Aprender a escuchar en medio de los silencios, apropiarse de todos los recursos y utilizarlos para construir monumentos capaces de acoger la paz y el sosiego, pero también la incertidumbre y la revelación, es parte de todo lo que hay detrás de ‘Entre el clamor a coro de las estrellas del alba‘, segundo material de Gaspar Peralta, el tijuanense que regresa a la CDMX para presentarse por segunda vez en MUTEK.

Formar parte del roster de Static Discos y tener en puerta una nueva presentación en MUTEK confirman a Gaspar Peralta como uno de los músicos más interesantes de la escena electrónica-experimental en el país. Su papel como alquimista sonoro se ve reflejado en piezas completas en las que plasma su formación como músico clásico con las bondades de la improvisación, dibujando paisajes cuya interpretación siempre queda abierta.

Así pues, a unos días de su segunda visita en el año a la capital de país, platicamos con Gaspar sobre su más reciente disco y los procesos de creación detrás de su obra, del papel de la improvisación en la música experimental y cómo las circunstancias pueden transformarla.

¿Cuál es la forma en la que un proyecto tan íntimo como la música de Gaspara Peralta vive y crece en un mundo tan rápido e inmenso como el internet?

Es toda una apuesta que incluye el hecho de crear no sólo por estar presente o para que te consuman, y a veces arriesgarte a guardar silencio. Es muy importante aprender a no hablar con la música y esperar a que se manifieste algo valioso. En mi caso, me tardé casi dos años en publicar un nuevo material, pero esa espera me ayudó a valorar el silencio.

Hace un par de meses lanzaste ‘Entre el clamor a coro de las estrellas del alba’, tu segundo material, ¿Cómo definirías el sonido y concepto de este nuevo disco?

Creo que el título es muy claro, pero desde que me animé a hacer música he querido que el escucha se siente y confíe en la obra, más que en lo que yo pueda decir sobre ella, porque al final la música se emancipa un poco del artista y se convierte en un nuevo lugar. Quiero que el escucha tenga libertad y él defina qué es lo que está escuchando, y aunque el título te sugiera qué estás escuchando, al final estás sentado en medio, Entre el clamor a coro de las estrellas del alba. Personalmente y por el timbre del disco, yo veo ruinas, veo un desierto y estructuras, pero al final ustedes son los que deciden qué hay en el disco.

Este disco es una obra completa dividida en ocho movimientos; al final pensé en cómo dividirla para que fuera congruente y al terminar el disco, si lo escuchas de principio a fin, te encuentras con esa revelación que te dice que la música puede existir en un loop permanente.

¿Qué diferencias encuentras entre este disco y ‘Prontuario Sosiego Miríada’, el Ep anterior?

Creo que son diferentes en todo. Cuando salió el Ep me llevé una gran sorpresa sobre el recibimiento que tuvo porque prácticamente lo había grabado para mí. La influencia de ese material estaba en mis traslados de Ensenada a Tijuana; el disco gira en torno a la bruma que se veía en la carretera, se trató sobre el sosiego y la paz, era una especie de resguardo. En cambio este nuevo disco lo empecé a componer cuando vivía en Tijuana; Tijuana me arrojó otras cosas, lo consideraría más violento, a diferencia del Ep donde había tres piezas acústicas y tres electrónicas.

Sin duda el lugar donde compuse ambos materiales influyó mucho en lo que son, pero también influyó la estructura, uno es corto y el otro largo, uno lo hice con cello y sintetizador y este último con un cuarteto de cuerdas, guitarras, muchos sintetizadores, piano… un montón de instrumentos y con una intención completamente diferente.

Ya que mencionas los silencios y saber esperar para componer, mucha de tu música transcurre como una especie de plano secuencia, algo propio del cine. ¿Cómo se nutre tu música de otros medios para poder ser?

Empecé a hacer música a partir de algo que ví en el cine y me impactó. En específico para este disco, me inspiré en El Arca Rusa, de Aleksandr Sokúrov. La película está ambientada antes de la Primera Guerra Mundial y lo que me inspiró fue cómo está estructurada, pues está grabada sin pausas. Si bien dentro de esa secuencia se da el tiempo para que la película respire, esa secuencia me impresionó y quise llevarlo a mi obra, de eso se trata este último disco.

Foto: Isa Camarillo

¿Qué tan difícil fue llevar esa inspiración propia del cine hacia tu música?

Se trató de tomar prestada la estructura de la película de Aleksandr Sokúrov; al final de la película ocurre una especie de revelación, todo el hermitage ruso es una arca en realidad y afuera está el mar, no te lo imaginas, pero ahí está. Eso quise llevarlo a la música; lo que sucede con el disco es que debe escucharse como una obra completa, que si bien está dividida en tracks, está pensada como una sinfonía con guitarras, con cuarteto de cuerdas y otros instrumentos.

Este disco es una obra completa dividida en ocho movimientos; al final pensé en cómo dividirla para que fuera congruente y al terminar el disco, si lo escuchas de principio a fin, te encuentras con esa revelación que te dice que la música puede existir en un loop permanente.

¿Es el cine tu única fuente de inspiración al momento de crear?

Si bien el plano secuencia es una influencia muy importante en este material, el nombre del disco está sacando del libro de Job, un profeta del antiguo testamento en la Biblia. Siempre me ha interesado mucho eso, no tanto de forma religiosa sino en la forma en la que creemos o no creemos, en nuestra postura ante la existencia de Dios.

En este disco también hay una influencia de Walter Benjamin, un filósofo de la escuela de Frankfurt que tiene una teoría interesante sobre la metáfora y no tomar las cosas literales, en este caso es ver desde un punto de vista distinto un pasaje bíblico. Al leer el pasaje bíblico, se te quita el prejuicio de la religiosidad, el pasaje es muy bello y creo que esa es otra influencia adicional al cine o la literatura.

Personalmente y por el timbre del disco, yo veo ruinas, veo un desierto y estructuras, pero al final ustedes son los que deciden qué hay en el disco.

Remitiéndonos a las influencias y todo lo que te pudo haber inducido a hacer música, ¿cuál fue el punto de quiebre para que hoy Gaspar Peralta esté haciendo esto?

Creo que es un proceso muy largo en el que poco a poco vas tomando conciencia de un montón de influencias que siempre han estado presentes. Yo creo que el primer punto de quiebre estuvo en el hecho de decidir estudiar música de manera formal.

Estudié una licenciatura en piano e interpretación en la Universidad Autónoma de Baja California. De hecho yo estaba en otra carrera cuando tuve un acercamiento con el director de la orquesta de Baja California. Casi siempre supe que quería estudiar música, vengo de una familia de músicos pero aún así fue difícil tomar la decisión. A partir de ese momento comencé a estudiar siempre música, música clásica.

¿De qué forma combinas tu formación como músico clásico con la música electrónica y experimental?

De varias formas, si bien este disco es casi 100% electrónico, hay una pieza que es para cuarteto de cuerdas y piano, a diferencia del resto que está hecho bajo improvisación y cellos, esta pieza está completamente escrita. Toco mucho la música de Bach, Schubert y Beethoven, y al final mis manos tienen memoria musical y aunque a veces no quiera, de tanto estar practicando esa música, mis manos o mi intuición van por ahí al momento de tocar los sintetizadores. Pero además de la influencia musical, está la estructuración que le doy a la obra.

Foto: Isa Camarillo

Creo que para poder crear debes quitarte la idea de forzosamente querer hacer algo nuevo, es necesario ir madurando de a poco y ya te darás cuenta si se está gestando algo interesante o no. Depende mucho de los parámetros bajo los que se haga la música…

 

Muchos dicen que es muy difícil hacer música nueva, que todo es parte de algo que ya existe. ¿Coincides con esta idea?

Creo que para poder crear debes quitarte la idea de forzosamente querer hacer algo nuevo, es necesario ir madurando de a poco y ya te darás cuenta si se está gestando algo interesante o no. Depende mucho de los parámetros bajo los que se haga la música, muchos compositores en México hacen música a partir de notación experimental y su enfoque es muy tímbrico.

Dentro de mi obra, la parte electrónica la hago bajo un perímetro de tonalidad, pero creo que se puede hacer experimentación tímbrica muy fuerte dentro del perímetro tonal, que es tomar conceptos de la música polifónica. Otros autores que me gustan mucho son los de la polifonía francoflamenca, son cosas que poco a poco he incorporado, que es tener distintas voces o líneas melódicas y no obligarme a hacerlo como se hacía en el renacimiento y ahora hacerlo con medios electrónicos. Creo que pensar en crear algo nuevo debe quitarse de la mente porque es aspirar a algo gigantesco y que puede ser abrumador para el artista.

Estás a unos días de tocar en Mutek por segunda vez, pero también has tocado en sitios más íntimos. Por ejemplo, la última vez en CDMX tuviste una fecha en 316. ¿Cómo te enfrentas a escenarios tan distintos?

Creo que me adapto al espacio, dejo que el lugar y las circunstancias me digan cómo va a funcionar el acto, por eso me gusta hacer un set improvisado y que se adapte al espacio. En Mutek fue una experiencia de aprendizaje, es un espacio con mucha gente y cierta proyección en el que, si bien no sabía que iba a suceder, me ayudó a asimilar e incorporar las circunstancias hacía la obra.

¿Qué fue lo más importante que te dejó esa primera experiencia en Mutek?

No me lo había cuestionado, pero creo que va un poco hacia lo mismo, a aprender a respirar con el escenario, aprender a escucharte y escuchar lo que te está sugiriendo el espacio.