El deseo de ser siempre Nrmal: Un festival magnético, explosivo y demencial… esta fue su elevada edición 2020

La onceava edición del festival Nrmal llegó a la Ciudad de México con una enorme y entrañable bandera de lo que significa la verdadera independencia musical en el país. Entre la explosiva destrucción de los capitalinos de Belafonte Sensacional hasta el magnetismo de Juana Molina,esta fue nuestra cobertura.

Texto: Aldo Llorens / Fotos: Isa Camarillo

Organizar nunca es sencillo. Requiere tiempo, dedicación y también visión. Con el tiempo uno se va haciendo mejor y al cabo de un rato, la tarea se hace más sencilla. La fórmula aplica a casi cualquier cosa de la vida: tu closet, los cajones de tu oficina, tu auto, una boda, todo. Organizar un festival sigue el mismo procedimiento, aunque hay elementos que no siempre están en tus manos… a diferencia de organizar tu escritorio, claro: Hay marcas, una masa homogénea de asistentes, dinero, artistas, managers y mucha gente encargada de la producción. Si algo falla, los demás parecen caer como efecto dominó. Y claro, es fácil dar una opinión cuando el escenario no es tan claro. Pero olvidé decir algo: organizar también requiere deseo… mucho. Y el deseo nunca ha faltado en Nrmal.

Después del revolcón anímico-social por la cancelación de Flying Lotus, no nos pasó por la cabeza en ningún momento faltar a Nrmal, porque con el paso de los años nos ha demostrado saber ser organizado, cálido y propositivo.

La tarde del sábado el festival nos recibió con un aire extraño, un luto anímico en cierto sentido. No hubo entrada de colores y lo primero que percibimos fue la ausencia –ya conocida– del escenario ubicado a la entrada del Deportivo Lomas Altas. 

– Nos reencontraremos en 2021, no solo porque nos encanta la vibra que despierta, sino porque su existencia es necesaria en un mar repleto de barcos dirigidos por el mismo capitán –

Al paso de unos minutos nos encanchamos en el escenario principal para presenciar a Jackie Mendoza, que con su ukelele endiablado fue la encargada de abrir las puertas a las mujeres en uno de los festivales con mayor representación del género en nuestro país. Las atmósferas galácticas y melancolía pura de Jackie dieron paso a Belafonte Sensacional.

Bien sabemos que Belafonte, con el paso de los años, se ha convertido en uno de los proyectos más respetados y sólidos del país y eso quedó demostrado el fin de semana. Sus bajones de energía, a mi percepción, no fueron impedimento para disfrutar de su fresca propuesta sonora que fue dando la bienvenida a más gente al inmueble, que también parecía estarse adaptado a una nueva realidad. El deseo de bailar, disfrutar y escuchar ya había invadido a los presentes, y que se reencontraron con el factor descubrimiento siempre presente en el evento.

Belafonte Sensacional

Mateo Kingman dejó caer los beats tropicales y nos teletransportó hasta la espesa selva ecuatoriana. La miscelánea sonora siguió con Wand, que con su pop psicodélico dio la bienvenida al atardecer. 

Los últimos rayos duros de sol nos trajeron a Bea1991 al estrado. Luego de un juego visualmente encantador, nos dejamos ir con ella en su música y constantes agradecimientos a los asistentes y a su compañera de proyecto. Le siguió un bloque lleno de nostalgia con The Sea And Cake y Bush Tetras, ambos muy esperados por el público no solo por su larga espera, sino por su intachable calidad, sofisticación y electricidad sobre la tarima. Por un buen rato todos nos sentimos en el mítico CBGB, ¿o no?

Mateo Kingman

El nuevo acto central desembarcó desde Argentina: Juana Molina arrancó el embrujo con “Un Día Punk” para así conducirnos por un camino hipnotizante donde escuchamos un atinado recorrido por varias de sus producciones. “Eras“, “Sin Dones“, “Paraguaya” y “Bicho Auto” fueron solo algunas de las 12 piezas que escuchamos ya con algunas cervezas sobre el ser. Para entonces todos estábamos ya bajo el mismo hechizo. Juana, junto con Odin Schwartz y Pablo González, nos soltaron una marejada de sonidos minimalistas y letras encantadoras, pero al mismo tiempo complejas, y que sin duda estuvieron al nivel de un headliner. 

El deseo de Nrmal por seguir siendo una propuesta sonora diferente sigue intacto. Nos reencontraremos en 2021, no solo porque nos encanta la vibra que despierta, sino porque su existencia es necesaria en un mar repleto de barcos dirigidos por el mismo capitán.

Larga vida a Nrmal, larga vida a esta sed de música nueva.