El manifiesto de ser humanos en el radiante nuevo disco de Vaya Futuro; una mayúscula obra orquestal para recorrer las arterias del mundo

Una entrevista con Luis Aguilar, vocalista del grupo de Tijuana, sobre el colosal ensamble que han forjado en ‘El Peso del Mundo’, su más reciente disco: Entre cuerdas y vientos pesados, experimentaciones electrónicas y pianos de abismales caídas, el álbum redondea un concepto de intimidad humana agridulce pero incisiva en una decena de densos tracks.

Quien ha seguido el camino de Vaya Futuro, sabrá que el más reciente material de la banda oriunda de Tijuana, El Peso del Mundo, es un álbum totalmente distinto a lo ya labrado. Es una grabación que significa una especie de nuevo reconocimiento hacia el proyecto, de encontrarse, en realidad, nuevamente con ellos en un tiempo y espacio único. A este disco, lanzado a través del sello Devil In The Woods, uno debe acercarse, incluso, con precaución, pero también, con mucha apertura y oídos nuevos.

Una canción que comienza a capella es el primer indicio de que, para Luis, Miguel y Ros, todo en Vaya Futuro se ha transformado… y eso, está bien. Porque El Peso del Mundo, la grabación más ambiciosa de los fronterizos, se ha fraguado entre la aflicción de casi perderse y desbaratarse como banda, y la pasión enorme que representa encarnar, a través de la música, los sentimientos más internos del frágil ser humano. Diez canciones expresadas en cuarenta y tres minutos de interpretación mágica y prácticamente orquestal representan, tema a tema, a un disco concepto que ha sacado a aquella ingenua banda de shoegaze de ese primer y morado lanzamiento, y la ha llevado a su propia luz.

Entre el colosal ensamble que han forjado con montones de cuerdas pesadas, experimentaciones electrónicas y modulares, pianos de abismales caídas y distorsiones lacerantes, Vaya Futuro ha presentado un manifiesto fenomenal que recorre las arterias del universo y del alma en sí en un trabajo lirico agridulce pero incisivo; las arterias de quienes están perdidos en un mundo que, tanto por fuera como por dentro, se desgaja con nuestro diario existir. Hablamos con Luis, vocalista del combo, sobre todo lo que existe y fluye en un álbum mayúsculo como lo es El Peso del Mundo:



Creo que lo más interesante de este disco es que Vaya Futuro transformó todo lo que conocíamos de Vaya futuro… luego de tanto que ha pasado con la banda, en este momento, ¿cómo se sienten? Cambios, cambios, y más cambios; de ciudad, de disquera, de integrantes, de sonido, es una constante en la banda, pero ¿dónde están en este momento musicalmente hablando?

Definitivamente es lo más cómodo que nos hemos sentido, estamos muy seguros con lo que hemos hecho, estamos presentándole a la gente algo más auténtico que lo que habíamos hecho antes. Y es que, personalmente, siento que Vaya Futuro ha estado muy documentado desde que iniciamos, ya sabes, en notas, blogs, etc, y siento que en nuestro caso, nuestro primer disco, el Ideas A Medias de 2014 que es considerado el debut, puedes notar mucha ingenuidad e inocencia, y con este último disco, realmente podemos presentar ya una forma mas madura de todos nosotros, tal vez no en nuestras vidas, pero sí en la música, porque hay una gran madurez que se siente natural, y digo, es algo que creo que pasa de manera orgánica luego de tanto tiempo de producir y tocar juntos. Realmente nos sentimos muy cómodos y felices, con una identidad nueva, y siento que encontramos un nuevo sentir entre todos; dejamos atrás un poco el hacer música muy referencial a otras cosas que le son familiares a la gente, y ahora suena –y es a partir de este disco– a algo que identificas como Vaya Futuro, en lo que ya nos hemos convertido, lo siento más nosotros, tal cual.

Ahí tocas un punto importante, porque sí se siente esa niñez y quizás ingenuidad como banda en el primer disco, y, por ende, esa evolución muy tangible en cada lanzamiento… en este en específico, desde el nombre, creo que es un disco muy fuerte: El Peso Del Mundo. Creo que representa muchas cosas, y se nota en las letras, en la experimentación musical, se nota que hablamos de la existencia como tal del mundo. Por otro lado, también siento mucha intensidad sonora: hay vientos, experimentaron más con la electrónica, y en general, no se limitaron a hacer música que ya se les había escuchado. Al final, se condensó en algo que suena espiritual, muy mexicano, y ligero también… ¿cómo nació esta primera concepción del álbum?  

El track dos, que es el que le da nombre al disco, es, por así decirlo, la inspiración de toda esta nueva etapa, y esta canción me parece que fue la primera que hice de este material, el demo lo hice en mi compu por 2017, cuando acabábamos de estrenar el Tips Para ir de Viaje, de hecho, y eso había sido uno o dos meses luego del temblor en la ciudad; esa canción es como una especie de relato o una versión onírica de ese estrés, de ese miedo con el que todos nos íbamos a dormir al no saber si temblaría de nuevo, y de alguna forma, ese sentimiento lo transformé en una especie de discurso de cómo la naturaleza retoma su lugar, reclama su origen… de ahí nació esa semilla: entre el miedo y el estrés postraumático de un temblor así. En realidad a Ross y a mí nos tocó quedarnos sin agua un mes porque una tubería se dañó, y, bueno, vivimos en una colonia muy pequeña que está entre la Buenos Aires, la Álamos y la Narvarte, estamos un poco abandonados ahí y hay que insistir para que vengan a hacer reparaciones… entonces, también el hecho de vivir sin agua me influenció, porque me iba topando también con documentales del día 0, de que los días sin agua ya están contados, luego me metí más en toda esa cuestión ambiental y en cómo explotamos los recursos, cómo la sustentabilidad es tan importante y que estamos en un colapso mundial, y los humanos, como especie, tenemos 100% responsabilidad sobre eso. Todo esto formó la idea general del disco. También estaba pasando por un momento muy feo en mi vida personal, eso igual tuvo algo que ver, saqué cosas mías del pasado, y también en las letras metí ficción, y finalmente, con esa semilla conceptual, bueno, salió.

Al inicio no se iba a llamar así el disco, se iba a llamar El Eremita, que es también una canción en el álbum, pero simplemente nos pareció mejor título el del mundo, aunque el recorrido del disco sí retrata ese viaje y esa búsqueda eterna de una persona, desde que crece hasta que, al final, se convierte en este anciano ermitaño. Esa es más o menos la historia, se puede decir que es conceptual en ese sentido porque tiene una narrativa muy pensada y tiene ciertos simbolismos que están en una canción y vuelven a aparecer en otra. Es un disco en el que también, en el sonido, se refleja esa cohesión, quizás es en la voz, porque fue la que empezó a dictar el resto de la música; empecé a cantar diferente, hacía varias inflexiones un poco más como entre árabes y de flamenco, cambiamos el pitch de mi voz, etc… nada fue planeado, lo que sí queríamos es que fuera un disco que tuviera una base muy fuerte de arreglos de cuerdas.

Y se nota en todo el disco, desde que lo escuché, poco a poco iba hilando el álbum, y una de mis conclusiones es que tiene una gran construcción instrumental que no se oía en la banda… también sé que es un disco que les llevó mucho tiempo, que fue muy intimo pero que pudo haber acabado con la banda, y al final, terminaron entregando un disco muy intenso que, creo, refleja lo que sucedía también con ustedes. O salían con nuevo disco o salían sin banda…

En sí, en la banda estaba pasando todo. Todos estábamos viviendo una vida aparte de la banda, estábamos haciendo cosas por separado, y creo que no nos frecuentábamos tanto, por ejemplo Armando, que no alcanzó a grabar este disco y terminó saliéndose antes, tenía una postura como medio conflictuada de sentir que la banda ya no era lo de antes: en 2015, cuando nos mudamos para acá, vivíamos en un hotel, el Virreyes, y ahí vivimos 9 meses, y él se acostumbró mucho a esta dinámica de hacer todo juntos porque, sí, hicimos una gran movida al mudarnos todos juntos, y en algún punto, quizás, se le borraron las limitantes y las barreras personales, estuvo bien, pero cuando todos agarramos departamento y nos pusimos a trabajar en otras cosas, tal vez ese cambio afectó su percepción de la banda. Yo siempre le decía que las canciones del nuevo disco ya estaban en proceso, que había demos, se las enseñaba, y que teníamos todo planeado para grabar en enero de 2019 -porque siempre vamos a visitar en diciembre a nuestras familias en Tijuana, aprovecharíamos. La idea era encerrarnos allá, en el viejo estudio donde grabamos los dos primeros discos, y queríamos salir con unas bases grabadas, y para eso, necesitaríamos un mes de encerrarnos y dedicarnos a la banda… y siento que Armando perdió la fe en esta planificación, lo veía muy lejano, y aunque lo trataba de convencer, estaba inconforme de algunas cosas, quería otro ritmo, sacar mucha música en poco tiempo… lo hablamos y pues, en realidad, no queríamos eso como banda, queríamos darnos nuestro tiempo, ser mas concisos, tener más calidad, y algo desconectó.

Nosotros, ya los tres internamente, tuvimos una especie de ultimátum con algunos comportamientos que afectaban a la banda, aspectos del mismo profesionalismo del proyecto… Vaya Futuro parecía que estaba arrumbado y abandonado. Tuvimos una reunión allá en Tijuana en la que decidimos no terminar la banda, decidimos que la fecha de grabación se respetaría, e iniciamos con eso. Se sentía una vibra pesada entre nosotros al inicio, pero, lo íbamos a hacer. Al final terminamos solo los tres en el estudio, creo que eso de alguna manera nos ayudó, nos confirmó que, desde el primer disco hasta hoy, la esencia de Vaya Futuro éramos nosotros. De algo sirvió darnos cuenta de eso, creo, era un recordatorio necesario para continuar. Ros y Miguel también tenían cierta fricción, porque ellos acostumbraban hablarse de una forma muy del norte, y a veces es fácil terminar insultándose así, más cuando las cosas no están saliendo bien o tardan, entonces hubo algunas discusiones recién empezando a grabar, y pues, en algún momento paramos, decidimos dejar en claro que, este disco no necesitaba más estrés del que ya teníamos antes, sentí que podíamos hablarnos mejor, ser más claros y siendo más maduros, porque que no era muy constructivo el modo en que lo estábamos manejando. Decidimos encontrarnos en un canal de resolver y no estresarnos. Al final ha sido de las mejores sesiones de grabación que habíamos tenido.


“Tuvimos una reunión allá en Tijuana en la que decidimos no terminar la banda, decidimos que la fecha de grabación se respetaría, e iniciamos con eso. Se sentía una vibra pesada entre nosotros al inicio, pero, lo íbamos a hacer. Al final terminamos solo los tres en el estudio, creo que eso de alguna manera nos ayudó, nos confirmó que, desde el primer disco hasta hoy, la esencia de Vaya Futuro éramos nosotros. De algo sirvió darnos cuenta de eso, creo, era un recordatorio necesario para continuar.”


Creo que, entre todas estas emociones, lo que han logrado ha sido entregar una sesión muy pura, y este trasfondo más humano que me cuentas, de alguna forma, se refleja e impacta en el disco… ¿fue algo que también los llevó al fondo en la producción? Hay muchos sentimientos que venían de antes, muchas ganas de mejorar, pero de estar a punto de romperse también…

Sí, y tiene que ver también con algo que pensé alguna vez que estuve en Tijuana grabando el video de “+&+”: Mi vuelo de regreso fue horrible, como 40 minutos de turbulencia, esos vuelos en donde recapacitas todo lo que has hecho con tu vida. Me recordó mi mortalidad, y pensaba en que, antes de que pase cualquier cosa, quería tratar de hacer un masterpiece -no digo que lo logramos- pero quería cercarme a algo grandioso, y no necesariamente tener la paciencia de hacerlo poco a poco, sino que quería hacerlo ya, quería tratar de darlo todo, de hacer lo mejor, de empujarnos mucho… entonces, me encanta que los discos son como cápsulas del tiempo porque capturan muchas cosas que no vuelven a ser iguales, en nuestro caso, ya sea mi voz, la forma en que produce Ros o cómo Miguel toca la batería… creo que ciertas decisiones se quedan ahí para la posteridad, entonces, este disco era realmente muy ambicioso, y entramos también con esa idea, la de lograr algo grande, y nos adentramos mucho a producir por lo mismo. Las sesiones de Tijuana fueron muy experimentales, trabajamos con muchas bases que luego cambiábamos, había baterías que estaban disparando sonidos modulares, queríamos capturar un poco del sonido orgánico de esas mismas baterías, queríamos sacar la mayor cantidad de sonidos de esas sesiones de forma natural, y eso fue complicado; los bajos me los aventé yo, y creo que era la primera vez que lo hacía en un disco de nosotros; los sintes también los programé primero y luego pasábamos a los modulares, que ahí Ross le dio otro brillo -sus modulares son muy impredecibles, y el voltaje nos daba muchas variables para afinar; las voces y cuerdas fue ya la otra capa acá en Ciudad de México, justo las cuerdas fue un proceso muy largo también.

Siento que hubo mucho compromiso para sacar un disco así de pesado, todos nos adentramos mucho. Creo que, al final, lo que sí quisimos hacer como regla en este álbum era que las guitarras -a pesar de que compuse todo en guitarra- iban a pasar a un tercer plano, y eso estuvo bien para variarle, había mucha guitarra antes en nuestra música. Nos empujarnos a hacer algo distinto, a salirnos de nuestra zona y exigirnos más.

Y todos los tracks emanan esa sensación de exigencia, todos varían mucho, y dentro de cada uno, hay mucho que desgajar; desde el primer track, “El Abuelo”, se siente un Vaya Futuro más abierto, con menos miedo… este primer tema, ¿cómo nace? Me parece muy sublime, el a capella del inicio, incluso, muy cercano a un canto nativo. Siento que este tema es un manifiesto de la banda en el que demuestran que todo cambió…

La canción sí estaba pensada para empezar a capella, pero solo una mini frase, ya en el estudio fuimos limpiando capas y fueron, poco a poco, saliendo los instrumentos, eso lo hizo más interesante. Otra cosa que me gustaría destacar de ese track es que, además de que siempre quise iniciar un disco a capella porque nunca sabrás el lugar al que se dirige la canción, le da un aire misterioso, y también quisimos aprovechar ciertas herramientas en estudio, y se nos ocurrió que la canción tenía un sonido o vibra, no macabra, pero de suspenso, algo de soundtrack de terror, pero también folk, -algo que luego he escuchado como horrorfolk- aunque la letra realmente no es así, simplemente tiene ese aire misterioso; grabé la canción medio tono arriba y lo bajamos luego, realmente mi voz está un poco alterada porque la canté también diferente, como canto de iglesia, para que fuese un poco más tétrico, como haciendo susurros. Esa canción nos costó mucho trabajo en la batería porque queríamos lograr un sonido bien jazzero, limpio, pero en general batallamos mucho con las mezclas del disco, porque en mi compu habíamos trackeado ya, y Ross estaba muy confundido y se perdió en el proceso pensando a qué debía sonar todo esto. “El Abuelo” tuvo fácil 10 mezclas, no nos gustaba ninguna, aunque fueran los mismos elementos… un día simplemente nos hizo clic, desde ese día, el resto del disco fue más sencillo.

Sí creo que te lleva por un camino extraño, y aunque al principio me costó entenderla y encontrarle sentido, es una canción con mucha fuerza que da pie a “El Peso del Mundo”, que es este track manifiesto, y que ya me has contado un poco sobre esto…

Fíjate que, musicalmente, esa puede ser la única canción en donde pudimos sentirnos cercanos al viejo Vaya Futuro; la guitarra es más prominente, y supongo que puede ser similar por los tiempos en los que se creó. Es la canción que, a lo mejor, sienta las bases en la forma de tocar los bajos: ahí nos atoramos mucho porque no sabíamos cómo meter el bajo, no queríamos que siguiera las notas nada más, y, de hecho, lo intentamos los tres, nada salía, en un momento intenté una figura, un loop muy atascado, lo practiqué, y pues, poco a poco fuimos experimentando en hacer líneas más protagonistas, no tan paralelas al resto de instrumentos. Algo muy particular en Vaya Futuro es que todos somos muy fans de los bajos, pero apenas aquí pudimos expresarlos mejor. A esa canción le tengo un cariño fuerte por eso, porque aparte, es la primera en donde supe cómo tocar los bajos de este disco.


“me encanta que los discos son como cápsulas del tiempo porque capturan muchas cosas que no vuelven a ser iguales, en nuestro caso, ya sea mi voz, la forma en que produce Ros o cómo Miguel toca la batería… creo que ciertas decisiones se quedan ahí para la posteridad, entonces, este disco era realmente muy ambicioso, y entramos también con esa idea, la de lograr algo grande, y nos adentramos mucho a producir por lo mismo.”


El Descenso”, por otro lado, se siente mucho más introspectiva: voces procesadas, electrónica robótica, mucha elasticidad en ese sentido también, luego una especie de dreampop, muchos coros…

Es una canción en la que, en la narrativa del disco, el personaje del álbum empieza a caer, a descender, y desciende de manera psicológica al lado oscuro, a ese lado en donde piensas en no tener miedo y en no tener nada que perder, pero es una revelación no necesariamente religiosa o divina, es más bien peligrosa. Al final hay unos coros medio gospel, pero es algo irónico en donde decimos como,” encontré una deidad”, pero es una falsa noción de encontrar el poder, justo ese hecho de pensar en no tener nada que perder, pero de una forma delicada, no de tener seguridad. Igual, con la voz se nos hizo interesante hacer algo tenebroso y robótico, es como perder la empatía, o la sensación humana, pierdes la emoción y te haces artificial -te acostumbras a la violencia, te haces insensible y te autoengañas, es algo que no es natural ni humano. Con las voces igual trabajamos en algo que sonara artificial, que no sonara ni a hombre o a mujer, y eso suma a la intención de la canción, lo encarna bien.

En “Luciferina” parece que salimos de esa oscuridad, para mí es la canción más cercana a un Vaya Futuro más familiar, pero también se siente más libre; es como una canción de amor, para cuidar a alguien. También las voces y los coros son un poco más largos, se sienten más fuertes ¿esta canción para quién fue escrita?

Sí es digamos que de amor, pero no de un amor romántico o tradicional, ni de pareja, es más de proteger a tus seres queridos. Hay una oscuridad más sutil, quizás, también en la canción, pero existe porque hablo de querer dejar de sentir, o bien, de querer sentir justicia y paz. Habla de proteger a tus cercanos y a ti mismo del caos, de lo hostil y de los peligros allá afuera. Es una canción más tradicional porque usamos una estructura de verso-coro-outro, y es de mis favoritas en realidad, pero igual logramos que fuera muy interesante en sonidos y producción.

Talión” es Vaya Futuro haciendo música de cuerdas, es muy diferente, incluso más cinemática, y de electrónica ambiental, es creo el momento más oscuro del disco, pero, aquí, ¿cómo hacer que la banda suene a una orquesta?

Habíamos ya jugado con un tipo de canción así, en este nivel, con “El Hombre Sin Cabeza y La Danza de los Resignados”, creo que está en la misma escala y comparten un poco del ADN, pero esta es menos rockera y menos explorativa; esta se queda en este plano de cine, electrónico, y evoluciona hacia ese lado… y sí, es el momento en el que realmente sabes por qué hay tanto drama en el disco, tanta oscuridad, y hay una raíz en esta canción que te hace entender que no solo hay unas ganas de justicia “ecológica”, sino también para uno mismo, más personales: hay una raíz de dolor muy intensa, desde la infancia o de haber crecido viviendo violencia. Es una canción que empieza advirtiéndote de los peligros que hay afuera, y de alguna manera, con simbolismos, quizás suena hasta medieval. No sé, me gusta jugar con esas cosas, tomar imaginería religiosa o de otros lados de ficción. La segunda parte del track, que es como un rezo o canto, es una especie de mantra extraño, cuando recito y hablo de mis padres, de sus inicios, y luego del mundo y cómo la gente quiere estar mejor con tanta injusticia. Todo el disco tiene esa raíz de enojo hacia el poder y apunta a los problemas del mundo causados por ese poder. En esa canción se comprende todo, todo esta en la mesa.

Y  “((O))”, que es totalmente hecha en un piano, se une muy bien con “Talión”; son dos momentos muy interesantes en el disco, basados en un tipo de instrumentación, siguiendo una línea orquestal, pero, buscando salidas, salir de la oscuridad, tal vez…

Si hay un proceso de duelo en el disco, creo que “Luciferina” sería la negación de ese proceso, “Talion” es el enojo total, y esta canción, es la tristeza tal cual y la aceptación de lo sucedido, es un momento clave en el disco. Me gusta que está en medio del tracklist, porque al final es una aceptación que, aunque tal vez no deseas, puede llevarte a la resolución. Es el mecanismo que usa esta persona para lidiar con todo, es el momento clave donde decide hacerse ermitaño y aislarse de ciertas cosas para ya no sentir este agobio.


“Todo el disco tiene esa raíz de enojo hacia el poder y apunta a los problemas del mundo causados por ese poder.”


Si pasamos la aceptación, “7” es un interludio que suaviza el disco; en esta pausa hay muchos guiños electrónicos y quizás, el nombre, refleja esta parte de la numerología en lo sagrado o lo simbólico…

Desde el principio sabía que se iba a llamar así y que iba a ser totalmente instrumental. Al inicio fue creada con otro instrumento, solo era un piano, pero al final no nos gustaba. Probamos otra cosa, jammeamos y encontramos un sonido modular más adecuado, hicimos muchas variaciones en la madrugada y nos gustó. Lo editamos, Miguel ya tocó encima de eso, Ross hizo unos chops ahí interesantes, y la tarola la volteamos y encontramos mas tonos. De simbolismos, bueno, mi numero favorito es el 7, desde niño, y mi departamento es el 7, y supongo que es el lugar donde me siento mas cómodo, puedo aislarme a gusto, hago mi música…

En “Heima” se siente, por el contrario, como una especie de ascensión -“heima” significa casa además en islandés- en donde hay vientos de nuevo, se siente también una increíble entrada de voces, efectos, un bajo electrónico muy de suspenso, incluso yéndose a algo más industrial y medio futurista. Siento que el disco comienza a subir ahí, se siente luminoso…

Esa canción estaba contemplada para el siguiente disco era un demo más electrónico e industrial como dices, más de trip hop -de hecho, por ahí queremos llevar el rumbo luego- pero en algún momento me gustó para darle un color diferente al disco porque todo estaba siendo muy orquestal, le faltaba algo mas dinámico, y es una canción que está en 5/4, no es muy común para algo electrónico, y me gustó ese lado, le daba otro sabor. Sobre la referencia del título, hay una canción que se llama igual de una artista islandesa que es Hildur Guonadottir, ella hace soundtracks, y esa canción es de las que mas escuché en la producción del disco como para darme idea de cómo quería que sonaran las voces. En esa canción ella canta tenebroso pero bonito, tiene una acústica como de nylon con mucho delay, es muy atmosférica, y esta canción fue un poco el darle su lugar como inspiración. Esta canción sí habla de un hogar, pero ahora, en nuestra vida moderna; yo he tenido, como todos, un agobio en esta ciudad, o los ruidos fuertes, a la contaminación… entre eso, y un hartazgo de vivir en una ciudad tan frenética, en la canción también se puede percibir una crítica al consumo tan rápido de la información, de la tecnología, y que, de alguna forma, también es una casa, diferente, pero vivimos tanto tiempo en nuestros celulares, computadoras e internet que tenemos esta doble vida: la real y la digital. Critica varias cosas, es más hacia la vida moderna, al final canto “estoy cansado de este infierno urbano, de respirar aire contaminado” y que luego también en la siguiente canción, “Florecer”, aparece de nuevo. También, como extra, en esta canción digo “hay que voltear a ambos lados antes de cruzar” porque creo que en esta ciudad es algo que debes hacer, no tienes de otra, debes cuidarte mucho de todo, igual es como otra manera de recitar, y va en un paneo de oído a otro, algo que le da ese toque quizás esquizofrénico que se encierra en tu mente, esa saturación total de todo.

Florecer/El Eremita” es creo es de mis favoritas por los cambios que tiene: no solo floreces como persona, sino que llegas a un punto de aislamiento luego de pasar por duelo, de aceptar las cosas, ¿es una manera de saber que floreces alejándote?

Es una canción que agradece y hace las paces con las cosas positivas que sí hay, que creo que siempre hay que recordar lo positivo y siempre es bueno mantener ese respeto a las cosas, que no todo es totalmente oscuro. Es una canción para hacer las paces, de aceptar el final. Cuando la música florece con las cuerdas, y todo se escucha en calma, brotando, la letra es medio agridulce: “aquel que nació perdido nunca encuentra el camino a casa y mejor dejó de buscar”, eso, para mí, significa el hecho del ser humano en sí. Ser humano es esta búsqueda inevitable en la que necesitamos encontrar algo nuevo para siempre estar en movimiento, y creo que nunca estamos 100% conformes. También creo que existimos personas que nacemos perdidas, y creo que este canto es para ellos, para nosotros… es una celebración para saber que está bien no sentirse bien todo el tiempo, y en algún momento eso nos hace sentir perdidos. A veces nuestra misma “casa” termina siendo la búsqueda en sí.


“Ser humano es esta búsqueda inevitable en la que necesitamos encontrar algo nuevo para siempre estar en movimiento, y creo que nunca estamos 100% conformes. También creo que existimos personas que nacemos perdidas, y creo que este canto es para ellos, para nosotros… es una celebración para saber que está bien no sentirse bien todo el tiempo, y en algún momento eso nos hace sentir perdidos.”


Parece que siempre estamos buscando algo más… y el ermitaño es ermitaño porque no encuentra su lugar, porque ha estado fuera de él mismo, perdido o sin ser encontrado. Es algo muy real cuando piensas en que, todos, de alguna forma, estamos así…

Y siento también que, ya en la narrativa del disco en sí, es algo más universal. Esa canción es este personaje siendo anciano y despidiéndose de la vida, ahí agradece al agua que le quitó la sed, agradece que tuvo oportunidad de salir de esa urbe sucia que le molestaba, que pudo ver campos plenos florecer y que encontró cierta paz en el aislamiento al vivir una vida distinta, en un ambiente más pacifico, más alejado de la ciudad, de lo industrial. Es una manera de decir adiós, de alcanzar cierta paz, y que se conecta con las enseñanzas del abuelo en la primera canción.

Y “Sosiego” creo que es el cierre perfecto; Es una canción mántrica, hay muchos susurros vocales -como caricias- es una forma de cerrar muy suave pero también muy sublime. En esta canción creo que encierran esta gran inquietud electrónica ya tenían creando en todo el disco…

La letra en sí no dice mucho, pero trata de terminarlo todo. Es una canción en donde la música también te dicta cómo puedes sentirte, como un poco este renacer en muchos sentidos: este personaje se va, se lo lleva el viento, encontró la paz, y creo que la parte jazzera de en medio es como una figura de funeral, luego este renacer que sube en crescendo con las cuerdas y este loop de voces que hacen una armonía. Para mí es como otro nacer, un inicio y fin al mismo tiempo. Se conecta también musicalmente con “El Abuelo”, es la misma progresión, pero la intención es muy distinta. Esto fue para darle al disco una forma cíclica, que fuera un álbum circular.

Este es un material que habla de lo que sucede en la actualidad, de lo que nos pasa todos los días, de lo que nos afecta, del verdadero peso del mundo, pero también, al final, es un disco para cuidarse, para estar bien mutuamente, para cuidarnos entre nosotros y a uno mismo; es un respiro para decir que importamos, que debemos importarnos…

Sí, sí… siento que es un disco que a lo mejor no conecta de inmediato con todos, pero siento que, o espero, que envejecerá bien. Quiero que la gente lo encuentre en un momento adecuado, sea cual sea. Siento que es un disco que le da mucha validez al individuo y trata de recordarle o advertirle lo que implica irte al lado oscuro, lo que implica realmente estar en esos puntos de sensibilidad, en esa fantasía de poder, y el lugar al que te lleva. Hay muchas cosas para interpretar libremente también, pero sí es un disco que creo que debe perdurar.


El nuevo disco de Vaya Futuro, El Peso del Mundo, está disponible a través del sello, Devil In The Woods, en formato físico y digital.