Punk y psicodelia para romper la simulación; ‘GOLLY’ de Mengers es un brillante as de fuzz para calcinar a los ídolos de la realidad

Carlos, Pablo y Mauricio encuentran en su segundo LP, un manifiesto abrasivo de guitarras violentas, gritos desmedidos, baterías brutales y estructuras salvajes y saturadas para derrumbarlo todo. Hablamos con la banda sobre ‘GOLLY’.

Sabíamos que se venía un disco enorme y así fue. Hace unos días que Mengers, la santa tríada del fuzz capitalino, lanzó GOLLY, su segundo material de larga duración, y que, aún recién salido del horno, ha acumulado una montaña de comentarios que apuntan desde ya a este álbum como uno de los mejores de este naciente y deprimente año 2021: Una docena de tracks y 38 minutos son suficientes para confirmarlo. 

Guitarras duras, cascadas de reverbs y ritmos que avanzan con una nueva y frenética paciencia,  GOLLY se levanta como un brillante manifiesto al rocanrol; construido a partir de una metáfora del sistema que envuelve y consume a cada uno de sus huéspedes mediante estructuras rígidas y autómatas, este álbum es también un brillante as de fuzz y psicodelia incendiaria, ese que abre la primera grieta para romper el manto gris de la simulación. 

Sucio, rápido y directo, pero también bien pensado y ejecutado bajo nuevas formas, GOLLY es un grito de libertad que va más allá de la metáfora, es la reivindicación del sonido y la forma de concebirlo por parte de una generación que no se encasilla en las agrias etiquetas de siempre.

Así, platicamos con Mengers sobre lo que representa este material y cómo los llevó a afrontar nuevas formas de creación, todo en medio de una pandemia que retrasó los tiempos pero, a cambio, dio amplitud y nuevos alcances a la banda de Carlos, Pablo y Mauricio:   



“Si esperas algo de la música más allá de la música, tal vez entendiste algo mal.”


Cada uno de los tracks del disco funciona a manera de metáfora de la realidad misma, ¿Cómo decidieron tomar ese camino como temática para construir un disco completo? 

En realidad se fue dando de manera natural, casualmente lo último que hacemos al componer es poner las letras y en ese momento dijimos “que cada una hable de distintas cosas de la vida cotidiana suponiendo que vivimos en una simulación”, y así poco a poco todo fue tomando forma. 

El álbum está inspirado en Game of Life, un juego de programación que, según los que saben, imita el funcionamiento de la vida misma… Visto desde ese punto, ¿Existe forma de “romper” ese algoritmo? 

Hubo una época, mientras estábamos componiendo el disco, en donde todo en nuestra vida era muy monótono. Tal vez de ahí surge todo ese espíritu de denunciar lo que sucedía en nuestra cotidianeidad. Al mismo tiempo nos dimos cuenta de que mientras íbamos haciendo la música nos liberábamos de ese pedazo de realidad que considerábamos simulado y agobiante… Ya teníamos cómo nombrar ese hartazgo, y si puedes nombrarlo puedes de alguna manera apropiarlo y saber qué es lo que te causa la frustración. Fue una especie de terapia y búsqueda de consuelo. Dicen que el primer fallo en una simulación -y lo que empieza a romper el algoritmo- es cuando los entes que la habitan empiezan a darse cuenta de que están dentro de una simulación y toman acción al respecto, así que cualquier acto de conciencia de nuestra realidad y de tratar de romper lo que todos te dicen que creas, realmente, es romper el algoritmo. 

Además del proceso de crear los temas a partir de la temática general del disco, ¿Cómo cambió el proceso de creación de los mismos y la forma en la que habían trabajando antes? 

En el disco anterior las letras eran crípticas, queríamos meter mensajes muy profundos y enigmáticos. Por ejemplo, “Montaña de Arena”, una de las canciones del disco anterior, era una canción a un reloj de arena girando para simbolizar lo rápido que avanza la vida… Ahorita ya nos da risa pero en su momento nos voló la cabeza. Buscábamos inspiración en cosas surrealistas. Para este álbum quisimos que fuera más crudo, queríamos ponerle nombre a lo que nos pasaba todos los días y queríamos denunciarlo de forma directa, que fuera un golpe de realidad con canciones psicodélicas. Muchas canciones se mantuvieron en la línea psicodélica pero en otras necesitábamos del punk para que llegaran a buen término. 


“La psicodelia por un tiempo nos movió mucho, poder crear atmósferas pesadas era algo que nos latía demasiado, pero es difícil denunciar cosas sin gritar fuerte y tocar rápido. Desde mucho antes de siquiera saber que haríamos un disco, sentíamos que teníamos que ser más directos en el mensaje. Además, muchas de esas canciones rápidas surgieron en los shows en vivo. Nos gusta ver slams y que la gente se aloque, entonces fueron cosas que se fueron haciendo a la par.”


Si bien la construcción narrativa del disco fue diferente y tenía como objetivo mostrarnos como parte de un sistema que nos consume, ¿Cuál es la razón específica en el orden de los doce tracks del disco? 

El plan era justamente describir un día normal en nuestras vidas en ese entonces, y como tal, tratábamos de que siguiera cierta línea. Empezamos con “Estrés” porque justo es el momento cuando te levantas y tienes que correr para llegar a tu trabajo o escuela, después atravesar toda la ciudad en “Tiempos Suicidas” y darte un duro golpe de realidad en donde entrabas de nuevo en la simulación con “GOLLY”… y así hasta que el día termina. La idea de dejar “Fin de la Era” al final es la de decir que salir con nuestros amigos y que convivir con la gente que queremos era lo que nos hacía romper la monotonía. 

Entre esa docena de tracks que componen GOLLY, es posible notar dos “tipos” distintos: los más ruidosos y directos, y en los que se toman su tiempo para construir atmósferas más elaboradas, ¿De dónde viene esta dualidad sonora que quizá no se distinguía tanto en su álbum anterior?

La psicodelia por un tiempo nos movió mucho, poder crear atmósferas pesadas era algo que nos latía demasiado, pero es difícil denunciar cosas sin gritar fuerte y tocar rápido. Desde mucho antes de siquiera saber que haríamos un disco, sentíamos que teníamos que ser más directos en el mensaje. Además, muchas de esas canciones rápidas surgieron en los shows en vivo. Nos gusta ver slams y que la gente se aloque, entonces fueron cosas que se fueron haciendo a la par. Algunas de las canciones más psicodélicas nos daba pena tocarlas en vivo, sentíamos que podíamos aburrir a la gente. Pero ahora que lo vemos, fue un acierto seguir ensayándolas. 

Retomando lo anterior y después de ver a Mengers en varios shows, muchos los pensábamos justamente como una banda que toca rápido y fuerte, sin embargo, en GOLLY se les nota con mucha más calma y dedicación en la creación del sonido como lo mencionan, ¿también tiene que ver con la “evolución musical” de la que todos hablan? 

En este caso, creo que trabajar con alguien como Hugo Quezada pudo ser factor. Muchas canciones de GOLLY salieron de shows en vivo y se fueron moldeando ahí. Llegó un punto en que a nosotros mismos nos daba miedo hacer cosas más “tranquilas” por el qué dirán de la gente que nos iba a ver. Pero ya en el estudio decidimos intentarlo, y sin duda, Hugo fue un apoyo para que todo eso fluyera y salieran canciones tranquilas sin dejar de ser pesadas. Les logró encontrar la maldad y eso se le agradece. Aparte, sinceramente, un disco con muchas canciones rápidas hubiera sido aburrido… 



Sabemos que este disco se trabajó a lo largo del 2020, un año difícil en muchos sentidos… ¿Cómo fue el proceso de grabación y con qué contratiempos se encontraron en el camino? 

Fue muy difícil pero también corrimos con mucha suerte. El disco iba a ser grabado en diciembre del 2019, pero al llegar al estudio prácticamente no teníamos nada y lo que teníamos estaba sin terminar. Hugo Quezada, el productor del álbum, nos dijo que volviéramos casi a finales de enero. Por cuestiones de trabajo sólo podíamos grabar los fines de semana y lo que hicimos fue grabar el álbum por partes. Grabábamos un fin de semana y ensayábamos dos y luego íbamos de nuevo al estudio. En ese entonces el plan era que, en cuanto tuviéramos el disco terminado -a principios de abril-, sacáramos todo al aventón, hiciéramos un tour y ya. No teníamos un plan más grande. De pronto llegó la pandemia y el disco no estaba terminado. Tuvimos que grabar las voces en nuestras casas y esperar a que nos respondiera Hugo para saber si estaban o no bien hechas. Fue un poco desesperante. En mayo terminamos la grabación y teníamos el disco completo. Pensamos “en agosto lo sacamos, para esos días seguro ya pasó todo y podremos tocar en vivo”. Poco a poco ese sueño se fue perdiendo. Llegó un punto en el que ni siquiera le vimos sentido seguir haciendo cosas. Nos deprimimos bastante, pero pensamos que podríamos aprovechar el tiempo para darle una vida más digna a lo que acabábamos de grabar. Empezamos a trabajar y cerramos contrato con DIW; Buscamos medios, aprendimos a editar videos y fotos, empezamos a aplicar el DIY todo lo que podíamos. Tuvimos mucha suerte. Pudimos darle una mayor vida a la música que habíamos hecho y aprendimos mucho en el camino. 

Ya que lo mencionan, GOLLY es también su debut como parte de un sello, ¿Cómo ha sido trabajar con Devil In The Woods y qué han aportado ellos durante el proceso del disco? 

Devil nos ha apoyado en muchos sentidos. Obviamente se rifaron con los vinilos [risas] pero más allá de eso, tienen la ventaja de que hay pocas bandas dentro del sello y la comunicación es fluida y la gente que trabaja ahí también tiene sus bandas, entonces ha habido una sinergia muy entretenida. Lo que más ha ayudado, a nuestro parecer, es que no hemos querido que nos hagan todo el trabajo. No somos una maldita banda de pop para esperar a que alguien haga milagros por nosotros. Nos sentimos igual de responsables que ellos para sacar un video o dar un anuncio, entonces todos nos hemos puesto a trabajar en equipo. 


“Hubo una época, mientras estábamos componiendo el disco, en donde todo en nuestra vida era muy monótono. Tal vez de ahí surge todo ese espíritu de denunciar lo que sucedía en nuestra cotidianeidad. Al mismo tiempo nos dimos cuenta de que mientras íbamos haciendo la música nos liberábamos de ese pedazo de realidad que considerábamos simulado y agobiante… Ya teníamos cómo nombrar ese hartazgo, y si puedes nombrarlo puedes de alguna manera apropiarlo y saber qué es lo que te causa la frustración. Fue una especie de terapia y búsqueda de consuelo.”


Este es un disco en el que han trabajado mucho, ¿Cómo se sienten al verlo afuera finalmente? ¿Cuáles son sus expectativas en torno a este álbum y qué planes de promoción tienen en un año tan incierto?

Un poco lo que nos mantenía despiertos y con ánimos dentro de la pandemia era ese disco. Hablar con medios, esperar la reacción de la gente desde sus casas, planear la promoción, diseñar los videos y las portadas, recibir mensajes fue para nosotros lo que marcó nuestra pandemia. Es paradójico porque al salir GOLLY también nos despedimos de la forma que teníamos de afrontar la pandemia hasta ahora. A pesar de eso, estamos muy emocionados de que al fin esté algo por lo que mucho tiempo llevas hablando. La música ahí está, fue nuestra manera de ver la realidad en ese momento y no esperamos más que eso. Lo que venga después es un extra. Si esperas algo de la música más allá de la música, tal vez entendiste algo mal. 

Sobre la promoción, pensábamos que a mediados de 2021 podríamos tener algunos shows pero siendo realistas, es más probable que eso no pase. Nos duele mucho porque GOLLY es un disco que nació de tocar en vivo. Quisiéramos darle esa oportunidad de ser grabado en vivo y por lo mismo andamos pensando en armar una -o varias- sesiones donde podamos mostrar a GOLLY en su lado crudo y salvaje.


GOLLY es el segundo larga duración de la banda de la Ciudad de México, Mengers. Ya disponible en plataformas como en formato vinil a través del sello, Devil In The Woods.