sus referencias literarias, samples de búsquedas recónditas en internet, sueños y elucubraciones que se sienten lúcidas, dolores, suplicios y angustias íntimas al igual que fantasías para una pista funcional todo terreno, grabaciones escondidas y claro, la luz de la producción musical que se une entre el ambient, el drone, el techno y la síntesis adecuada y precisa que engloba un impresionante resultado de una hora completa.

Edgar Mondragón nos cuenta, canción por canción, todo lo que existe en su imaginario sonoro y cómo lo ha vertido en No Hay Recuerdo Que No Se Apague, su grueso y refulgente disco debut:



“…En Algún Lugar”

El intro del disco surgió de una improvisación que hice con mi Ableton Push para abrir el show que di en el Centro de Cultura Digital en la Ciudad de México en 2019. La grabé, y sobre esa base de sintetizadores, compuse el resto de la canción, la cual está inspirada en el sonido de Telefon Tel Aviv.


“Ensoñación”

Esta canción está inspirada en un sueño recurrente que he tenido desde hace 4 años y que sigue sucediendo frecuentemente. En este sueño una persona que aún no conozco llega, me saluda y ahí acaba el sueño. Siempre es la misma persona. Tengo el presentimiento de que algún día conoceré a esa persona, le diré que se ponga unos audífonos para escuchar este drone -que por momentos se vuelve noise-)y le contaré que la canción la hice inspirada en este momento: el momento en que por fin nos conocimos.


“Refugio”

Esta canción es la semilla del disco. La secuencia principal que se repite durante toda la canción la estuve trabajando y experimentando por más de 1 mes, día a día, era una obsesión. La probé en varias presentaciones en vivo y mi idea inicial era hacer un track techno con esta secuencia, un 4×4 para la pista de baile. Pero llegó la pandemia, y la canción se transformó hasta llegar a ser algo más cercano al ambient/drone. Es uno de los tracks más importantes del disco porque marca una dirección muy clara de hacia dónde irán mis próximas producciones.


“…En Cualquier Lugar”

Esta canción es la hermana espiritual de “…En Algún Lugar” y originalmente iba a ser el track con el cual el disco iba a cerrar. Conforme el tiempo pasó el track fue evolucionando, partes se fueron sumando, fue adquiriendo más profundidad y el cambio en el tracklist se dio de manera natural. “…En Cualquier Lugar” se convirtió en la puerta de entrada a la segunda parte del disco.


“Estaba Brava La Luna”

Una de las canciones que más fluyó en el disco: la compuse en menos de dos horas. Fue un momento de inspiración en donde mezclé sampleos de California Dreamin’ -tanto de la versión de The Mamas & The Papas como de la de Bobby Womack-)con fragmentos del soundtrack del videojuego The Legend of Zelda: Ocarina of Time compuesto por Koji Kondo. El nombre viene de una frase de Pedro Páramo de Juan Rulfo que resuena mucho conmigo.


“Nico”

Una de las canciones más difíciles de componer a nivel emocional. Es un homenaje para alguien muy cercano que a principios de este año se fue. Para construir este track tomé mi grabadora de audio y la puse en el lugar en donde él pasó sus últimos momentos. Quise capturar lo que él escuchaba en esos últimos meses en donde sólo estaba ahí, incapacitado para hacer muchas cosas. Esa grabación de campo fue la base para componer todos los elementos musicales que desembocaron en una canción de casi 13 minutos. Había mucho que decir.


“Un Grito Encerrado”

Esta canción tuvo un nivel alto de experimentación en términos de diseño sonoro: las vocales que sirven como hilo conductor del track son una mezcla entre grabaciones de conversaciones random que hice con mi celular y algunos covers acappella de canciones famosas que de repente me encontraba en Youtube. El resultado rítmico fue interesante y poco a poco lo fui vistiendo con elementos de UK Garage. El track tiene muchos guiños al sonido de Burial, mi artista favorito.


“Cíclico” ft. Aqua Mute

Pablo Mendía es uno de los músicos que más admiro y poder colaborar con él fue todo un honor. La canción, cuyo objetivo principal era alejarse de una narrativa “convencional”, se hizo en un día y fue una masterclass en donde Pablo me enseñó cosas increíbles de síntesis, producción y diseño sonoro. Quedé muy contento con el resultado, pero lo que más aprecio fue todo lo que aprendí ese día.


“Solo una Cosa No Hay. Es el Olvido” ft. Erik López & Iván Almanza

Esta canción -inspirada en un poema de Jorge Luis Borges y cuyo objetivo es desmentir el título del disco- fue la más difícil de realizar a nivel logístico. La premisa era componer un track ambient/post rock junto a Iván Almanza [baterista de Apolo y Vyctoria] y Erik López [guitarrista de cuando mi proyecto era una banda y creador de toda la identidad visual de mi trabajo como solista]. Por la pandemia toda la logística de ensayos y grabaciones se perdió y tuvimos que hacer todo a distancia. Esto creó una dinámica interesante ya que se abrió una oportunidad grande para trabajar de manera más profunda en el diseño de audio en un entorno aislado. El resultado fue un track de poco más de 8 minutos que funcionó como el cierre perfecto del disco.